viernes, 10 de abril de 2009

Aquí Mismo

Que el dinero no da la felicidad lo hemos oído decir ya un par de veces. Siempre pensé que es cierto, aunque definitivamente tampoco me parece un obstáculo. Eso de la felicidad es una movida diferente para cada uno, asi que imagino que sí puede haber alguien por ahí para el que la felicidad sea tener mucho dinero. Puede ser, ¿no? Hay mucha gente en el mundo.


Lo cierto es que en mi trabajo he llegado a conocer a gente que tiene mucho dinero. Y es verdad que no parecen más felices que cualquiera. De verdad que tener 1.000€ o 100.000€ en la cuenta no supone, en principio, mucha diferencia. Claro que “mucho” es algo relativo, quizá es que tienes que tener uno o varios millones para que te cambie la cara. Supongo que lo descubriré con el tiempo; esos tipos hablan directamente con mi jefe por ahora. Aunque por lo que he visto de ellos, tampoco parecen en paz con el universo ni nada por el estilo.


Miro a mi alrededor y creo que hay una sensación generalizada de que la cosa tiene truco. Desde siempre existe esa creencia extraña que nos viene de no sé dónde (quizá de las pelis, o de los cuentos infantiles, o de las ilusiones, o qué sé yo) de que si juegas bien tus cartas o das el pelotazo o tienes los amigos adecuados, puedes cambiarlo todo. Es lo que en las pelis americanas llaman “lograrlo”. Llegar a la cima, ser un triunfador, toda esa historia. Hay mil películas que hablan de ello. Te lo pintan como un mundo fuera del mundo en el que viven los elegidos para la gloria y que, si consigues entrar en él, entonces “lo has logrado” y todo va a ser felicidad y maravillas para siempre. En las películas el tipo suele ser alguien sin medios que consigue labrarse una posición con la única ayuda de su ingenio o su habilidad y llega a lo más alto desde la nada. A los americanos les gusta esa historia, no paran de contarla, me pregunto si se la creen.


Es mentira, claro. Al menos en espíritu. Yo creo que la gente es siempre igual en lo esencial, es como es. En el fondo dudo mucho que importe a dónde has llegado si no puedes estar contento sin hacer nada un día cualquiera. Todo eso de ir escalando, esa carrera contra todos, ese deseo por lograr objetivos (siempre cuantificables en dinero o estatus), esa obsesión por “conseguirlo” y llegar a la cima, es una persecución vacía de significado. Porque una vez que lo haces, sigues siendo tú, haciendo lo que sea que hagas, necesitando lo que sea que necesites, algo nuevo cada vez. Y sospecho que un día echarás la vista atrás y descubrirás que durante todo ese tiempo no había nada, que nunca ha habido nada.


Por eso soy tan feliz ahora, aquí mismo. Porque escucho una buena canción y veo los árboles mecerse por el viento en la ventana, y las olas romper allá lejos, en la costa del morrazo, y me siento genial sin tener que esperar a conseguir nada mañana.


Hala, ahí queda eso.

sábado, 4 de abril de 2009

Bersión Original

Desde siempre he sido un defensor del doblaje. Toda la vida viendo cine y series dobladas tiene que contribuir a esto, pero siempre he pensado que un doblaje bien hecho permite disfrutar más de lo que sea que estés viendo. Y siempre he pensado que en España, y especialmente en Galicia, tenemos una estupenda industria del doblaje, si es que se la puede llamar así. Un buen doblaje puede incluso mejorar al original. Me viene a la mente, por ejemplo, cualquier peli de Bruce Willis, que mola mucho más en castellano que en inglés. Supongo que se debe a que Ramón Langa es mejor actor que Bruce Willis, así de sencillo. Y ver Dragon Ball en gallego era como un millón de veces más divertido que verlo en castellano. Mejores actores, mejor entonación, mejor selección de las voces. Muchos dirán que es el efecto nostalgia, pero me parece evidente que no es así. En Shin Chan, por ejemplo, se nota esa diferencia una vez más y ahí no puede haber asomo de nostalgia por parte de nadie. Yo he visto a una cuadrilla de viejos en una taberna descojonándose con Shin Chan, porque la adaptación al gallego es muy auténtica y es fácil conectar con las payasadas que hace, porque aunque no tengan puta gracia la manera de hacerlas es divertida. En castellano no tienen puta gracia, y punto. Pasa lo mismo con la Nanny, y con la mayor parte de las cosas que he podido ver en ambas lenguas. Habrá excepciones, claro, pero serán eso.


