jueves, 16 de febrero de 2006

L.E.Y: La Era de las Yoyas


Leía hace poco en Pyjamarama! un simpático artículo sobre los juegos de repartir leña que tan de moda estuvieron a principios de los noventa. Aunque había habido precursores ilustres como Double Dragon, y habría herederos todavía más ilustres como Streets of Rage 2, el Final Fight fue quizá el juego que mejor capturó la esencia del género. Ejemplificaba además el cambio inexorable de los tiempos con una evolución en los gustos e intereses de la humanidad. Antes, triunfaban videojuegos como Ghosts and Goblins, en el que el jugador encarnaba a un caballero andante que debía rescatar a su princesa prometida de las garras de un Señor del Mal, y enfrentarse a sus huestes demoníacas a golpe de espada y lanza. En Final Fight, el jugador encarnaba a un macarra de gimnasio que debía salvar a su novia de las garras de un adinerado mafioso, y enfrentarse a sus sicarios colocados a golpe de puño y bate de béisbol. La evolución, como veis, no se detiene ante nadie.

Pero aquella era de romántico individualismo en la que uno podía soñar con darle de palos a docenas de tíos iguales entre sí no surgió solamente de los videojuegos. Como cualquier historiador podría indicarnos, hay multitud de factores que interactúan. En este caso, el éxito de los juegos de hostias tiene que estar de alguna manera relacionado con el auge de “actores” como Arnold Schwppeswithburger, Silvester Stallone, Jean-Claude Van Damme o Steven Seagal.

Aunque se los encasilla injustamente a todos ellos como “actores de acción”, en realidad cada uno tiene algo así como un estilo propio que casi podemos considerar como un género aparte. Así, según sus inclinaciones a uno le gustará más uno u otro (igual que en Final Fight podíamos ser el mazas de gimnasio, el ágil karateka segundón que se parte la cara pa que la tía pase de él o el maromo enorme y lento que te desgracia de una bofetada). En aquellos tiempos sí que había variedad. Ahora nos tenemos que conformar con la cara de palo pixelada de Keanu Reeves. Menos mal que está por ahí Vin Diesel, cuyo nombre ya vale una entrada de cine (a este lo pillaron para The Fast and the Furious sólo por el nombre, fijo). Qué poco glamour tienen los héroes de acción del cine actual. Si es que se los puede llamar así, porque ¿a quién se le ocurrió la idea de intentar colarnos a Will Smith como héroe de acción? ¿O a Nicholas Cage? Nunca serás un superhéroe, Nick. Esta gente está más bien a la altura de Chuck Norris o Lorenzo Lamas, que siempre fueron unos perdedores, dicho sea de paso.

Podéis pensar que exagero, pero es verdad que cada uno de esos que decía antes se trae una movida muy diferente. En las pelis de todos había explosiones y hostias finas, pero cada uno tenía su sello personal. El que más se lo curraba era Arnie (tan bien se lo curraba que acabó de gobernador, mira tú). Stallone dio vida a dos personajes históricos, míticos y legendarios, todo a la vez: Rocky y Rambo. Luego, se retiró del cine misteriosamente (sí, que nadie me diga lo contrario, Stallone no hizo más películas, no las hizo, lalalalalalala).

Seagal empezó especializándose en un tipo determinado de papel. Sus primeras películas se ceñían todas a un guión similar: un excombatiente superexperto en toda clase de cosas molonas investiga a algún señor muy malo, que o bien mata a su familia para que lo deje tranquilo o bien trata de matarlo a él, que escapa por los pelos (pero su familia muere de todas formas). Entonces empieza una feroz historia de venganza contra el señor malo (que siempre es “un respetado miembro de la comunidad”, ¿o es que no habéis oído esa frase mil veces?), en la que no faltan escenas en las que le da palizas a sus sicarios y le rompe el brazo a alguien mientras pone su cara de estar oliendo mierda. Parece que cobrara por brazo roto el tío. Y nunca le hacen nada, ojo. Más tarde, Steven trataría de diversificar su talento (“salir del encasillamiento” lo llaman también), coincidiendo con una época de revelaciones religiosas. Así, pasó de interpretar a exsoldados que le parten la cara a los malos a interpretar a científicos que le parten la cara a los malos, o también a seguidores del budismo que le parten la cara a los malos. La evolución no se detiene, decíamos… de todos modos, estas últimas producciones no disfrutaron del éxito de las primeras, quizá por el excesivo contenido intelectual y filosófico de las mismas. O eso piensa él, yo creo que es porque hoy en día su barriga le impide levantar la pierna por encima de la cintura, con lo que las escenas de lucha quedan muy deslucidas. Y así son las pelis de Steven Seagal.

