miércoles, 31 de agosto de 2005

El disco del año (probablemente)


Ayer me he bajado “Takk…”, el nuevo disco de Sigur Rós. Siempre me han gustado estos tíos, y desde que a finales del año pasado supe que el grupo pensaba sacar un álbum nuevo en 2005 he estado esperándolo. Con tranquilidad, sin ansia y sin fanatismo. Ayer me enteré de que llevaba un tiempo rulando por ahí, a pesar de que no sale a la venta hasta mediados de septiembre. Lo busqué en el soulseek, y encontré a un fulano que lo tenía. Ese fulano además debe de tener una conexión no ya por cable, sino por tubería, porque el disco se descargó en un santiamén a unos 90 kbps de media. Lo grabé en un cd y me puse a escucharlo antes de dormir.

Pues bien, Takk… es maravilloso. La música de Sigur Rós está hecha de magia y sueños, de anhelos y de esperanza. Lo mejor del ser humano se retrata en sonido con Takk…, en crescendos de vértigo que te llevan hasta el cielo sobre un lecho de melodías que son, sencillamente, hermosas. Cuesta creer que el mundo en el que suenan estas canciones es el mismo mundo en el que ocurren tantas desgracias sin que a (casi) nadie le importe. Sin embargo así es. Este disco es un gran regalo, un deleite, un privilegio, una de las cosas buenas de la vida, algo que hace que merezca la pena estar aquí. Supongo que es una exageración, pero es que suena mientras escribo esto y cualquier cosa que diga no parece suficiente. Con una belleza delicada y fascinante, en la línea de sus anteriores trabajos, los también excelentes Agaetis Byrjun y (), Sigur Rós logran con Takk… una obra inmortal y sobrecogedora, gloriosa en cada nota; una celebración de la vida y de la música.
Por cierto, por si había alguna duda, pienso comprarme el disco, como me compré los anteriores. Que sigan hablando mal de la piratería...

martes, 23 de agosto de 2005

Nazis ocultos


No sé si fue porque les ha caducado la página o si fue directamente por vergüenza, pero el caso es que el link que enlaza con la web de los nazis locos ya no funciona, para desgracia de todo aquel que quisiera maravillarse visitando sus bizarros contenidos. Toda una pérdida. De todos modos voy a dejar puesto el link una temporadita por si se les ocurre volver, y quizá explicarnos el por qué de su (esperemos) momentánea desaparición. Quizá nos dirán que las verdades allí expuestas resultaban demasiado incómodas para la Sinarquía de los secretos gobernantes nazis del mundo, o más probablemente para los depravados gobiernos del mundo occidental. Ojalá este burdo intento de silenciar su mensaje, de advertirnos de que Hitler sigue (literalmente!) vivo y reside tranquilamente en su fortaleza secreta de la antártida, sea superado por la audacia de estos nuevos eruditos seguidores del imperio ese de los mil años, que saben muy bien que esto no es más que otro capítulo en la campaña de desinformación de los autoprocalmados ganadores de la gran guerra. Un día, cuando esté del todo perfeccionada la tecnología de sus propulsores antigravitatorios, los ovnis nazis se alzarán en enjambres de sus bases secretas de la luna y nos liberarán del yugo imperialista judaico que pesa sobre nuestros hombros convirtiendo el mundo en una nueva Sodoma. O algo así.

En fin, que es una pena, porque leer esa página eran unas risas. Ojalá vuelva pronto.

