martes, 29 de septiembre de 2009

Política

Uno sabe que se está haciendo viejo cuando empiezan a interesarle cosas absurdas como la política. Toda mi vida pensé que podría escapar de lacras de este tipo. "Son otros los que pierden el tiempo con esas cosas", pensaba yo. Ah, qué vueltas da la vida.

Siempre me pareció (y en el fondo me lo parece aún) que la política no es diferente del fútbol sin goles: uno elige su bando y lo defiende hasta el final, pase lo que pase, llueva o truene, se juegue bien o no, y discute animadamente de ello en tertulias de café vacías sin ver nunca ninguna consecuencia llamativa. Un 0-0 eterno, inmutable.

Como nunca me interesó, tampoco me preocupé nunca de ir a votar. Recuerdo claramente la primera vez que voté; fue en aquella ocasión justo después del 11-M. Como veis, había logrado estar varios años sin acercarme a una urna, aun teniendo el derecho legal (y no falta quien asegura que la obligación cívica) de hacerlo. En aquella ocasión fue un voto de hastío provocado por una suma de cuestiones variadas, de las cuales la mayor fue el tema Prestige. Ya había decidido el voto mucho antes del 11-M; aún así para algún miembro del partido derrotado debo de estar en el saco de los que apoyan el terrorismo por dejarme influenciar por los atentados.

Una vez hecho esto y cumplida la misión, volví a despreocuparme. No sentía especial afecto por el partido que voté, si hubiera podido hubiera hecho un voto negativo al partido que no quería votar. Siempre digo que la abstención se reduciría drásticamente si uno pudiera votar negativo. Es mucho más fácil estar seguro de lo que no se quiere que de lo que se quiere. E igualmente legítimo. Si las urnas dictaminan la voluntad del pueblo, no veo por qué han de dejar fuera la mía. Pero jamás veremos esto, claro, porque perjudica a los grandes partidos.

Pero últimamente no es raro que me asalten ideas relacionadas con el tema de la política. Hay muchos motivos. El más importante, por supuesto, es que me estoy haciendo viejo. Pero también me fascina que haya tanta gente que se toma en serio lo de votar, y que de alguna manera hace un tiempo que leo cosas relacionadas con política e incluso (quién lo hubiera dicho) la prensa. Hoy estuve leyendo la columna de ayer de Enric González (ésta) y mi mente derivó de la aparente modorra social que denuncia a las posibles alternativas a tomar.

Y me encontré con que no se me ocurría ninguna. ¿Qué puede uno decir? El Gobierno es desastroso. ¿Qué hace? ¿Qué piensa? Parece que nadie lo tiene muy claro. Sus propuestas más notorias desde hace algún tiempo (culminadas con el tema de la subida de impuestos) parecen aberrantes. Muchos de los problemas serios que arrastrábamos siguen sin solución, dos legislaturas después. Se vuelve uno hacia la oposición, y ¿qué ve? Un gallinero de farsantes iracundos, devotos de las cultura del pelotazo, creyentes en la filosofía del acoso y derribo y con la repitición incesante como máximo recurso retórico. ¿Qué puede uno hacer para mostrar la repulsión que siente? ¿De qué manera se ha de manifestar la tensión de la que habla González en su artículo? No creo que sea un ánimo a coger los cuchillos, por tentador que parezca.

¿Está en el voto la respuesta? Debería, sin duda. El problema es que, a la hora de la verdad, sólo hay dos opciones. Y si hay que elegir entre comer mierda o que te den por el culo, las personas razonables y prácticas se quedan en casa, buscan el lado divertido de toda esta pantomima grotesca y se preocupan de cosas realmente importantes como seguir viviendo como cada uno pueda. Por eso no ves tensión, Enric. Porque sabemos que la solución está en los cuchillos, y eso plantea problemas morales aún más inquietantes.

¿Hasta cuándo tendrá que seguir siendo esto así?

viernes, 18 de septiembre de 2009

Hablando de Shadow Complex....

