martes, 25 de diciembre de 2007

Felices o no, aquí estamos (y aquí seguiremos)

Decía Samuel hace poco, en el post con ese título tan cargado de significado para mí, cómo la luna llamaba la atención el otro día. También yo lo noté entonces, aunque no dije nada en el momento en que me sorprendió, colgando del cielo muy abajo, como un adorno navideño en un árbol imposible. Hubiera jurado que brillaba con su propia luz, pero sé que las noches ya no serán nunca iguales para mí, y que el resplandor que veía estaba grabado en mis ojos y no nacía en el cielo. Sin embargo la luz era fuerte y la noche clara, y cuando la vi reflejarse en la chica que estaba a mi lado, volví a preguntarme por un momento si realmente ese brillo estaba ahí y no en las cicatrices invisibles que llevo. Pero no dije nada.

Supongo que ahora toca una disculpa por mi prolongado silencio, un propósito de enmienda en mi costumbre de no decir nada, pero he hablado ya mucho y seguiré haciéndolo cuando me parezca, sin cumplir ningún horario y sin que me obligue una luna de invierno. Supongo que ahora toca una felicitación navideña, aunque ahora es la moda despreciar estos festejos, tan superficiales, tan hipócritas. Pronto la moda será reivindicarlos, y tener un árbol, y verse encantado todas esas películas que nos ponen por estas fechas. Me fascina que la moda pueda ir contra lo superficial.

Se acaba 2007, y parece que ha sido un año muy corto si vemos lo que he podido escribir de él, y más corto aún si vemos lo que he podido leer de él. Pero ha estado lleno de cosas, buenas y malas, y la mayoría muy extrañas. Tengo la sensación de que 2008 será igual de corto en algunos aspectos, y mucho más extraño en todos los demás. No lo digo por nada, es sólo una sensación que tengo.

Nuevo o viejo, extraño o conocido, alegre o triste, amigo o no, os deseo un buen año a todos.

lunes, 29 de octubre de 2007

Como en un Puzzle Maldito

Normalmente, cuando escribo algo aquí, primero hago el texto. Lo que sea, lo que toque. Luego le pongo un título adecuado. A veces el título surge a medias, lo pongo, y luego, quizá, acabo hablando de otra cosa. Otras veces, muy pocas, las menos, una frase o un nombre o cualquier cosa aparece y sé que es un título, un faro que me guía hacia lo que quiero. La mayoría de estas pocas veces ese algo acaba convirtiéndose en otra cosa y entonces el título cambia. Los títulos suelen ser lo último, y a menudo enlazan con algo que menciono en ese último párrafo: digamos que me los encuentro. Voy escribiendo y entonces aparece algún final lapidario o una sentencia “finalesca”, y entonces pongo punto final y refuerzo la idea con el título. Si uno asume que empiezo escribiendo el título, como los niños americanos escriben las redacciones del colegio, de esa manera tan extraña y antinatural que siempre me chocó (“Mis vacaciones de verano”, por Bobby Smith); entonces uno puede pensar que voy dirigiendo astutamente el discurso hacia ese punto que me interesa desde el principio. No es así, pero qué importa. A veces lo encuentras y a veces te busca.

Y otras veces, otras muchas veces, muy frecuentes últimamente, ahora que no hay tiempo ni ganas, el título aparece, brillante como mil soles cegadores quemando almas, y entonces sé lo que son y lo que significan, sé cómo contar la historia y conseguir ese cosquilleo extraño, esa cosa ajena. E incluso llego a escribir algún párrafo, antes de abandonar, de hacer alguna otra cosa importante, como jugar al ordenador, leer o echarme una siesta, si es de esos momentos aislados en los que estoy en casa y no me voy a ir enseguida. Para cuando uno vuelve, ya no hay ningún brillo, la llama se ha apagado, si es que alguna vez ha dejado de ser algo más que unos rescoldos esquivos de una mala idea, y deja tras de sí el cadáver descompuesto de unas frases deslavazadas que apenas defienden su dignidad como un viejo noble empobrecido que se aferra a su título. Porque, aunque muertos, saben que su título les sobrevivirá.

Como pequeño homenaje, he aquí los títulos de algunos posts que pudieran haber sido, pero no fueron. Tras cada uno de ellos, había algo interesante. Incluso tras este.