sábado, 20 de agosto de 2005

Cuestión de Ser

Probablemente muchos sepáis que yo antes escribía cuentos en mis ratos libres. "Mis ratos libres" solía significar "cuando estaba en clase pasando del tema", aunque en alguna ocasión sí que lo hice en casa con verdadera voluntad y ganas, no por matar el tiempo en una clase aburrida. Dejé de hacerlo más o menos en cuanto fui dejando de tener ratos libres. Disfruto escribiendo, pero a veces es complicado y uno se come bastante el coco, asi que es fácil encontrar cualquier otra ocupación igual de divertida y más descansada. Y además, descubrí que también me divierte escribir por escribir, aunque no esté diciendo nada. Como la mayor parte del tiempo en este blog, vamos. En cierto modo, escribir aquí es como un sustitutivo de escribir historias. Y dirigir partidas de rol también, porque uno tiene que crear personajes y argumentos. Todo se sumó y el caso es que hace muchos años que no escribo una verdadera historia.
Y durante muchos años no me importó lo más mínimo. No lo eché de menos en ningún momento. Pero recuerdo que dejé una historia inconclusa. Se estaba haciendo más larga y compleja de lo que yo había previsto en un principio. Las historias largas son más difíciles. El otro día dí con ella por casualidad. Hay escritos seis folios manuscritos de lo que sería "el principio", y luego quizá otros seis o siete de diversos momentos relevantes por el medio y al final, sin contar un montón de anotaciones y resúmenes en una vieja libreta de ideas. En su momento estimé que al terminar ocuparía entre 15 y 20 folios, que no parece gran cosa, pero es muchísimo si se piensa que mi historia más larga tiene 6 impresa a un generoso tamaño de letra. Y con interlineado a 1,5 para más inri.
El caso es que la estuve releyendo y la verdad es que no es gran cosa. Pero está bastante perfilada y prácticamente queda sólo unir unos cabos. Me da rabia que se quede así y me entró un gusanillo terrible de ganas de terminarla. Quizá lo haga, aunque este es el peor momento posible: estos días estoy estudiando Comercio Exterior II y de aquí a setiembre mi tiempo no hará más que ir consumiéndose hasta desaparecer por completo. Pero me apetece. Me apetece. Igual lo hago. Pensaba poner aquí un pequeño fragmento de lo que ya está hecho (un sueño de un personaje), pero me parece que no tendría mucho sentido. Además, en el fondo no me gusta mucho casi nada de lo que hay... pero quiero terminar. La historia, por cierto, se llama "Cuestión de Ser". El título también tiene su historia, pero mejor lo dejamos para otro día...

miércoles, 17 de agosto de 2005

Fragmentos de Inexistencia (7)

Intento dibujar tu perfil, tan esquivo, sobre el lienzo de mi memoria; consiguiéndolo a veces, canjeando segundos de hoy por ficción, ficción sin tiempo. Te reconozco en esas eternidades cortas, perdiendo miradas a tu paso en cada esquina vacía. Mañana ya no estarán en ningún lugar, pero el eco de tu presencia todavía rebotará en la nada, dibujando tu silueta. El viento escribirá para tí cartas de amor en la arena, y hasta el silencio inventará una sinfonía de suspiros lamentando tu ausencia. Y cuando no vuelvas, soñaré contigo; para reconocerte al despertar en las calles atestadas, redibujando cada vez tu perfil, siempre cambiante, siempre hermoso. Cuando te vayas, te despediré con una sonrisa; y cuando no vuelvas, soñaré contigo.

domingo, 14 de agosto de 2005

Resumen de la semana


El jueves he ido a ver Sin City. Podría decir muchas cosas de la película, pero hoy no me apetece demasiado porque llevo varios días comiéndole el tarro todo aquel que no la ha visto. Diremos, para resumir, que es un PELICULÓN. Sin duda la mejor adaptación cinematográfica que he visto de cualquiero cosa. Probablemente la mejor jamás realizada. Aparte de ser un puto peliculón (dudo de que vaya a ver algo mejor este año), quiero destacar la valentía que supone hacer una adaptación literal como esta. En cine, no faltan capullos que hablan de que "el lenguaje cinematográfico es distinto del escrito" (o dibujado), de que "hay cosas que funcionan en una novela o un comic y que no funcionarían en cine", de que "hay cosas que se tienen que cambiar", de que "hay que mantaner el ritmo". Mariconadas. A toda esa chusma que destroza obras ajenas, sólo le diré de ahora en adelante dos palabras: Sin City.