... una cosa curiosa es que dio origen a una novela. Normalmente estas cosas suelen ser al revés; un tipo escribe un libro de éxito y alguien se anima a hacer un videojuego con él. Con las películas también pasaba lo mismo, aunque desde hace unos años venimos viendo la tendencia contraria. Ahora por fin también ocurre con los libros. Ya sé que tampoco es nada nuevo, que algún pobre desafortunado habrá tenido que resignarse a escribir todas esas novelas de Starcraft, pero (creo que) con Shadow Complex es la primera vez que lo hace un autor reputado. Los productores del juego se pusieron en contacto con Orson Scott Card pa que les echara una mano con el marco argumental del juego y se ve que le cogió el gustillo y acabó escribiendo Imperio, novela publicada un par de años antes que el juego. Aficionado como es a las sagas interminables, el bueno de Orson ya ha anunciado una continuación, Imperio Oculto. Yo tenía noticia de todo esto mientras jugaba y el otro día, que me dio por pasar por la Casa del Libro, me encontré la novela en un estante y me la compré.

Yo siempre he considerado a Card como un gran escritor, un narrador brillante, adictivo, sobrecogedor. Imposible hacerlo de otra manera cuando lo conoces con Maestro Cantor, El Juego de Ender y (mi favorita) La Voz de los Muertos. Añádele además que es el tipo que escribió los diálogos de la lucha con espadas del Monkey Island y acabarás convencido de que cualquier conversación que tengan sus personajes será un deleite exquisito. Y lo que es más: tendrás razón.

Lo que ocurre es que el tipo no mantuvo el nivel. Yo soy comprensivo con esas cosas, no se le puede pedir a nadie que esté todo el tiempo al máximo. La saga de Ender baja mucho en El Genocida y luego se mantiene más o menos hasta el remate; para mí está bien, no desmerece. No le pasa lo que a Dune, para entendernos. Sin embargo, con el transcurso de los años he probado a leer más cosas de Card (algunas de las cuales fueron reseñadas aquí en la noche de los tiempos) y lo que transmite es una sensación de dejadez y decadencia asombrosas. Me parece increíble cómo este tío se ha enfangado en los mismos temas, en la misma manera rancia de hacer las cosas, de plantear la narración, en la sobrecarga de moralina y beatitud, en el "ambiente de pedofilia" que siempre parece infectar en mayor o menor medida a sus historias (el protagonista de Imperio no es un niño, gracias a Dios). Nunca antes (me refiero a sus buenas novelas) se le había notado lo militante de sus convicciones religiosas radicales, nunca parecía estar predicando desde las páginas, nunca pareció un homófobo o un facha. Desde hace ya algún tiempo, en cambio, sus ideas ensucian excesivamente sus obras, que además han perdido en frescura, interés y ambición.

"Imperio" es una novela muy entretenida que da buenos ratos de lectura, no se puede negar que Card aún guarda algo de lo que tuvo. Pero también es en cierto modo vulgar, muy superficial y perfectamente olvidable. La historia, que nos habla de un enrevasado complot para colocar en la Casa Blanca a un dictador tras una nueva guerra civil en los USA, sólo es interesante en la medida en que esperas una explicación de lo que se ve venir desde los primeros capítulos, pero esa explicación se queda en los pases de manos de un mago de feria (Card probablemente nos la ponga de cebo para la segunda parte). Los personajes, que siempre fueron un punto fuerte del autor, no están casi trabajados (sólo aparentan estarlo) y antes parecen marionetas que personas. Según veo por ahí, la novela está teniendo más repercusión por lo que plantea su argumento (una conspiración izquierdista para dar un golpe de estado del que tendremos que ser salvados por la buena y vieja derecha) que por lo que es literariamente. A mí no me ha parecido tan radical en ese sentido, pero siempre hay gente susceptible a la que le gusta montar pollos por estas cosas. Leyendo El Juego de Ender o La Voz de los Muertos yo hubiera dicho que el autor era de izquierdas, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, parece ser que hizo campaña por el candidato republicano en las últimas elecciones, y es bien conocida su firme oposición a los matrimonios gays. Parece ser que Card piensa que ser homosexual es pecado y que los homosexuales no pueden ser considerados miembros dignos de la sociedad.

