jueves, 22 de diciembre de 2005

Drogas en Springfield


De vez en cuando, uno se encuentra con cosas estupendas por internet y entonces dice "mierda, me gustaría haber hecho esto yo mismo!". Este es el caso de lo que me ha ocurrido con el artículo que os pego a continuación, cuyo autor es desconocido. Me lo encontré en un foro, y al parecer es uno de esos mensajes que va rulando por email. Bueno, bien por el autor, sea quien sea, esté donde esté. Además, como regalito extra, os pongo una de las perlas de ese Grande que es Homer Simpson; sólo tenéis que pulsar play. Y hala, a disfrutar.
"LOS SIMPSONS Y LAS DROGAS: EL LADO PSICOACTIVO DE SPRINGFIELD"
Os invito a explorar un aspecto poco comentado de la gente que habita Springfield y de su pasión por las drogas, legales e ilegales. Exploraremos los secretos más ocultos y psicoactivos de esta familia y los de su entorno familiar, social y laboral. No hay serie en televisión con tantas referencias psicoactivas. Y es de rigor que empecemos comentando algunas de las muchas referencias cannábicas que contiene.
MARIHUANA
En Springfield el cannabis está, desde sus orígenes, muy presente. No es de extrañar, dado que el fundador del pueblo, el ilustre Jebbediah Springfield, cuando llegó a los terrenos que luego constituirían la ciudad, se dirigió así a los colonos que le seguían: "En este lugar construiremos una nueva ciudad, donde podremos celebrar nuestros cultos libremente, gobernar justamente, y cultivar vastos campos de cáñamo para fabricar sogas y sábanas". Muchas son las muestras de la tradición cannábica de Springfield. Tenemos constancia, por ejemplo, de que el alcalde Quimby, en un armario de su despacho oficial, tiene una planta de marihuana a la que hemos visto regar a escondidas. Al conductor de autobús, Otto, la chaqueta le huele permanentemente a hierba. El director del colegio, Skinner, reconoció en un episodio: "En Vietnam olí bastante humo de marihuana". La policía de Springfield no se escapa de inhalar cannabis: en un episodio en el que efectúan una redada contra un ciego que consume marihuana medicinal, toda la policía, empezando por el jefe Wiggum, acaban en casa del ciego, con los otros polis, fumando porros, y bailando al son de Bob Marley. Y eso pese a que el museo de la Policía en Springfield incluye en una de sus secciones un ejemplo de fiesta hippy con figuras de cera, donde podemos ver jóvenes con melenas escuchando música, fumando hierba y metiendo bebés en el horno, conforme una vieja leyenda urbana antidrogas. Pero si centramos la atención en nuestra familia preferida, los Simpson, veremos que también allí está presente la afición cannábica. Vimos a Homer y a Marge, de jóvenes, en fiestas donde se usaban bongs. Incluso hay motivos más que fundados para sospechar que cultivan marihuana. En un episodio, Lisa, disgustada porque unos promotores quieren cortar un árbol centenario, se presenta un día en el comedor de casa, donde Homer, Bart y Marge están comiendo, y dice, refiriéndose a su cruzada ecologista: "Ya estoy harta! ¡Voy a hacer algo!", y sale de casa. Homer, asustado, le dice a Marge: "¡Va a denunciarnos porque cultivamos maría!", a lo que Marge, enfadada, le contesta: "¡Homer! ¡Nosotros no cultivamos maría!". Entonces Homer, un poco paranoico, mira a un lado y a otro y dice: "¡Ah, sí, es verdad! ¡No cultivamos maría!", con tono de disimulo. Este cultivo clandestino explicaría los viajes a Holanda que, según otro episodio, hace Homer de tanto en tanto, si bien se da a entender que en realidad su vicio secreto son los tulipanes, cuando es sorprendido por una cámara de seguridad cuando los devora compulsivamente escondido en el lavabo. En varías ocasiones los guionistas se burlan de la pretendida nocividad del cannabis. En una ocasión, el señor Burns rememora que en su juventud se infiltró en Greenpeace para poder denunciarles a la policía. Al desenmascarar sus planes, mientras los verdes son detenidos, les muestra un bong y confiesa: "Ja, ja... Y tenéis que saber que durante todo este tiempo sólo he fumado inofensivo tabaco". En otro momento, en una película de McBain, se muestra una reunión de mafiosos, donde el capo di tutti li capi presenta a sus colegas una nueva droga de diseño, irresistible, que van a lanzar al mercado negro, y dice de ella, para estupefacción del resto de capos, que es "diez veces más adictiva que la marihuana". Y la parodia adopta aires de profecía cuando en un capítulo de la serie vemos que, en el futuro, Lisa se ha convertido en presidenta de Estados Unidos. Bart, que se ha convertido en una especie de posthippy reciclado y bueno para nada, le pide: "Legalízala de una vez...", y Lisa concede.
