domingo, 31 de diciembre de 2006

Volver

Pues sí, es uno de mis propósitos de año nuevo: volver a darle un poco de vida a esto. El martes se cumplirían dos meses sin actualizar, de no estar escribiendo esto ahora. Está muy lejos de la saludable media de 5 posts al mes que venía manteniendo durante los 18 meses anteriores. Los motivos del parón son muchos y variados, y la mayoría siguen por ahí, para qué lo vamos a negar. Ahora son las tres y pico de la mañana y no estoy como para ponerme a contar cosas, asi que este mensaje servirá sólo para confirmar que sigo vivo, estoy bien, y pienso volver. Ya que Wally Week va a dejarnos sin Pyjamarama!, sería demasiado cruel que yo cerrara el chiringuito también. Aquí seguiré, haciendo el tonto como el primer día, aunque quizá no tan frecuentemente.
Nos leeremos en 2007. Feliz año a todos!

jueves, 2 de noviembre de 2006

Interludio

Llevo unos días de vacaciones, y es genial. La vida debería ser siempre así. Un eterno “haz lo quieras”, la libertad de ser lo que uno sea. No estoy haciendo nada en concreto, sólo disfruto de cada pequeña cosa.

He leído varios libros, que han pasado a engrosar la lista de candidatos. La Paja en el Ojo de Dios ha sido una lectura estupenda, c-f clásica en su mejor tradición. No carece de defectos, sin embargo. Le falla el ritmo hacia el final, y hay cosas que me chocan. Quizá simplemente ha envejecido mal. En algunos momentos, los personajes aparentan excesivamente ser los clichés que son. El trasfondo del universo se me hace poco trabajado, aunque lo cierto es que no lo es menos que otros muchos que he visto. Quizá es sólo eso, que se parece demasiado al Imperio de Asimov o incluso al de Dune. Un gobierno feudal imperialista-absolutista en el futuro lejano es interesante, pero decididamente poco realista y poco original. El concepto arbitrario de gobierno cuasidivino, de nobleza “por la gracia de Dios” me resulta incongruente en una sociedad culta. Tiene glamour, es cierto, pero eso es todo lo que tiene. Ese tufillo orgulloso y patriota que tienen algunos personajes me rechinaba todo el tiempo. Los protagonistas, de hecho, son casi todos pijos de una manera u otra. Demasiado de una pieza, y demasiado autocomplaciente. También me llama la atención el tratamiento de la religión. La religión oficial es la católica, pura y simple. Tal cual como en la edad media, tanto en contenido como en relaciones con el poder gobernante. Creo que es ingenuo considerar una sociedad de estas características en el futuro. En lo referente a esas cuestiones, la novela es superficial e insatisfactoria. Pero es que no va de eso, claro. El marco social es sólo la excusa para el tema central, que es el contacto con una raza extraterrestre. En ese sentido, la novela es brillante y de gran interés. Queda recomendada.

Hoy mismo acabo de terminar también La Sangre de los Elfos, el tercer libro de la saga de Geralt de Rivia. Ya he hablado antes de esta saga. Es fantasía de la buena, en una óptica europea y no americana, para variar. Es realmente divertido, y está realmente bien hecho. Este tercer libro es una novela al uso; deja de ser, por tanto, una colección de relatos entrelazados como los dos anteriores. Mantiene la elegancia en el estilo, el sabor delicioso del lenguaje, tan propio, y el sentido de la maravilla que tan naturalmente logra evocar. En mi opinión, mantener el nivel es algo que tiene mucho mérito. Que estos tres volúmenes formen parte de una saga hace que para mí tengan más valor que si se tratara de tres buenas novelas independientes. Aunque me parece cansina y ridícula la manía de escribir fantasía en sagas, obras como este Geralt de Rivia redimen un poco al género. Y es que, de la misma manera, si varias novelas mediocres forman una saga, me parecen mucho peores de lo que son. No sé si hay algún motivo razonable para esto, es sólo lo que siento visceralmente. Tras esta Sangre de los Elfos, Sapkowski empieza a optar con verdadera fuerza al premio, cuando antes no me lo había tomado realmente en serio. Lo cierto es que se trata de una obra inspiradora y fascinante, y queda recomendada otra vez. Auster, Graves y Niven me parecen ahora mismo los grandes aspirantes junto al polaco.