Van Damme se dedicaba a recibir, básicamente. Como sabe cualquiera que haya visto más de una, sus películas se basan siempre en el mismo patrón: lo forran a hostias, lo siguen forrando a hostias, le dan palizas brutales, y en el último momento, cuando todo parece perdido, recuerda los nobles motivos por los que lucha (era lo único que cambiaba de una peli a otra) y, en un momento de revelación, le da una patada voladora al malo y lo tumba para siempre. Además, en un momento u otro de la peli se abre de piernas (es su firma personal, como el “volveré” del Terminator). Y así son las pelis de Van Damme. Da coraje pensar que alguien ha cobrado dinero por los guiones. Bueno, ahora que lo pienso, quizá nadie lo hizo.

domingo, 12 de febrero de 2006

Últimas lecturas

Bueno, creo que ya he superado el tema de los códecs. He visto ya la primera temporada entera de Spaced, que parece mucho pero son sólo 7 episodios. Es una buena serie y tiene momentazos, pero tampoco es para morirse. Con todo, merece la pena verla... si es que tienes los códecs adecuados.
Un poco en la misma línea va el nuevo candidato al premio de Lo Mejor de 2006. "Jhereg" es una novela de fantasía que baila entre la parodia y la aventura facilona. Sería digna de la hoguera de no ser porque el autor consigue mantener un ritmo rápido y entretenido, y logra que te rías con situaciones grotescas que en una obra inferior darían vergüenza ajena. En absoluto ayudada por su desafortunado subtítulo en castellano (Intriga en el Castillo Negro), Jhereg se desmarca de los clichés reuniéndolos a todos y riéndose en sus caras. Con todo, una lectura entretenida y ligera de la que uno no se arrepiente. Tengo dos tomos más en lista de espera (gracias Fernando), que serán los que definitivamente me hagan decidir si son una saga que merece la pena o se quedan en entretenimiento olvidable. La variedad de estructura y situaciones tendrán mucho que decir al respecto, porque la sensación que me quedó en Jhereg es más de haber leído un cuento que una novela. Temo que las continuaciones no aporten nada más al primer libro.
Recordando la polémica con el tema de mis alabanzas a Canción de Hielo y Fuego, no puedo evitar señalar la diferencia abismal que existe entre una serie y otra. Incluso siendo Jhereg un ejemplo más que digno de novela fantástica, sería ridículo tratar de compararla con CdHyF en cualquier baremo imaginable. Situarlas a las dos en el campo de lo meramente entretenido me parece un error de criterio bastante gordo.

jueves, 9 de febrero de 2006

Decíamos ayer...


Aunque para mí “Spaced” ha sido siempre la pista que cierra el Pisces Iscariot de Smashing Pumpkins, hay gente por ahí que asegura que también es el nombre de una serie de humor inglesa que está muy bien. Aunque no soy muy aficionado a ver series en el ordenador (ni películas, ni la tele, ni siquiera el Canal+), de vez en cuando me gusta relajarme un rato y echarle un ojo a esas cosas, cuando son buenas. Disfruté mucho con Enano Rojo, sin ir más lejos, y también hubo muy buenos momentos con Samurai Champloo, una serie que me hizo recuperar la fe en el anime (y también en los creadores de esa serie tan sobrevalorada que es Cowboy Bebop). Asi que cuando tuve la oportunidad, me agencié una copia de las dos temporadas con sus correspondientes subtítulos en castellano, imprescindibles para mí. Y entonces empezó el infierno.