HOMER Y LOS ESTADOS ALTERADOS DE LA CONCIENCIA
No es sólo la marihuana. Homer siente atracción irresistible hacia los estados alterados de conciencia. Y no me refiero sólo a la combinación narcótica de cerveza Duff, sillón y televisión quemaneuronas, que por si sola daría para otro artículo, sino a experiencias psicodélicas y místicas. "¡Drogas! Conocen mis debilidades", dice Homer cuando unos isleños del pacífico le preparan un té con hierbas. Es en esa misma isla donde se aficiona a lamer sapos alucinógenos, que le dilatan las pupilas y le inducen un estado contemplativo. Esos isleños, acostumbrados a vivir entre drogas, sucumbirán en cambio a las tentaciones del alcohol que Homer introduce en la isla, y que hasta entonces desconocían. Les vuelve violentos, adictos y asoclales. Por otra parte, uno de los más elaborados viajes místicos que aparecen en la serie es el que tiene lugar cuando Homer, en la Fiesta Nacional del Chile, degusta unos explosivos chiles picantes de manicomio guatemalteco. Transportado de inmediato a un paisaje psicodélico, Homer inicia un viaje chamánico. Se le aparece una tortuga, su animal totémico, que lleva escrito en el caparazón: "Sígueme". Homer se impacienta siguiendo un animal tan lento, y acaba acelerando el viaje de la tortuga con un tremendo patadón que la manda por los aires.
HOMER COMO NARCOTRAFICANTE
Al margen de sus experiencias con drogas, legales e ilegales, Homer es a menudo quien, de manera activa, contribuye a difundir las sustancias psicoactivas entre los ciudadanos de Springfield. No podemos olvidar un gran invento de Homer, el "tomaco", el resultado de mezclar semillas de tomate y tabaco en una misma plantación y abonarla con residuos radioactivos. El resultado fueron unos tomates que contienen nicotina y que resultan tremendamente adictivos para quien los prueba una sola vez, tanto que las grandes multinacionales farmacéuticas pugnan por robarle la patente genética. En otro momento mezcla una cosecha de peyote que sus primos cultivaban para su autoconsumo con unos zumos de fruta que se distribuyen por la ciudad. Resultado: todo Springfield tiene experiencias alucinógenas. Homer es también el inventor de un cóctel tremendamente adictivo, el "flameado de Moe", cuyo ingrediente secreto es "jarabe no narcótico para la tos, marca Krusty". Dado que el componente tradicional de los antitusígenos no narcóticos es el dextrometorfano, lo que el celebre cóctel provoca es el conocido coloque por DXM. Aunque, dado que el jarabe es de la marca Krusty, bien conocida por su publicidad engañosa, bien podría tratarse de codeína, un opiáceo presente en jarabes para la tos. En otro episodio, Homer y su padre se convierten en distribuidores de una sustancia afrodisíaca, fabricada clandestinamente en una bañera, y que deja la Viagra en mantillas. La gente les quita de las manos la sustancia hasta que empiezan los problemas con la ley. Pero cuando de manera más directa se enfrenta Homer a la Prohibición es cuando se convierte en traficante de bebidas alcohólicas, en el momento en que, rescatando una vieja ley del pasado, Springfield adopta la "ley seca". Homer entonces se convierte en un adalid de la libertad de emborracharse y se dedica a distribuir alcohol de contrabando, arriesgándose a sufrir la pena que la ley impone en estos casos: ser expulsado del pueblo mediante una gran catapulta, una ley no demasiado más absurda que nuestras actuales legislaciones antidroga.
MARGE Y SUS COLOQUES
