jueves, 13 de marzo de 2008

Se supone que es automático, pero en realidad hay que apretar un botón

Todo es ponerse, chavales. Parece que 2008 va a ser un año bastante más prolífico en cosillas interesantes de leer: después de las estupendas historias del calcio de Enric González, tuve el placer de degustar un buen plato de cf de la mano de John Brunner. Todos Sobre Zanzíbar es una novela caleidoscópica que por momentos se hace bastante extraña, precisamente por esa mezcla radical de ingredientes crudos. Tenemos desarrollos sociales interesantes, sobre todo, pero también cyberpunk creíble, lavados de cerebro, acción de espías, política empresarial, inteligencias artificiales, ingeniería genética…. Pero el toque maestro de TSZ viene en los pequeños capítulos de Contexto, donde simplemente se cuentan cosas. Cosas que nada tienen que ver con la historia principal, simplemente contextualizan la acción. Todos diferentes, algunos cortos, algunos largos, muchos directamente desquiciantes. Lo más admirable es la manera en que efectivamente consiguen su propósito; la inmersión en el mundo es total, la amplitud y profundidad, vertiginosa. Probablemente lo que más me llama la atención de TSZ sea lo eficaz que es la estructura errática del libro.

No obstante, también tengo un par de peros que ponerle. Lo primero, y menos importante, es que la edición que tengo, una bastante reciente de La Factoría, está trufada de erratas, faltas de ortografía y fallos de puntuación. Igual soy un tiquismiquis, pero esas cosas me irritan. Lo segundo, que ya tengo que admitir que es un error de bulto, es el final. Uno de los grandes misterios durante todo el libro se resuelve finalmente de una manera un tanto chapucera y facilona que a mí me decepcionó bastante. Caso típico de situación que te tiene en ascuas durante 400 páginas y al final te la ventilan en un pis pás con una explicación de lo más peregrina. Claro que no se me ocurre cómo se podría haber hecho mejor… es lo malo de plantear situaciones aparentemente imposibles: quizá resulte que lo son. En cualquier caso, una valoración muy positiva para Todos Sobre Zanzíbar, un buen ejemplo de buena ciencia ficción, que además nos deja personajes memorables como Shalmaneser y Chad Mulligan.

Además, tengo en perspectiva nuevos añadidos a la lista de candidatos que iré comentando aquí según vaya terminando de leer. Algo que me apetece comentar ahora, aunque aún no he terminado de leer y probablemente tampoco lo vaya a incluir entre los nominados, es que estoy leyendo La Sombra del Hegemón, de Orson Scott Card. Card se ganó un puesto en el Olimpo de mis escritores favoritos con la saga de Ender, particularmente con la extraordinaria La Voz de los Muertos, y también con pequeñas joyitas como Maestro Cantor. Por desgracia, ahora me veo obligado a hablar de la decadencia total de un autor al que, aunque de vez en cuando todavía se le ven pinceladas del genio pletórico que demostró en las obras que mencioné, ha caído en una extraña autocomplacencia que le hace girar una y otra vez sobre los mismos temas, los mismos planteamientos, los mismos tonos, cada vez con menos frescura, menos originalidad, y una más que notoria militancia religiosa que nunca antes se le había notado tanto. Últimamente siempre tiene a mano personajes creyentes, monjas, sacerdotes, fanáticos religiosos, cualquier cosa con tal de predicar las excelencias de la Palabra de Dios. Posiblemente al ser mormón tenga que cumplir con una cuota de monsergas de beata en su trabajo. No sé qué le pasa, pero por momentos da vergüenza ajena. Además, cada vez estoy más convencido de que es un tipo con ideas peligrosas. O quizá es sólo que es mormón. El libro es entretenido, porque Card siempre supo entretener, peroooo…. Quien lo ha visto y quien lo ve.