lunes, 30 de mayo de 2005

Y punto

Antes de que esto se convierta en un foro de discusión friki sobre los (abundantes) defectos y (discutibles) virtudes de las pelis de Star Wars, voy a hacer un intento de maniobra de distracción con la excusa de que hace bastante tiempo que no escribo nada aquí. Y es que yo tampoco me cuento entre los fans de las trilogías (o sixlogías o lo que sean), pese a que mi memoria sigue repitiéndome que el episodio IV molaba un montón. Igual lo reviso un día de estos.
Pero bueno, olvidemos del todo el tema de las galaxias. Es de noche y acabo de cenar tras llegar de pasar una agradable tarde en la playa con los amigos... algunos de los cuales son lectores habituales, asi que un saludo... y ha estado muy bien, aunque aún no puedo bañarme. Por fortuna, parece que el agua estaba helada asi que no me he perdido gran cosa. El día 13 (lunes, gracias a Dios) tengo cita con el oculista, que (espero) me dirá que ya tengo los ojos perfectamente y podré dejar de tener cuidado que no se me meta nada en ellos. Y podré volver a ducharme en lugar de bañarme, que es mucho más rápido y práctico... aunque a veces un buen baño relajante sienta bien. De hecho, en breves instantes pienso darme uno.
Además no me quiero liar mucho aquí porque mañana madrugo, en contra de lo que viene siendo habitual últimamente. A las 9 tengo un examen de francés en la escuela de idiomas. Lo más difícil será levantarme, supongo. Al salir me pondré a hacer el trabajo pendiente que tengo de la asignatura de Marketing Bancario. Estos días estuve leyendo unos libros de marketing y ya me siento lo suficientemente inspirado como para acabarlo de una vez. Por eso y porque se supone que tengo que mandárselo al profesor ya mismo, claro. Yo siempre he dado un buen rendimiento bajo presión, asi que espero que vaya todo bien.
Y nada, me voy a pegar el baño ese que cada minuto aquí es un minuto menos que duermo. Dormirrrr, dormirrr, dormir dormir dormirrrrrrrrrr (algún día King Africa hará una canción así).

sábado, 21 de mayo de 2005

Zarandajas de las galaxias




Pues sí­, esta mañana he ido a ver el famoso Episodio III. Ya sé que gastar una de las 4 o 5 veces que voy al cine al año en ver una peli de Star Wars es un gran desperdicio, pero seamos francos: el 90% de las pelis que hay en el cine son una porquería de todos modos. Por lo menos, ver una que resulte más bonita en pantalla grande.

Y además, no me ha disgustado. Quiero decir, yo me esperaba una basura en plan episodio II (el episodio I es demasiado malo incluso comparándolo con otras pelis muy malas), pero resulta que no me he aburrido y no he visto ninguna cosa estúpida o que me revolviera las tripas del asco. Sólo por eso, yo ya me doy por satisfecho. No es un gran mérito, claro, porque ya estaba todo listo. Si uno ha visto la trilogí­a original y sabe de qué va el tema en las otras dos, ya sabe todo lo que pasa en el episodio 3. Todo. No hay giro argumental, ni sorpresa, ni (desde luego) brillantes interpretaciones, sólo guiños a los fans y un transcurso apacible de los acontecimientos. No hacen hincapié en nada, ni siquiera en el tan esperado paso al lado oscuro de Darth Vader. Ocurre como si tal cosa. El malo es malo, el prota es tonto, la chica está pa adornar, los trozos de relleno rellenan (y son muchos), y ya... lo de siempre, vaya. Cualquiera hubiera podido escribir ese guión en 10 minutos, estaba todo hecho. Ni siquiera se mataron mucho en anudar todos los lazos de cara al episodio IV, hicieron el mí­nimo imprescindible y correcto. Fue como poner la última pieza de un puzzle. Te quedas a gusto, pero no tiene ningún mérito.