Marge no se queda atrás en cuanto a conductas adictivas. La hemos visto beoda en varias ocasiones, así como víctima de la ludopatía cuando se legaliza el juego en Springfield. Cuando los servicios sociales se les llevan a los críos, tras pasar un test de drogas da positivo de crack y PCP. Ella afirma que se trata de un error y afirma ser adicta sólo al amor a su hijo e hijas ("Love for my Son and Daughters"), y dice: "Sí, sólo necesito un poco de LSD". Corresponde claramente a un viaje por ácido la experiencia de Marge en la cocina al beber un vaso de agua contaminada durante una pugna entre vecinos en Springfield. La cocina empieza a derretirse ante sus ojos y los electrodomésticos parecen cobrar vida. Marge, reconociendo la experiencia, exclama, entusiasmada: "¡Oh, las paredes se están fundiendo otra vez!"
LOS PEQUEÑOS DE LA CASA: BART, LISA Y MAGGIE
De la pequeña Maggie sólo conocemos una adicción, su chupete. Eso sí, el episodio donde más activa se la ha visto ha sido precisamente cuando lideró una rebelión de alumnos en la hiperestricta guardería donde requisaban los chupetes a los críos, para que no dependieran de ellos. Lisa, durante un viaje al parque de atracciones de la cerveza Duff echa un trago del agua por la que están navegando en una atracción, lo que le hace perder del todo la conciencia, entra en un estado de delirio etílico durante el que ve danzar elefantes rosas, en una parodia de la escena de Dumbo en que el elefante y el ratón se emborrachan, y se cree la reina de los lagartos. Por otra parte, sabemos que durante una experiencia en un tanque de aislamiento sensorial experimentó intensas alucinaciones. Bart, por supuesto, no se queda corto, y en alguna ocasión ha bebido más de la cuenta. Es por culpa de que las cámaras de televisión le filman borracho que la sociedad de Springfield se ve en la obligación de restaurar la "ley seca". En otra ocasión, Bart y Milhouse se atreven a probar el "Fresisuis especial", sólo azúcar, del badulaque de Apu, y sufren una sobredosis de glucosa que los vuelve hiperactivos.
¿ESO ES TODO?
En absoluto, la lista de referencias es interminable. Krusty se declara por dos veces adicto al Percodan. El señor Burns está encantado con sus pastillas contra el dolor que tienen por nombre Te Daré Amor, y en otro episodio se declara adicto a la morfina. El abuelo Simpson vende las pastillas que debe tomarse a adictos necesitados. Durante todo un episodio Bart aparece bajo los efectos del Focusyn, una parodia del Ritalin, un fármaco profusamente recetado por los médicos para tratar a niños hiperactivos, pues favorece su capacidad de concentración. Barney, el borrachín del pueblo, se bebe en un episodio el contenido de dardos tranquilizadores para animales. Los doctores inhalan sus propios anestésicos. El dentista comparte el ácido nitroso con toda la familia Simpson y acaban todos el episodio con la risa tonta. Y podríamos seguir y seguir si no fuera porque el espacio de este artículo es limitado.
CONCLUSIÓN
Los Simpson, es sabido, son una imagen deformada de la sociedad norteamericana y, por ende, de la nuestra. Al igual que se satirizan en sus episodios prejuicios como la homofobia, el fanatismo o la pasión por las armas de fuego, se parodian también las percepciones, los miedos y los deseos ocultos que las drogas provocan en la sociedad. Lo que hace tan real a Springfield es que las drogas y lo psicoactivo existen y, por tanto, se muestran. Por contraste con el mundo triunfante de lo políticamente correcto, donde las drogas no existen y donde nadie necesita colocarse, Los Simpson equivalen a un soplo de aire fresco. Tal y como comenté al principio, desafío a los lectores a encontrar un producto televisivo destinado al consumo familiar y ampliamente seguido por niños, jóvenes y adultos, que contenga tal cantidad de referencias al mundo de las drogas y que plantee cuestiones referidas a la Prohibición con la causticidad con que lo hace ésta. Colegas, os espero en el bar de Moe.
Genial, ¿verdad? Y eso que en las temporadas siguientes las hubo más gordas, como cuando se legaliza la maría y Homer se convierte en un fumeta del copón...