La serie no se reproducía en ninguno de los programas que tengo instalados para estas cosas. Por cierto, tengo que decir que me jode mucho tener tantos programas que sirven para lo mismo. Que si el de Windows, que si Divx Player, que si Real Player, que si nosequé, que si nosecuánto. Normalmente funcionan todos, pero en algún caso alguien (“ellos”, diría un paranoico) se las arregla para que sólo puedas abrir un archivo con determinado programa. También tengo varios navegadores, varios programas para grabar cds e imágenes y también varios para reproducir música. Como todo el mundo, me imagino. Y luego lo llaman progreso.

Pero bueno, a lo que iba. No podía ver Spaced. O más exactamente, podía verla, pero no podía oír nada. Fue fácil descubrir que me faltaba algún codec. Qué coñazo los codecs. Ya digo que no soy muy aficionado a ver vídeos en el ordenador, asi que cada vez que me da por hacerlo tengo que bajarme codecs nuevos porque a algún capullo le da por inventar uno en el que quizá el sonido tiene mejor calidad (difícilmente distinguible para el oído humano, y totalmente imposible con los altavoces cutres que tengo, pero MEJOR al fin y al cabo) o tal vez ocupa un 2% menos de espacio (que ya ves tú que cosa). Pero en fin, el progreso es imparable, dicen. Va muy despacio, pero va. Y al menos es gratis.

Asi que busqué unos codecs por ahí. Encontré sin mucho problema un pack conocidillo que me consta que algún amigo mío tiene, y lo instalé inocentemente. Probé a ver si funcionaba, y ya no es que no oyera el sonido, sino que no abría nada de nada. Es más, tampoco me abrían otros vídeos que tenía que antes sí funcionaban bien. Sólo aparecía, en el mejor de los casos, un amasijo de colores sicodélicos barboteante, como un monstruo de Cthulhu vestido de Ruíz de la Prada. Todo esto me tocaba bastante los cojones, y desinstalé el pack del demonio. Después de hacerlo comprobé que todo seguía funcionando igual de mal, y empecé a cagarme en el puto mamón que había inventado los codecs de mierda. Probé a reinstalar el resto de los programas, pensando que se habrían contagiado de la tontería pero si los volvía a poner funcionarían bien. Pues no. Acabé descubriendo que el pack de codecs es uno de esos simpáticos amiguitos que cuando les ordenas que se desinstalen sólo fingen que lo hacen, pero siguen ahí agarrados a los recovecos de tu disco duro como una enfermedad infecciosa. Tuve que tomarme un tiempo en ir y exterminarlos yo mismo por las bravas. En el proceso, claro, también hubo daños colaterales: me cargué unas cuantas cosas que luego tuve que reinstalar. Finalmente, después de varias horas, conseguí dejar todo como estaba al principio. Pero la cosa no acababa ahí, aún tenía que encontrar los verdaderos codecs, era ya una cuestión de orgullo personal. Por fortuna di con una estupenda página dedicada a estos menesteres, que ya linkaré un día de estos porque me facilitó mucho la vida (y me da que la próxima vez que quiera ver algo me hará falta). En ella me enteré, de paso, de que se recomienda no instalar packs de codecs, porque a menudo arman un cristo y desatan el infierno en tu pantalla. O sea que no era cosa mía. Hay gilipollas que se dedican a hacer esos packs de mierda y a distribuirlos por ahí a sabiendas de lo que puede pasar y no te advierten ni nada.

Finalmente lo logré, después de bajarme muchas cosas, reiniciar varias veces y reinstalar unos cuantos programas. Cuatro horazas haciendo el tonto con esto, pero lo logré. Ya era tarde, pero quería ver aunque fuera un capítulo, por mis cojones. Entonces descubrí que los subtítulos estaban en inglés. No veas qué risa. Lo cerré todo y me puse a jugar al Final Fight, imaginando que cada pandillero que aparecía era un informático terrorista de los codecs. Disfruté mucho.

PD
Al final por la noche ví 3 capítulos, y otro más el día siguiente. De momento no está mal, pero aún no creo que haya merecido la pena por todo lo que tuve que pasar. Eso sí: personaje favorito: Brian, claramente.