Asi que la mejor de las tres nuevas, con mucho, y probablemente comparable a los episodios IV y V (tendría que revisarlas, no las veo desde hace aaaños). Es curioso que dos de las partes más molonas sean esas en las que los malos "triunfan". Que les den a los finales felices. El Imperio Mola. Aunque me da un poco de pena que Darth Vader, todo un personaje con un carisma incuestionable, tenga su origen en un tontolaba como el Anaykin ese, pero en fin. Para mí­ siempre será ese tí­o que estrangula telekinéticamente a sus subordinados. Dales duro, Darth!

lunes, 16 de mayo de 2005

Testimonio de un ex-miope

Testimonio de un ex-miope

Pues sí, esta simpática foto sirve para ilustrar lo que es la operación en sí. Supongo que se corresponde con el momento en que a uno le cortan una capa de la parte superficial del ojo (el cristalino, creo que era) y la apartan para darle a lo que hay por debajo con el láser. Pero no adelantemos acontecimientos: antes de eso pasan un montón de cosas divertidas. O no.

Lo primero que pasa, nada más llegar a la clínica, es que tienes que esperar. Tienes que esperar mucho. Es fastidioso, pero es fácil. A lo largo de unas dos horas de espera, a uno le hacen fotos y pruebas. Algunas son las típicas de mirar por una máquina mientras unas luces se encenden y se apagan; las conoceréis fijo si habéis ido al oculista alguna vez. Yo no sé qué pueden sacar en limpio de eso, la verdad. Igual lo hacen sólo pa que uno no tenga la sensación de que ha tirado el dinero; así puedes imaginar que has estado pagando por disfrutar de modernos artefactos de tecnología punta. Probablemente les sirva igual con un caleidoscopio de cartón, pero como es más cutre, pues queda como feo. Asi que nada, máquinas grandotas y luces y todo muy chachi.

Cosas reseñables que ocurrieron durante esas eternas horas de espera son básicamnente dos. Para empezar, me dieron un valium para que se relajara el ojo. Yo no sé si se relajaría, pero luego yo me quedé algo más tranqui, asi que bien. Eso fue justo antes de que me sacaran unas fotos de los ojos en lo que fue mi primer contacto con la mesa de operaciones. Una mesa muy curiosa, con unos cacharros fijos montados en la cabecera. Esos cacharros incluían láser, cámara de fotos y Dios sabe qué más, pero lo que me llamó la atención era que lo que se movía no eran ellos, sino la mesa. Tú estás ahí tumbado con la cabeza debajo de una maquinaria de ciencia ficción y unas luces tremendas deslumbrándote (imaginaos el flash de una cámara pero contínuo, todo el rato y a un palmo de tu ojo) y si no te pilla bien el encuadre, en lugar de mover la cámara se mueve toda la mesa para recolocarte. Con todo, me ha quedado la curiosidad de ver cómo han salido las fotos, porque con el cacho de cámara esa se te tiene que ver hasta el encéfalo.

Después de esto vuelves a la sala de espera, hasta que llega la segunda cosa llamativa. Se parece a cuando estás en el oculista y el muy cabrón te hace mirar pa los lados mientras te apunta con un foco en todo el ojo. De hecho es exactamente lo mismo, sólo que aquí además la amable señorita te pinta movidillas en el ojo con un rotulador. Luego, en la sala de espera (cómo no) me miré en un espejo y, efectivamente, tenía unas rayas azules pintadas. Siempre había pensado que si alguna vez iba a llevar los ojos pintados sería en carnaval y por el lado de fuera, pero la vida te da sorpresas. Ah, no os horroricéis, no molesta nada. Antes te ponen unas gotas de anestesia.

Después de mucha espera, llega el momento estelar de entrar en el quirófano. Naturalmente, le visten a uno para la ocasión con uno de esos ridículos gorros verdes de plástico y patucos y bata a juego. Fue en ese instante, con los ojos borrosos por las gotas, cuando pude ver pasar fugazmente, por primera y única vez en la vida, al doctor que iba a llevar a cabo la operación. La mano que mueve el joystick, vaya. Un tipo grandote y rellenito que va a SU clínica a operar y luego se pìra, por lo que puedo deducir de mis visitas a su consulta durante el último mes. Para el resto de las cosas ya tiene a sus empleados. Todo un campeón, vamos; ojalá yo llegue a parecerme en eso a él algún día. Y además de momento me ha dejado de puta madre, asi que hurra por él.