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miércoles, 21 de diciembre de 2005

Copyright?

Estaba intentando probar esta manera de subir archivos al blog. La idea cae de cajón y responde a una "necesidad" de los que perdemos el tiempo así, con blogs y chorradas de estas. Lo absurdo viene cuando leo que está prohibido poner material con copyright. Si es precisamente para lo que lo quiero, mamones. No tiene ningún sentido, porque desde luego no tienen manera de saber si mi copia del material en cuestión es original o no... es como si me dicen que está prohibido poner un cd de música con copyright por la calle o algo así. Ante la duda, por si acaso, se cubren las espaldas y lo prohíben todo. Bueno, pues si algún día me borran la cuenta por subir material "protegido", no lo lamentaré: si no puedo hacer lo único que quiero hacer con su servicio, no me interesa su servicio. Me queda la tranquilidad de saber que tengo razón. Como siempre, vaya.

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miércoles, 14 de diciembre de 2005

Cerca y Lejos


Hablaba el otro día de mis dudas sobre si incluir o no un libro en la lista de candidatos de Lo Mejor de 2005. Puede parecer una chorrada, pero me lo tomo con seriedad. Uno tiene que seguir unas reglas para que todo tenga sentido. Evidentemente, he leído un montó de cosas este año que no menciono en la lista. Y algunas me gustaron, pero para estar entre las preseleccionadas hay que tener algo más. Aunque son muy diferentes entre sí, creo que todos mis candidatos alcanzan un elevado grado de calidad, la entendamos como la entendamos. Incluso hay cómics, cosa que no tenía yo pensada en un principio. Pero después de leer Hicksville, sería un fraude no incluirlo. Y con Happiness ™ ya os conté lo que pasaba.

Ahora tengo otro problema. Estos días estuve leyendo/viendo un libro cojonudo, maravilloso, genial. Pero creo que no encaja con la lista, con el propósito de la lista, ni siquiera con el espíritu de la lista. Se trata de Potencias de Diez, de Philip y Phylis Morrison. Y es que es un libro de divulgación científica de los años ochenta sobre el tamaño relativo de los objetos en el universo. Resulta muy interesante y atractivo, sobre todo porque es muy visual. La base del libro son unas fotos, todas de la misma cosa (un fulano durmiendo en un parque), pero a diferentes distancias. Entre foto y foto (bueno, supongo que en algún caso no pueden ser fotos de verdad), la cámara se acerca (o se aleja, si vas hacia atrás) una potencia de diez en metros, y de ahí el título. El libro empieza en 10 elevado a 26 metros (no sé cómo cojones escribir eso como es debido, en adelante será 10e26, etc). A esa distancia, evidentemente, no se ve el fulano del parque, ni siquiera se ve el sol. Apenas se ve la Vía Láctea. En las páginas siguientes, vamos acercándonos, atravesando distancias siderales, mientras en la otra página se comentan movidillas curiosas. Y a partir de 10e1, el viaje sigue hacia adentro, hasta 10e-16, que es lo máximo que se podía ver en aquel momento (y supongo que también hoy en día). Asi que en realidad las fotos no son todas de un fulano en un parque, si no de un átomo de hidrógeno en la mano de un fulano en un parque. La verdad es que el libro mola un huevo, pero no está en la misma liga que el resto de la lista; ni siquiera es el mismo puto deporte, como diría el personaje de Samuel L Jackson en Pulp Fiction. Pero no quería dejar de comentarlo, porque es un ejemplo de cosa buena. Ya veis, aquí también se habla de cultura.