  • Las cosas que me hacen llorar
  • Admírame, quiéreme!
  • Sé que estás ahí
  • Fuera de mí
  • Por encima del Bien y del Mal
  • 2x1
  • En diferido
  • El valor de las sonrisas
  • Como en un puzzle maldito
  • Críptica
  • Violencia doméstica y otras patochadas
  • Yo soy cola, tú pegamento

domingo, 2 de septiembre de 2007

Yo Soy el Fin de la Humanidad


Siempre me han hecho gracia esos villanos locos cuya ambición máxima es Destruir el Mundo. Para qué cojones vas a destruir el mundo, me preguntaba yo siempre. ¡Que luego no tienes dónde vivir tú! Y lo peor no es eso: lo peor es que no va a quedar nadie ante quien presumir.

Pero pensándolo bien, acabar con la humanidad es una meta interesante. Extinguir hasta el último reducto de civilización, aniquilar la inteligencia humana, convertir el planeta en una gran bola de escombros en ruinas… tiene cierto encanto romántico. Es definitivo. De alguna manera puede decirse que sería la obra de arte suprema. Una manera de expresión contundente, grandilocuente, atemporal, eterna. Es una tarea tan grande y que promete tanta satisfacción en ese momento de catarsis total que sería apretar el “botón rojo”, que casi dan ganas de ponerse a ello.

Por desgracia, el típico científico loco de ficción que quiere destruir el mundo no tiene motivaciones tan elevadas. Suelen ser tíos desquiciados, perturbados con la mente nublada, movidos a menudo por el rencor y el resentimiento, con un fuerte complejo de inferioridad. Tipejos patéticos. A la hora de la verdad, creo que todos conocemos a muchos pobres desgraciados que en un momento de autocompasión egocéntrica activarían el Dispositivo del Juicio Final para que el mundo compartiera su desesperación, para que tuvieran que lamentar los desaires que le hicieron. Supongo que por eso hay siempre una cuenta atrás, son necesarios al menos unos instantes para recriminar, para gritar “jodeos ahí!”, para deleitarse en los gritos, en el horror de los demás.

Un villano así carece de dignidad y para mí no tiene demasiado interés. Además, siempre suele acabar en ridículo. No puede haber nada más humillante que dedicar toda tu energía a vengarte de la humanidad y no conseguirlo. Porque después de que el Bruce Willis de turno desbarate tus planes, te tumbe a hostias y se de un morreo con la cachonda que te escupió a la cara cuando le ofreciste reinar en la Nada a tu lado mientras aún estás lloriqueando en el suelo de la sala de controles, probablemente traicionado por algún lugarteniente o tras haber caído en alguna de tus propias trampas, entonces es cuando viene lo peor. Porque tocará leer en los periódicos toda clase de perfiles psicológicos diciendo que en realidad eres emocionalmente inestable, o que tus padres te pegaban, o que tienes un trauma porque cuando eras pequeño te violó un rottweiler. Saldrán antiguos compañeros de clase diciendo que ya entonces eras un poco rarito, contando anécdotas de cuando te encerraban en las taquillas y suplicabas que te dejaran salir, y probablemente muchas otras, la mayor parte de las cuales serán inventadas pero todo el mundo se creerá. Y todo lo magnífico, lo desafiante de asumir una tarea titánica de proporciones cósmicas quedará reducido a nada, a menos de nada, a un imitador yendo al Diario de Patricia a contar que él también va a destruir el mundo si no vuelven a editar la trilogía de la guerra de las galaxias con el montaje en el que Han Solo dispara primero. Lamentable.

En cambio, un tipo que se plantee destruir el mundo simplemente por comprobar si es capaz de hacerlo, que quiera hacer algo que realmente deje huella a nivel cósmico, ese es un villano de quien me gustaría saber más cosas. Que yo sepa no hay ninguno así, es una lástima.

jueves, 30 de agosto de 2007

Fragmentos de Inexistencia (4)

¿Qué diría si hubiera palabras? ¿Qué no querría hacer, si pudiera? Ver el reflejo del sol en tu mirada, y tal vez viajar un poco más lejos cada día. ¿Y qué más da si a nadie le importa? Todavía puedo cerrar los ojos y creer. Aún puedo pensar en otras vidas y cambiar el rumbo de las nuestras. ¿Y qué más da si es un sueño? Si estoy contigo ahí, ahí es donde quiero estar. Y recuerdo cosas que nunca he vivido y recuerdo momentos que no han ocurrido. No me digas que no son reales, porque me duelen lo mismo. ¿Y qué más da si no me entiendes? No seguiré el mismo camino. Niego la indeferencia de la Razón y creo en los milagros. Sé que esto puede ser mejor y puedo soñar cambiarlo si me ayudas. ¿Y qué más da si estoy loco? Si los cuerdos se matan entre sí fingiendo que no pasa nada. El amor nos prepara para la muerte, pero ¿qué nos prepara para el amor?