Y llega la operación. Se tumba uno en la mesa, ya conocida, y lo vuelven a colocar debajo de todo el armatoste. Le tapan un ojo con algo similar a una servilleta de papel mientras le abren el otro y le sujetan los párpados con algo parecido a esparadrapo o una tirita o algo. Nada de ganchos ni rollos en plan Naranja Mecánica... que yo haya notado, al menos. Ahora que me fijo en la foto, pienso que igual no se corresponde con la operación que me hicieron a mí, pero ahora paso de buscar otra por internet y dejo esa. En fin, a lo que íbamos: empiezan a hacerte cosas. Es en este momento cuando los efectos del valium se desvanecen por completo, porque a mí me pone nervioso que me echen cosas al ojo abierto y me toquen en él con algo que podría ser un lápiz hi-tech. O un bisturí con cepillo en vez de filo o qué se yo. Evidentemente no podía enfocar la vista pa mirarlo, porque me hubiera movido y eso hubiera sido un cristo terrible, supongo. Todo el tiempo lo tienen a uno mirando una luz roja parpadeante que está más o menos en el centro del campo de visión, asi que todo lo demás se ve sólo de refilón. Te echan un montón de suero en el ojo, que se derrama por el lado de tu cara, siguen haciendo quién sabe qué con el instrumento parecido a un lápiz, y si se te va el ojo instintivamente pa un lado o para arriba te dicen "busca la luz! busca la luz!" como si estuvieras muerto y tuvieras que encontrar tu camino a través del túnel. Mientras todo esto ocurre, se oyen zumbidos y ruiditos interesantes que salen de las máquinas. Una de ellas incluso hablaba, iba diciendo cosas en inglés con esa voz aséptica que les ponen a las máquinas. Ya sabéis, algo en plan "introduzca códogo de acceso" o "cuenta atrás para autodestrucción activada". Y también veía de reojo a las enfermeras yendo y viniendo y diciendo cosas en plan Urgencias: "nosequémovida 70" y "nosequémovida 75". La parte más emocionante es cuando ves descender hasta tu ojo una especie de anillo cubierto con algo transparente. El anillo ese se te coloca alrededor del ojo y notas cómo empieza a apretar. Lo que ocurre entonces es que se te apaga el ojo, por decirlo de alguna forma. Tu campo de visión empieza a reducirse desde fuera hacia adentro, de modo que ves un círculo que se va haciendo más y más pequeño hasta que finalmente no ves nada de nada. Es muy raro que pase esto mientras tú tienes el ojo abierto, pero de alguna manera casi es un alivio. Tampoco sé qué es exactamente lo que hace que eso ocurra, y no estoy seguro de querer saberlo. Lo que sí sé es que ese anillo es el aparato que te hace el corte en cristalino, porque en el otro ojo noté como unas cosquillitas muy rápidas en forma de círculo allí donde iba cortando, y cuando ya no lo tienes y recuperas la visión, lo primero que ves es cómo te quitan algo transparente y blando del ojo, y entonces ves... diferente. Menos nítido, menos enfocado, más... más grande? No sé, era algo raro. Debe de ser en este punto donde empiezan con el láser, pero ya no vi nada más llamativo, sólo la luz roja parpadeando y todo el resto. La mesa se iba moviendo poco a poco en pequeños saltos. Al cabo de un rato, te vuelven a poner el trozo de cristalino en su sitio, y vuelves a apreciar una sensible diferencia en la visión. Más chorros de suero y el lápiz-cepillo te pasa por encima, imagino que para asegurarse de que el colgajo de cristalino queda bien liso y en su sitio. Aquí se acaba todo y ya sólo queda esperar a que cicatrice de nuevo. Entonces se repite el proceso para el otro ojo. Y ya está. Cuando bajas de la mesa de operaciones se ve todo muy borroso, pero a través de la neblina ya podía adivinar una cierta mejora. Eso en los instantes en que podía tener los ojos abiertos, porque la luz (cualquier luz!) me deslumbraba terriblemente. Luego me llevaron a una sala de espera a oscuras, antes de que me hicieran una pequeña revisión post-operatoria en la que no veía gran cosa por culpa de la luz. Salí de la clínica con gafas de sol y los ojos cerrados, pero a pesar de todo quedé totalmente deslumbrado por la luz del día. No sabía dónde meterme, era horrible. Como dijo el señor Burns, "desde siempre, el hombre ha deseado destruír el sol", y en aquel momento yo estaba totalmente de acuerdo. Ese día me acosté muy temprano porque, claro, no podía hacer nada con los ojos cerrados. Me puse el Adore en la cama y me quedé frito en algún momento después de Pug.