martes, 13 de diciembre de 2005

Belleza y Verdad

No recuerdo quién, pero una vez alguien me ha contado que en la antigüedad (lo cual puede significar tanto el siglo XV como el X antes de Cristo) la belleza física se usaba como método de juicio. Ejemplo: dos personas discutían por algún tema. Era necesario un juicio. Las cosas no terminaban de quedar claras. Entonces, ante la duda, el juez se pregunta de qué lado estarían los dioses (o Dios, según la época). El juez, con un razonamiento irreprochable en su contexto, decide que la mejor manera de medir la gracia de Dios en una persona es observar su rostro, pues de todos es sabido que la belleza es regalo de los dioses y no tiene más objeto que complacer al espíritu. Así que el veredicto es favorable a la persona más guapa. No sé si esta historia es cierta, pero es curiosa, y en cierto modo creíble. Si os escandaliza, pensad que no es muy diferente a ser rico e influyente en la época actual. Si os escandaliza mucho, probablemente es que sois muy feos.

Esta historia me vino a la cabeza después de echarle un ojo a este link en un foro. Se trata de un lugar en el que puedes ver diversas fotos de modelos antes y después de que pasaran por una serie de retoques para hacerlas más “artísticas”. La verdad es que ayuda a comprender muchas cosas sobre la vida. Y no digo que no esté bien quitar alguna sombra o resaltar algún brillo. Pero cosas como esto son impactantes de cojones. Y no digo nada de esto otro. Por último, esto en cambio ya resulta cómico, y muy revelador de lo que nos gusta en una foto.

¿Qué sacamos en claro? Pues que los artistas del photoshop habrían sido abogados en la antigüedad.

(con todo, está claro que prefiero las fotos retocadas. Y es que soy un romántico)

lunes, 12 de diciembre de 2005

Felicidad (o no)

Happiness ™ es el título del último libro que he leído, aprovechando estos días libres del puente (el autor, por cierto, es Will Ferguson, totalmente desconocido para mí hasta la semana pasada). Me pregunto si debería incluirlo en la lista de candidatos a Lo Mejor del Año. También me pregunto si no sería mejor cerrar esa lista ya de una vez, porque hace tiempo llegué a un acuerdo conmigo mismo en que el premio se lo llevaría, con todo merecimiento, La Canción de Hielo y Fuego, de GRRM (suena a onomatopeya, ahora que lo veo). Apenas quedan dos semanas de 2005 y veo poco menos que imposible que llegue a leer en estos días algo que me haga cambiar de opinión. Pero dejémonos de rumores de café y quinielas no oficiales, que esto ya parece el Planeta (me insulto a mí mismo con esto, es probable que ningún premio planeta se aproxime siquiera a ninguno de los miembros de mi lista de candidatos… pero seamos condescendientes).