Y, ¿qué más da, si te quiero?

martes, 21 de agosto de 2007

Decíamos Ayer...

Lo que acabáis de leer es una sencilla historia cotidiana, concebida a toda prisa para ilustrar una estupenda ilustración de Miguel Porto. Valga la redundancia, claro. ¿Veis? Ahora yo también puedo decir que soy ilustrador. Sólo que uso palabras en lugar de pinceles. O lo que sea que use ese tío para dibujar.

Fue algo bastante contrarreloj. Vi un boceto de la ilustración y luego estuve una semana esperando que se me ocurriera algo que le fuera bien. Decidí que no me ceñiría estrictamente a lo que pasaba en el dibujo y que intentaría captar algo del espíritu. Pero seguía sin tener ninguna idea concreta. Finalmente llegó: una noche me desperté tosiendo, pensando en lo mal que me sentaba y en si estaría incubando alguna enfermedad. Medio dormido como estaba, lo relacioné con lo que tenía que escribir, y al día siguiente me puse a ello. Se lee en una patada, pero me costó una hora de teclear. Escribo lentamente.

Fue divertido escribir con un propósito y un fin concretos, más allá de mi propio entretenimiento o de lo que suelo hacer en este blog. Por fortuna, en este blog hago lo que me da la gana, así que voy a intentar recuperar ese puntillo de diversión de cuando escribes ficción pura. Algo distinto para variar que iré intercalando con las cosas de siempre. Tenía pensado escribir unos cuantos mensajes para poder ir relacionándolos entre sí y presentarlos a un ritmo adecuado (cosa que sería una novedad, como mínimo), pero he descubierto que me interesa más la emoción del directo, si es que eso es posible de alguna manera en este medio. Es como tirarse de cabeza a la piscina. Así que nada, ya iré improvisando algo. Al cuerno con todo.

lunes, 22 de enero de 2007

Cotidiano




María se despertó con arena en la garganta, tosiendo. Le costaba tragar saliva y hacía demasiado calor. Desde el día anterior temía estar incubando alguna enfermedad, y ahora estaba segura de que el polluelo había salido del cascarón. Se incorporó con cuidado para no despertar a Miguel, y el resplandor fluorescente del despertador le indicó que eran casi las 4 de la madrugada. Quedaban menos de tres horas para levantarse.

Salió muy despacio de la cama, a oscuras, tanteando con el pie para encontrar las zapatillas. Miguel seguía durmiendo, y María pensó que probablemente no se despertaría aunque encendiera la luz y se pusiera a saltar sobre la cama. Esa idea le hizo sonreír. Él siempre conseguía hacerla sonreír, incluso ahora, durmiendo, con dolor de garganta y mareo incluidos. Se detuvo a mirarlo a la luz tenue que se filtraba entre las cortinas, tratando de adivinar la forma de su rostro en la silueta que se recortaba contra la blancura de la almohada, sintiendo otra vez aquel cosquilleo familiar que a veces le hacía pensar que el mundo era perfecto, que lo tenía todo, que todo iría bien para siempre. Dejó que un suspiro arrullara su descanso, se puso la bata y salió al pasillo.

No se sentía bien, pero sabía que encontraría analgésicos en el botiquín de la cocina. Ella no solía preocuparse mucho de esas cosas, pero afortunadamente su madre se había encargado de que dispusieran de un botiquín digno de un hospital, era una de sus manías de madre. Con un poco de suerte iría a trabajar mañana fresca como una rosa; mañana no podía faltar, mañana no. Estaba a punto de cerrar un trato importante con una firma holandesa de distribución. Ese acuerdo podía significar mucho para su empresa, y para su futuro. Mañana podía ser el gran día, todo estaba listo. No podía faltar mañana.