Ayer por la noche, en la puerta de la Fábrica de Chocolate (que es un garito de Vigo, aclaro para los que no sean de aquí), he visto a un par de chicas que salieron del local dos minutos después de haber entrado. Al pasar junto a mí, una le dijo a la otra, con una sonrisa cómplice y despectiva en los labios, que "esa música era una mierda" (quizá no utilizó esa expresión exactamente, pero quería decir eso). "Esa música" era Depeche Mode. No recuerdo qué tema era, pero se ve que no era suficiente para ellas. No sé, quizá andaban buscando reguetón. Como es natural, no pude contenerme y les grité que no podían decir tales cosas, que "eso" era Depeche Mode y que Depeche Mode son la hostia. Pusieron cara de susto e incredulidad y se largaron de allí. Supongo que pensaron que era un pirado. Imagino que su reacción fue de lo más normal. Pero claro, la mía también.

La semana no ha dado mucho más de sí. Se me echa el tiempo encima porque he quedado ahora mismo, asi que el resto de anécdotas que pensaba contar me las guardo para otra ocasión. Seguid viviendo!

domingo, 7 de agosto de 2005

¡1000!

Esta semana se han cumplido 1000 visitas desde que puse el contador al pie de página. Supongo que es un momento de alegría y regocijo... o algo. En realidad es sólo un número más, que quedará a nuestras espaldas muy pronto... como todo en la vida. Una vez llegas a alguna parte, descubres que en realidad querías ir a otro sitio. Éche así.
Al menos, parece que el ritmo de afluencia de visitas empieza a remontar. Será que la gente se desintoxicó de ordenador en julio y ahora está empezando a volver tímidamente. La verdad es que no lo entiendo, porque las corrientes estas de aire del Sahara nos están echando encima un calor de record y lo mejor que se puede hacer es huir a algún rincón fresco, oscuro y con abundante agua fría. Quizá es que hay quien tiene la suerte de vivir en lugares con esas características; como comenté anteriormente no es mi caso. Aquí el sol pega de lleno toda la tarde y es como la sala de calderas del infierno. Cuando llegué a casa ayer después del cumpleaños de Tanis, a las tantas de la mañana, en la calle hacía una temperatra maravillosa. El termómetro electrónico de la farmacia que hay al lado de mi portal marcaba unos agradables 28º. Al entrar en casa, el calor me envolvió como un manto pesado y pegajoso. Aire del Sahara, dicen. Tócate los huevos.
Hoy, en cambio, mucho mejor. Parece que el calor asfixiante va remitiendo. Incluso hay algo de brisilla. He terminado La Guerra Interminable (jaja, qué gracia), de Joe Haldeman, novela interesante pero de escasa trascendencia. No aspira al premio. He visto Lost in Translation, bastante decepcionante. Me habían hablado muy bien de ella, pero la verdad es que es bastante mediocre. Insípida. Me gustó la banda sonora, eso sí. Creo que me la voy a bajar. También he estado viendo más capítulos de Samurai Champloo, una excelente serie de anime. Estoy cerca del final y de momento es muy interesante, se la recomiendo a todo el mundo. También le estoy dando vueltas a las historias de Encrucijada, que siguen vivas en mi cabeza aunque no lo parezca. Otra cosa que me ha llamado la atención últimamente es que me ha dado por escuchar Mellon Collie and the Infinite Sadness después de aproximadamente 10 o 11 meses sin oírlo (lo había prestado), y ha sido como redescubrir un tesoro. Y sigue habiendo gente que piensa que no es el mejor disco de rock de los 90... ¿cómo se puede estar tan equivocado y pensar que se tiene razón? Pobres.
Y ya está. Entre todo esto y el estudiar, estos días no han dado más de sí. Por cierto, por si os lo estáis preguntando, yo tampoco sé qué demonios es el simbolillo ese que he puesto al principio. Lo que pasó fue que puse en buscador de imágenes del google "1000" y salió eso, entre otras cosas. Como es así molón y tiene pinta de condecoración, pues lo puse.

miércoles, 3 de agosto de 2005

Auge y caída del High-Score


No hace mucho estaba pensando en escribir un alegato a favor de Ikaruga, uno de los mejores videojuegos jamás creados. Se trata realmente de una obra maestra que todo el mundo debería conocer. Sin embargo, según me iba poniendo a ello fui descubriendo que tenía demasiadas cosas que decir y que el artículo iba a resultar ser excesivamente largo y complejo. Y lo que es peor, no demasiado coherente.