De todos modos, ya habrá tiempo de hablar de La Canción cuando el jurado le otorgue el premio (si es que se lo dan, claro xD). Yo quería hablar de Happiness ™. Es un libro que me ha llamado la atención porque se trata de literatura humorística… ¡que me hace gracia! Es un libro desenfadado e insolente, que te deja con la sensación de haber estado burlándote de cosas serias. Facilón en algún momento, no carece de cierta clase. No es que te enganche terriblemente, pero se deja acariciar a cada página y arranca muchas sonrisas; unas previsibles, y otras desde luego no. Construye arquetipos y luego los pisotea; el mismísimo protagonista es un maldito tarugo arrogante y ridículo que resulta terriblemente familiar, quizá porque todos conocemos a alguien como él… o, Dios no lo quiera, reconocemos en él algún tic nuestro. El protagonista es editor de libros de autoayuda, y claro, los odia todos. Y aunque se pasa todo el libro rajando de esa mierda y de todo el maldito montón de morralla de los aspirantes a escritores (trilogías "en tres partes", noveluchas de acción de las que vosotros y yo hemos sufrido en algún momento y chorradas de c-f con final calcado), al final queda como un regustillo a justamente eso, a libro de autoayuda. En plan “para ser feliz no hace falta ser feliz”, o algo así. Y de todos modos, ¿quién cojones quiere ser feliz?

O igual se me ha ido la olla con la lectura final. Pero recomiendo el libro, es divertido, entretiene, y hay un detalle particular al final que me gusta mucho, y que no voy a revelar aquí, no sea que alguien quiera leerlo. Vamos, que está guay.

Y aún así no estoy seguro de si incluirlo como candidato o no. Me pregunto por qué. Quizá pienso, inconscientemente, que el rollo humorístico es menos digno de mención (iba a decir “menos serio” hasta que me di cuenta de la tontería). ¿Es posible que lo que a muchos capullos les pasa con la ciencia-ficción o el folletín me pase a mí con la comedia escrita? Dios no lo quiera. Es comedia. Me ha hecho gracia. Luego, tiene que ser buena. Pues ya está.

lunes, 5 de diciembre de 2005

Fan-tasmas

En uno de esos momentos muertos que uno tiene de vez en cuando, me puse, como es habitual, a echarle un ojo a la página de Viruete, estupenda ella, www.viruete.com , que podéis ver abajo a la derecha entre otras recomendaciones. Como en el fondo yo ya sabía, no había ninguna actualización desde le última vez que había ido a mirar (unos pocos días solamente). El último artículo era sobre canciones quemadas, y francamente, no tenía mucha gracia (por si a alguien le interesa, http://www.viruete.com/articulos/2005/cancionescansinas.htm ). Igual porque estaba casi totalmente escrito por otra chica, pero era algo soso para lo que Viru (me permito llamarlo así después de tantos buenos momentos leyéndolo) nos tiene acostumbrados. Tampoco quiero rajar de la chica esa, que tiene su propio blog por ahí y no está mal del todo (aunque yo no lo tengo linkado).

El caso es que a falta de pan, buenas son tortas. Fui al blog de la página de Viruete y curioseando por ahí me impactó el desmesurado número de comentarios al artículo ese de las canciones quemadas. 238, creo que era, y seguramente seguirá creciendo mientras yo escribo esto. Me dio por pinchar y leer unos cuantos. Y, naturalmente, había varios de los típicos fans ofendidos.

El fan ofendido es una criatura peligrosa. Hay que tener cuidado con ella, porque no siempre es civilizada. A veces, ni siquiera es humana. Hay diversos tipos de ellos, pero suelen presentar varios rasgos comunes. Mis favoritos, es decir, los que más me asquean, son los siguientes:

El fan conoce La Verdad. Guiados por el axioma de Mi Opinión es la Única que Cuenta (que en mi caso es absolutamente cierto, naturalmente), asumen que todo aquel que discrepa es un ignorante, un inculto o un gilipollas. Con un forzado desdén que apenas oculta su indignación, rápidamente aluden a la escasa cultura del que en su mente ya designan como su rival, “cultura musical”, “cultura cinéfila” o “cultura literaria”, según el caso.

El fan percibe tu Ignorancia. En íntima relación con el punto anterior está el hecho de que el fan ofendido siempre acaba condenando tus opiniones con argumentos que, esencialmente, se resumen en que él tiene razón y tú no (una vez más, estos argumentos son válidos solamente si los uso yo). Enseguida te informan de que ellos conocen mucha más música/literatura/cine que tú, de la que además nunca has oído hablar. Y si cometes el error de decir algún grupo/escritor/director que te gusta, enseguida se burlan porque sólo hace mierda comercial, es pretencioso o está sobrevalorado.