De un tiempo a esta parte, sin embargo, me he visto obligado a cambiar de opinión. No sé si es porque la calidad del doblaje ha descendido o es que uno ha aprendido a vivir con los subtítulos, pero es realmente desagradable escuchar lo que hacen con películas y, sobre todo, series, que se estrenan últimamente. La idea de escribir este post la tenía desde hace tiempo, como mínimo desde que escuché la voz tan homosexual con la que se ha quedado en España el pobre Dexter, pero el detonante definitivo ha sido The Wire.


Cualquiera que haya hablado conmigo en las últimas semanas ha tenido que oírme proclamar que The Wire es la mejor serie de televisión que he visto jamás, y que estoy convencido de que es la mejor que se ha hecho nunca. No voy a hablar ahora de las infinitas virtudes de The Wire, sino que la voy a usar de ejemplo para señalar las razones por las que el doblaje es hoy, en general, muy malo. En The Wire se dan de lleno, y en todo lo que se dobla, también se dan en mayor o menor medida. Y en esencia, son solamente dos, aunque a veces se apoyan entre sí:


  1. Mala elección de las voces. Hay un terrible vicio de caer en clichés y lugares comunes con las voces. Casi todas las voces que se oyen son el mismo tipo de voz; tienen lo que los músicos llaman “el mismo color”. Al protagonista le ponen una voz de chico bueno, una voz limpia y modulada, nunca demasiado grave. Las voces graves suelen reservarlas para los malos. Normalmente se escapa de las voces llamativas y de los timbres extraños. Y sobre todo, se evitan los acentos. Todo lo que se oye en castellano es perfectamente neutro y limpio, la voz no te dice nada del personaje. Para mí esto resta mucha humanidad a la interpretación, y en una serie como The Wire es realmente mutilar parte de la diversión. Porque hay personajes a los que no les pega una voz así. Claro, se puede decir que depende de a lo que te acostumbres, pero los tonos definen a un personaje tanto como su apariencia visual, y la verdad es que no te causa la misma impresión ver a un tipo que tiene voz de decorador gai que a uno que tiene voz de alcohólico cabrón. Parece el mismo tipo, y dice las mismas cosas, pero no es la misma persona, no del todo. Hay tonos que se pueden perdonar, pero un personaje como Omar (ejemplo fácil) debería sonar de otra manera.


  1. Malos actores. De lo peor que le puede pasar a cualquier espectáculo es tener malos intérpretes. Esto no necesita de mucha explicación. Sospecho que en doblaje, el coste es una de las prioridades de las productoras, y se gastan menos dinero en producciones de las que esperan menos en términos de éxito comercial. Puesto que The Wire no es una serie comercial, le ha tocado sufrir esta lacra. Es especialmente doloroso cuando puedes comparar las dos versiones. Lo que en el original es una interpretación brillante (y me asombra el número de buenas interpretaciones que hay en la serie), en la versión doblada suena a falso, a leído, a increíble. Es la diferencia entre ver una escena de la vida de alguien y una actuación impostada. En The Wire esto pasa, sobre todo, con los actores secundarios, con esos tíos que no tienen muchas frases y para los que (sospecho) no merecía la pena contar con un actor decente. Lo cual es grave, porque, como se descubre con el tiempo, no se trata de una serie típica de protagonistas, secundarios y extras, sino que es una historia coral de vidas cruzadas en las que el papel de protagonista cambia totalmente de una temporada a otra y a veces incluso de un capítulo a otro.


Lo peor llega cuando los dos problemas se mezclan. Malos actores con voces que no pegan. En The Wire hay muchos (muchos) personajes, de muchas y diversas extracciones sociales y de diferente nivel de educación. En v.o. sólo con oírlos ya sabes (casi) qué tipo de persona son. Hablan diferente. Tienen acentos. Y no me refiero solamente al uso de jerga. En la misma primera escena de la serie, un policía blanco habla de un crimen con un negraco del guetto. Si cierras los ojos, en castellano no podrías decir cuál es cuál. Os aseguro que en el original queda claro. Además está el problema de la jerga. Sí, en castellano también usan jerga, pero con ese tono neutro y limpio todo el tiempo. Salvo el doblador de Bubbles, que intenta poner un tono de pasota colgao; no es que le quede bien, pero al menos lo intenta. Quizá el problema sea que los dobladores no están familiarizados con la manera de hablar de las comunidades marginales. Uno puede tener una dicción perfecta, puede ser incluso un buen actor que domine las inflexiones y matices de la voz, pero si tienes que interpretar a un drogadicto pobre, o a un negro de las barriadas analfabeto que no ha ido al colegio, entonces necesitas algo más que eso. Y no creo que haya manera de aprenderlo en ninguna escuela.


Mi opinión (y es La Verdad) es que viendo The Wire doblada al castellano uno se pierde por lo menos el 65% de la diversión. O más. Y esto pasa, en menor o menor medida, con todo lo que se dobla. Es una pena que la “edad de oro de las series” nos haya coincidido con la decadencia del doblaje.