La gran broma viene cuando uno se entera de que hubo un intento de boicot a Shadow Complex por el mero hecho de que Card estaba implicado tangencialmente en el proyecto. Me pregunto si también habrán planteado un boicot comercial a la ciudad de Greensboro, que es donde vive el tipo. Me pregunto cuántos de esos defensores de la moralidad hablarán del Monkey Island como un juegazo o se habrán comprado el reciente remake. Me pregunto si el mundo no se habrá vuelto loco y si realmente no necesitaremos un emperador dictatorial que imponga la cordura por la fuerza. Me presentaría voluntario, pero en días como hoy me temo que acabaría por exterminar a la mayor parte de la raza humana.

martes, 15 de septiembre de 2009

Juegos Históricos (del futuro): Shadow Complex


Muchos cuestionarán lo adecuado de considerar histórico a un juego publicado hace cosa de un mes, y que además no presenta ningún elemento novedoso respecto a juegos de la década pasada. Yo mismo estuve dudándolo hasta el último momento. Y es que es verdad: uno casi puede decir "yo a esto ya he jugado".

Shadow Complex viene a ser lo que en la frontera de los 80-90s se dio en llamar "videoaventura", un género que mezclaba arcade, plataformas y puzzles que tuvo representantes de cierto éxito (y cuyos nombres no consigo recordar, sé que había una versión de Batman y yo he jugado a alguna más pero los títulos se me han borrado de la cabeza). Tradicionalmente eran en 2d, pero eso era por las limitaciones del momento, como es lógico. Por ejemplo, yo considero que los primeros Tomb Raider son videoaventuras de toda la vida: hay malos a los que disparar, complejos sistemas de plataformas por los que trepar y saltar, y puzzles que resolver de diversas maneras para abrir caminos... y está todo ahí mezclado. Según esta definición podríamos considerar Half-Life como una videoaventura, pero no quiero desviarme tanto del tema asi que vamos a centrarnos.

La referencia directa y declarada de Shadow Complex es Metroid, un juego ya bastante añejo. Yo por desgracia no conozco gran cosa de la saga Metroid, pero sí conozco en detalle los Metroidvania (o Castletroid?) inaugurados con Symphony Of The Night, que como nos indica su denominación oficiosa beben de la misma fuente. Y puedo decir que el desarrollo del juego es idéntico. Todos los convencionalismos están ahí. Si obviamos el punto de vista estrictamente técnico, este juego podría haberse hecho exactamente igual en 1990.



¿Por qué entonces es histórico? Pues precisamente por eso. Desde Castlevania: Symphony Of The Night en 1997 (sino no recuerdo mal), que salió en Playstation 1, no hemos vuelto a ver el género tocando las consolas de sobremesa. Las excelentes y muy exitosas continuaciones de Castlevania se quedaron marginadas en DS, para regocijo de los que somos poseedores de la portátil de Nintendo. Ni hablar de los PCs, por supuesto. La saga Metroid se pasó a un enfoque FPS (tengo entendido que con éxito) y la franquicia de Castlevania se autoflageló con aberrantes intentos de pasarse al 3d e incursiones de dudoso gusto en géneros como la lucha 1vs1. Los desarrolladores de la nueva entrega de Castlevania han reconocido que se están inspirando en Gears of War (sic) para darle un nuevo enfoque, y todo un género de culto estaba completamente desaparecido del primer plano de la actualidad videojueguil hasta que la gente de Chair se soltó este órdago llamado Shadow Complex. El director, Donald Mustard, lo deja claro en varias entrevistas (de las cuales recomiendo ésta): estaba harto de que nadie hiciera juegos de los que a él le gustan, asi que se marcó un homenaje a su juego favorito (Super Metroid), a ver si alguien se cae de la burra y hace otro para que él pueda disfrutarlo como jugador.

Shadow Complex es un juego de 2009, es un juego en 2 dimensiones, es un juego visualmente precioso y es un juego de éxito (tiene el récord de ventas en XboxLive con 200.000 copias la primera semana). Si esto no sirve para establecer, de una vez por todas y para siempre, que se pueden hacer grandes juegos que funcionen a nivel artístico y comercial utilizando 2d y conceptos de diseño clásicos, entonces nada servirá. Espero que la industria entienda el mensaje que está transmitiendo todo esto y Konami haga por fin un Castlevania como Dios manda.



¿El juego...? Poco más se puede decir de él. Es digno heredero de SOTN, que ya es decir mucho. Es divertido y me lo pasé de maravilla jugando. Las pegas son que no es muy largo y que es relativamente fácil. Yo jugué en dificultad Normal y no fue una buena idea, ya que no hay prácticamente reto. Recomiendo empezar en difícil, y si lo rejuego para encontrar todos los secretitos lo haré así. Pese a todo, es probable que sea el mejor juego del año.