El fan sabe que eres un gusano. Posiblemente mi rasgo favorito, y que ni siquiera en mis más bajos momentos he llegado a compartir. Esencialmente se basa en que no puedes criticar a X persona, porque él (o ella, seamos políticamente correctos *sigh*) Es Mucho Mejor que tú o Jamás Lograrías Aproximarte a Su Divinidad. Esto es como decir que uno no puede criticar al cocinero por servirte mierda estofada si no sabes cocinar. Queridos mamones: la capacidad de crítica es independiente de la habilidad relacionada con realizar la acción criticada, siempre que uno tenga un criterio mínimo (como es el caso de la comida, por ejemplo). Parece que nadie se lo haya explicado. Lo peor de todo es cuando algún capullo sale con la preguntita de “¿es que tú lo harías mejor?”. Lo más jodido es que a veces tengo que responder que sí, por supuesto que lo haría mejor. Pero eso no tiene nada que ver, claro.

De todos modos, hay que ser cauto al juzgarlos, porque a veces hasta tienen razón (vamos, que a veces están de acuerdo conmigo).

domingo, 4 de diciembre de 2005

Y de Fantásticos nada

No hace mucho estaba yo comentado que para mí, la aparición de cuatro, el nuevo canal, supondría sólo un sitio más para ver anuncios en horario completo. “Una mezcla entre Antena 3 y Tele 5”, es un comentario que he escuchado varias veces hablando del tema con la gente. La expectación y la incertidumbre marcaban las primeras semanas de vida del medio, pero también la fe. Fe que, imagino (puesto que yo ya no tuve demasiada en un principio), empieza a verse traicionada. Quien más quien menos tenía la ilusión de que cuatro apostaría por una programación atrevida, moderna y de calidad. Atrevida desde luego sí que es, lo de moderna es discutible, pero… ¿de calidad?

Una de las cosas que me sorprende cada vez que paso por cuatro es el aire de cutrez que tienen todos sus programas. No sabría definir en qué consiste, pero me da una sensación como de hecho en broma por aficionados que me resulta grotesca. Aunque supongo que esto es bastante subjetivo. Lo que es menos subjetivo es que a Gabilondo no le se le está dando nada bien el rollo televisivo. Yo le he visto algo perdido y le cuesta leer las noticias. Además, nos hemos acostumbrado tanto al formato de dos presentadores haciendo el tonto que verlo a él solo es chocante. Y el plató es bastante feo, parece el de una tele local. Cutre.

Pero Gabilondo era un crack en lo suyo y probablemente cuando le coja el tranquillo a la tele le irá mejor. Y total, reconozcámoslo: a la mayoría nos la sopla que Gabilondo presente el telediario ese, qué mas dará que el tío sea famoso para que el contenido sea bueno o no. Si la fama garantizara el buen hacer, el Madrid jugaría bien todos los días y a Luxemburgo no lo echarían hoy. Pero esa otra historia, y debe ser contada en otra ocasión, como decía Ende.

Una de las cosas a las que se agarran los creyentes de cuatro son las series. Se suponía que con cuatro volverían grandes clásicos, series míticas, llegarían series modernas de calidad e incluso anime. La última serie de anime que recuerdo que fuera emitida a nivel nacional fue Los Caballeros del Zodíaco, en Tele 5, o quizá Campeones (no sé cuál repusieron más), y de eso hace 10 años mínimo (sé lo que vais a decir, pero para mí ese horario infame de las mañanas no existe). Esto del anime seguro que se la pone dura a muchos frikis del país, pero a estas alturas deben de estar bastante decepcionados. Tengo entendido que la serie que ponen (y es “la” serie, sí), aunque “está muy bien” (que a saber), la ponen a las mil de la mañana entre semana. Desempolvad los vídeos, chicos. Yo, aunque quisiera, no podría hacerlo, porque soy víctima de ese paso atrás de la tecnología llamado DVD. No puedo grabar programas. Irónico, ¿verdad?