Encendió la luz de la cocina, y al principio no entendió qué hacía allí un hombre cargando aquella pesada mochila. Tardó unos segundos en darse cuenta, incluso intentó gritar cuando vio que él cogía un cuchillo del soporte. Su garganta se cerró, un acceso de tos le impidió emitir siquiera un gemido; el cuchillo, también regalo de su madre, atravesó su cuello con violencia. Sólo dolió un poco. En el tiempo que tardó en ahogarse, entre sangre y lágrimas, se alegró de no hacer mucho ruido. Miguel todavía podría descansar esa noche con calma.

Ilustración: Miguel Porto

domingo, 21 de enero de 2007

Carpetazo

Hace tiempo hice uno de esos absurdos tests de personalidad que circulan por la red. Todas esas cosas me parecieron siempre una chorrada y no tengo mucha fe en las posibilidades de la psicología. Eso no quita que en los momentos muertos pueda entretenerme con chorradas y no sienta una saludable curiosidad. Curiosidad avivada por un cierto egocentrismo que hace que me interese en las cosas que parecen interesarse por mí.

No recuerdo quién me mandó el link a esta página. Hice el test lo mejor que pude, teniendo en cuenta que mi inglés no me permitió comprender unas cuantas preguntas, por lo que sus resultados son aún menos fiables si cabe. Guardé los resultados porque, eso lo recuerdo, había un par de comentarios que quería hacer aquí sobre ellos, tanto en lo que se refiere a lo bien o mal que aciertan en su descripción de mi personalidad como a su utilidad general como herramienta de diagnóstico o terapia (nula). Lo que no recuerdo es cuáles eran esos comentarios. Pasó demasiado tiempo, y pasaron demasiadas cosas. Fue una sorpresa encontrarmen el código con la tabla de resultados en el archivo que uso para escribir los borradores de estos posts. Bueno, ya no sé lo que quería decir, pero pondré mis resultados igualmente. Quizá se os ocurra algo a vosotros, y de paso doy carpetazo a todo el asunto.

Take Free Advanced Global Personality Test
personality tests by similarminds.com

Stability results were high which suggests you are very relaxed, calm, secure, and optimistic..
Orderliness results were moderately low which suggests you are, at times, overly flexible, improvised, and fun seeking at the expense of reliability, work ethic, and long term accomplishment.
Extraversion results were medium which suggests you are moderately talkative, outgoing, sociable and interacting.


Y estos son rasgos de mi carácter según el engendro este:
messy, tough, disorganized, fearless, not rule conscious, likes the unknown, rarely worries, rash, attracted to the counter culture, rarely irritated, positive, resilient, abstract, not a perfectionist, risk taker, strange, weird, self reliant, leisurely, dangerous, anti-authority, trusting, optimistic, positive, thrill seeker, likes bizarre things, sarcastic

domingo, 14 de enero de 2007

Y el ganador es… Paul Auster, por La Noche del Oráculo



En dura y feroz pugna con Sapkowski, un finalista de lujo, Paul Auster consigue alzarse con el premio más prestigioso de 2006, al que optan las mejores obras de todos los tiempos que hayan sido leídas por mí en cada año. En esta segunda edición la lista de candidatos fue más larga que en 2005, y me quedó la sensación de que el nivel de las obras seleccionadas tenía más altibajos. Sin embargo, la elección final fue mucho más difícil. Esto es un mérito extra para Auster, que además hacía doblete en la lista con Brooklyn Follies.

La Noche del Oráculo es un vencedor justo, por muchos motivos. Es una obra en la que cada ladrillo encaja con precisión y elegancia. Auster no solo nos ofrece su habitual dominio del lenguaje con clase y estilo, sino que además propone una historia “por capas”, con diferentes niveles narrativos que se entrecruzan con fluidez. El uso de las acotaciones a pie de página como elemento narrativo per se es original y eficaz de un modo que no había visto antes, precisamente porque se integran en la historia a un nivel que normalmente no sería posible. En el fondo, subyacen temas que ya empiezo a ver como típicamente austerianos, concretamente el puro azar como hilo conductor de nuestras vidas y la ciudad de Nueva York como escenario y marco de referencia.

En definitiva, un libro excelente que es un placer leer. Felicidades, señor Auster.