Y así fueron las cosas ese día. Próximamente, más.

sábado, 14 de mayo de 2005

Poco a poco...

Poco a poco, ya voy volviendo a leer. La operación parece haber ido perfectamente. Veo genial, pero la vista todavía se me cansa mucho. Y todavía tengo que tener una serie de incómodas precauciones... pero veo tremendamente bien y todo es mucho menos molesto de lo que esperaba. En cuanto pueda, empezaré a desperdiciar mi nueva y magnífica visión perdiendo el tiempo por internet y actualizando esto con una maravillosa historia sobre lo que uno siente cuando le rajan el ojo y se lo queman con un láser hasta que se evapora. Próximamente aquí, en Por Encima del Bien y del Mal. Saludos.

martes, 10 de mayo de 2005

Suyo es el reino, el kalashnikov y la gloria

Suyo es el reino, el kalashnikov y la gloria

Seguro que muchos habréis recibido el correo de nuestro querido Gaspar con esta foto y alguna que otra más. A mí me ha dejado flipado, la verdad. Jamás hubiera pensado que a alguien le daría el punto de comercializar un muñeco de acción de Dios. La sola idea es, como mínimo, chocante. Probablemente incluso sea blasfema. Tan blasfema como la "Jesus Christ Superstore" donde se vende (o eso dedzco de la etiqueta y el logo).

Lo primero que me llama la atención del muñeco es ese tremendo AK-47 que lleva. Hace que uno se pregunte varias cosas. Lo más evidente es: ¿Qué hace Dios con un kalashnikov? ¿Para qué lo necesita? ¿Acaso es una estratagema de la Asociación del Rifle para justificar el uso de armas? Y, ¿por qué un AK-47? Prácticamente, le dan al kalashnikov atributos divinos. Parece que es el arma de asalto más popular del mundo. Yo creía que era porque tiene la mejor relación calidad-precio del mercado, pero resulta que es una cuestión de perfección mística; el señor Kalashnikov debió de tener una epifanía cuando diseñó el cacharro. ¿Sería cristiano el camarada Kalashnikov? Lo dudo. Por tanto, se deduce fácilmente que Dios Todopoderoso (o al menos el muñeco), no se toma demasiado en serio el credo de la gente a la hora de concederles Sus dones. Deberían aprender de él los líderes de las Iglesias del mundo. Sin embargo, parece que en lugar de en eso, la mayor parte de ellos se fijan en la autorización tácita a la guerra y la violencia que se desprende del muñeco, incluso cuando éstas son contrarias a su propia doctrina... en teoría.

Algo que pasa un poco más desapercibido pero no es menos espectacular, es que Dios viene vestido con una Capa de Invulnerabilidad. Una vez más, podríamos preguntarnos para qué la necesita. ¿La ha fabricado Él? ¿Para qué? ¿No sería mejor un anillo, un zapato, un aura, o sencillamente su propia piel? Sería más cómodo, claro, pero menos molón. La verdad es que la capa esa farda un huevo. Dios también tiene derecho a ser chulo y narcisista. Por otra parte, si necesita un AK-47 para enfrentarse con sus enemigos, seguro que no le viene mal la capa de invulnerabilidad.