Por eso he decidido dejarlo para otra ocasión y en su lugar aprovechar una idea relacionada que tuve mientras hablaba de las virtudes de Ikaruga. Pese a ser un juego de 2002, Ikaruga recupera por completo el espíritu de los clásicos, y uno de los ejemplos que se pueden poner es el de la tabla de records. Las tablas de records han sido prácticamente desterradas de los videojuegos actuales, ya que, aparentemente, la evolución de los mismos ha convertido a los high-scores en algo obsoleto y superado, cuando hace 15 años eran por completo ineludibles. Esta evolución hizo cada vez menos necesario contar puntos por hacer algo; la meta de las partidas ya no era acumular todos los puntos posibles (o más exactamente, acumular más que tus amigos), sino llegar lo más lejos posible o ganar el mayor número de veces posible. De hecho, el Hi-score sobrevivió muchas veces de manera arbitraria (y si me apuran, anacrónica), convirtiéndose en algo así como el equivalente videojueguil del apéndice o el huesecillo ese que se supone que es el resto atávico de una cola. Es decir, que está, pero que no nos hace falta para nada. ¿O es que acaso alguien se fijaba en los records del Street Fighter II? Dejémonos de monsergas: el mejor era el que más lejos llegaba o el que nos ganaba más a menudo en modo versus. Las cosas siguieron por ese camino hasta desaparecer completamente. Al hacerse los videojuegos cada vez más complejos y largos, el prototipo estándar fue cambiando. La posibilidad de salvar las partidas viene de la mano con que los juegos sean a menudo imposibles de terminar en una sola sesión, con lo que en realidad estamos jugando siempre la misma partida, que guardamos religiosamente un día para continuarla al siguiente. Una vez terminado, uno ya tiene suficiente como para empezar otra partida a lo mismo. A partir de aquí, los juegos empezarían a volverse cada vez más cinematográficos en diversos aspectos técnicos, pero también en un detalle nada desdeñable: una vez acabas de ver una peli, no te da por volver a verla ese mismo día. Probablemente ni siquiera esa misma semana ni ese mismo mes. Sin propósito de superación, sin segundo intento, el record se vuelve irrelevante. Por ejemplo, no hay más que ver Doom y Dune II, que son las dos obras que más han influido en los últimos 16 o 17 años, y cuya base todavía es claramente reconocible en muchas novedades que salen a la venta hoy en día.

Claro que está bien que las cosas evolucionen, y es verdad que tanto Doom como Dune II son hitos memorables en el mundo del videojuego. Sin embargo, en ciertos aspectos creo que esa evolución ha perdido el norte, porque ha extraviado una parte importante del sentido de la diversión basada en el desafío. Hoy en día hay demasiados títulos que convierten la experiencia de juego en algo casi pasivo, en algo demasiado similar a, como decía antes, ver una película. Demasiado fácil, en definitiva. Puesto que es una verdad innegable que, en general, los videojuegos de hoy en día son muchísimo más fáciles que los de antes (a veces hasta niveles insultantes) no insistiré demasiado en este punto. En cambio, la desaparición de los high-scores es a menudo pasada por alto, y en mi opinión era un ingrediente importante en la receta de la adicción. Ocurre en Ikaruga, por ejemplo, que cuando uno ya ha terminado el juego (varias veces, incluso), sigue teniendo el gusanillo de jugar para superar sus puntuaciones, para hacerlo cada vez mejor, para conseguir algo que no había conseguido antes. Y sin conseguir ningún premio especial, ni desbloquear chorraditas ni jugar niveles secretos; sólo por la pura satisfacción personal de hacerlo. Ikaruga es infernalmente difícil, y en parte por eso, infernalmente adictivo. Uno no hace más que morir y morir, pero mientras muere sabe que puede hacerlo mejor, y eso da ganas de volver a intentarlo. Es un proceso que no termina nunca, y en el que el TOP de puntuaciones juega un papel importante, porque es el testigo y juez, imparcial y veraz, de nuestros progresos. Eso casi se ha perdido por completo en la actualidad, y es una pérdida dolorosa y lamentable.

Hasta que la evolución vuelva a corregir esto, siempre nos quedará Ikaruga, un juego inmortal por derecho propio.