Parece ser que lo más interesante de la programación de cuatro es de madrugada o por la noche, horarios en los que es muy difícil que yo vea nada porque suelo acostarme temprano, y cuando no, no es por estar viendo la tele. Da qué pensar sobre el tipo de razonamiento de los fulanos que diseñan la parrilla. Claro que tampoco puedo rajar mucho de esto porque cabe la posibilidad (y va a ser que sí) de que yo sea un tío raro por no ver la tele por las noches.

Pero no era el objetivo del mensaje hablar de esto. Yo quería comentar algo que me pasa mucho al poner en cuatro y es no saber qué cojones es la mierda que están dando. No saber siquiera qué tipo de mierda es. ¿Soy el único al que le pasa esto? Me pongo a hacer zapping, paso por cuatro a ver qué hay, y me encuentro con un programa raro en plan reality que parece grabado con cámara de vídeo y que, aparentemente, no tiene ningún sentido, interés, ni razón de ser. Es como grabar un documental sobre la vida de cualquier persona, es decir, un coñazo. Nunca puedo aguantar mucho tiempo viendo esa mierda, porque cada vez que lo intento sufro horrores y siento náuseas. Y cuando no es eso, es porque dan alguna serie de supuesta “calidad”, como Crossing Jordan, que es vulgar como un boli azul bic cristal. O un concurso absurdo como Todos Contra el Chef. ¿A quién se le ha ocurrido eso? ¿Y lo de los gemelos qué? ¿Se ha vuelto loco todo el mundo? Pero el plato fuerte de la estulticia es, por supuesto, Suárez y Mariscal, que para darle caché tiene hasta subtítulo: Caso Cerrado, como lo que decían en la serie de dibujos aquella de polis del futuro. Y ahí se queda todo, porque la serie esta, por no tener, no tiene ni actores. Siempre había pensado que los actores de las series españolas eran todos asquerosos, pero de ahora en adelante trataré de respetarlos más. “Cualquiera puede hacerlo mejor”, pensaba yo. Pues no, no puede cualquiera. S y M demuestra definitivamente que no, porque lo que hacen es, literalmente, darle un papel a cualquiera. Las peores interpretaciones de la televisión, cada día en Suárez Mariscal, una serie que probablemente impulsa al suicidio a muchos verdaderos actores cada día. Como yo sólo llego a ser actor aficionado, tan sólo me da asco, menos mal. Eso sí, barata tiene que ser, porque la mitad del reparto debe de trabajar a cambio de un bocata de chorizo y una coca cola. Es más de lo que merecen.

Y otra cosa que no dejo de preguntarme es por qué no han mantenido los buenos programas de Canal + en abierto. Estoy pensando en los informativos deportivos, que eran muy buenos, y en El Día Después, que si bien no era tampoco una maravilla es desde luego mucho mejor que esa mierda de Maracaná 05. ¿Qué cojones pinta Latre en un programa sobre fútbol? (¿qué cojones pinta Latre en un programa de algo?). Maracaná 05 es, de principio a fin, una mala idea, y Michael Robinson no ha tardado en darse cuenta y ha huído de ese agujero.

Vamos, que no creo que cuatro llegue a ser un mezcla entre A3 y T5, creo que es una mierda por derecho propio, fabricada a partir de los restos desechados de C+. Y parecen estar orgullosos de ello, porque se traen un rollo guay ultra pijo que, mezclado con la cutrez y vulgaridad de sus contenidos, sólo puede generar repugnancia y desprecio en el corazón de las buenas gentes. Y si no, repasad la lista de presentadores de sus programas. Creo que no miento si digo que Boris Izaguirre es, con mucho, el mejor de todos ellos. Con eso lo digo todo.