Lo que nos lleva al tema de sus enemigos. Un muñeco de acción es para jugar con él a enfrentarlo a otros muñecos, por supuesto. Asi que me pregunto si habrán sacado muñeco de Satán. Sería lo propio, pero no lo he visto por ningún sitio. Me extraña, porque contra alguien tendrá que usar Dios su rifle, digo yo. O quizá sería buena idea hacer muñecos de dioses de otras religiones. Alá con una Uzi o un Buda artista marcial serían bastante molones también. Y serviría para que los más jóvenes se acercaran a los sanos conceptos de bondad y perfeccionismo interior que enseñan (aparentemente) sus respectivas iglesias. Pero eso sí, que luego no le echen la culpa al rol o a los videojuegos cuando uno agarre una escopeta y empiece a cargarse gente.

lunes, 9 de mayo de 2005

Pasando el rato

Todavía no me he convertido en un Alberto cualquiera, asi que no penséis que ya he perdido el interés en esto. Inexplicablemente, en los últimos días no he tenido oportunidad de escribir nada aquí con tranquilidad (en una ocasión estaba en ello pero tuve que dejarlo por circunstancias ajenas a mi voluntad). "Entonces genial", pensaréis, "porque si no ha tenido tiempo es que ha tenido ocupaciones absorventes y apasionantes". Pues no. Supongo que los escépticos ya se habrán dado cuenta de que hablaba en serio cuando dije que no debíais esperar ver nada interesante aquí.
Ahora estoy haciendo un trabajo para la clase de Marketing Bancario. Espero que no me lleve mucho tiempo (ni esfuerzo!). Querría terminarlo antes de tostarme los ojos, aunque parece ser que hacerlo no me impedirá seguir normalmente con mis movidas. Aclaro, para los que no lo sepan ya, que este jueves voy a someterme a la famosa operación para corregir la miopía a base de láser. Dicen que es una operación fácil, asi que no creo que haya fallo. Como quien graba un cd, vamos. Claro que a veces se te jode un cd. Y por ese motivo le hacen firmar a uno un simpático papelito llamado "consentimiento informado". Viene a ser una declaración en la que te explican de qué va el tema, te informan de que normalmente no hay ningún problema, y te avisan de que en un 1% de los casos sí puede haberlo. Y asumes que si te toca a tí, te jodes. Las consecuencias de esos problemas no son nada divertidas, pero prefiero no pensar en ellas. Al fin y al cabo es un 1%, malo será... aunque por otra parte, como cualquier jugador de rol, he visto varias situaciones en las que se dieron acontecimientos que tenían una probablidad de ocurrir de 1%. Pero como soy una persona positiva, no me como el tarro. Ya os contaré cómo acaba el tema.

martes, 3 de mayo de 2005

Lo que faltaba

Después de pasarme mi buena media hora escribiendo una anotación aquí, resulta que por algún motivo se ha extraviado en el cielo digital de los mensajes perdidos. Siempre suelo hacer una copia de los mensajes largos por si acaso pasa algo como esto, pero, mira qué causalidad, justamente en esta ocasión cuadró que no. ¿Es que ya no puede uno siquiera usar su propio blog para quejarse tranquilo de las cosas? ¿Tiene que fallar todo en el momento más inoportuno? No hay derecho. Pues me tendréis que perdonar, pero es que paso de reescribirlo todo. Ahora no me apetece volver a contarlo. Y aunque el mero hecho de escribir toda la movida ha servido para desahogarme y quedarme a gusto, resulta frustrante que eso que he hecho se haya perdido para siempre, que nadie pueda nunca leerlo y solidarizarse conmigo (o no). Lo que te dan por un lado te lo quitan por otro. Es la vida.