Por cierto, sigo por aquí…

martes, 17 de octubre de 2006

Fácil y Duro

En inglés son antónimos, pero en castellano pueden ir de la mano. Todo es tan fácil que uno prefiere no verlo, porque es duro vivir pensado en lo que podría haber sido y no fue. Es más fácil ver imposibles que luchar duramente por conseguir algo. Pero eso no es un camino fácil, es sólo un camino cobarde. A menudo es duro elegir el camino fácil, que es casi siempre el mejor. Porque hacer lo correcto suele ser muy fácil, pero terriblemente duro. Porque a veces hay que levantarse y plantar cara, cuando uno preferiría quedarse donde está. A veces hay que ser rígido y responder que no, cuando uno preferiría cerrar los ojos y responder que sí. A veces hay que apretar los dientes y perdonar. Y a veces hay que cargar con las culpas y pedir perdón.

Es fácil. Es duro.

lunes, 9 de octubre de 2006

¿Por qué no?

El tema de la mudanza va lento. Sería más correcto llamarlo semimudanza, porque tampoco es que tenga exactamente la intención de construir mi vida en otro lugar. Todo esto tiene un aire muy provisional para mí. Pero me apetece. Se avecinan cambios.

Y esos cambios alcanzarán también a este blog. Como allí no tengo previsto disponer de conexión a Internet, el ritmo de las cosas cambiará un poco. De momento ya ha cambiado a peor, como podéis ver. Pero me conozco un poco y creo que eso va a mejorar mucho en el futuro. Subiré las novedades cuando pueda, pero no dejaré de producirlas al ritmo que tenía antes de las vacaciones. No es ninguna clase de deseo o propósito, del cual sería muy legítimo desconfiar, es sólo lo que ha venido ocurriendo desde siempre. Y, a lo mejor, quizá me decido a cambiar un poco esto, a hacer alguna cosilla diferente de vez en cuando… pero no quiero adelantar nada aún.

Además, a principios de noviembre me tomaré unos pocos días de merecido descanso, y aunque aún no sé con seguridad lo que voy a hacer, gana puntos la posibilidad de acercarme a Barcelona a visitar algunos amigos y perder el tiempo en lugares diferentes. Asi que, es raro, pero a veces todo es vorágine y tensión y cosas, y al mismo tiempo es también calma y relax y algo que se parece un poquito a lo que dicen de la felicidad. Y, ¿por qué no? Está ahí para ti, si te apetece.

viernes, 15 de septiembre de 2006

Deformación Profesional

La memoria de la gente es corta, pero su rencor puede durar mucho tiempo. Así funciona el corazón humano. No es de extrañar entonces que rencillas absurdas perduren en el tiempo a través de las generaciones, sobreviviendo a aquellos que las originaron para atar y dirigir las vidas de sus descendientes por un camino de odio y rencor cuyas causas acaban siendo olvidadas. Pero el rencor permanece, amigos. Es lo maravilloso de los sentimientos. El amor nunca muere, el amor es eterno, sí, vale, puede ser, pero no es el único. ¿Por qué iba a serlo? De hecho, el amor, la confianza, la alegría, todas esas cosas tan bonitas, pueden venirse abajo y romperse con relativa facilidad. Pero el rencor, el odio, el miedo o la inseguridad son mucho más persistentes e intensos. Y por tanto, más abundantes. Estos sentimientos “negativos” son como malas hierbas, plantas que pueden crecer y desarrollarse en cualquier medio, sin ninguna necesidad específica de ninguna clase. Basta con cualquier campo regado de ignorancia.

Y uno puede verlo todos los días en muchas pequeñas cosas. Últimamente, hay algo que me llama la atención, un cliché al que nunca había hecho caso pero que ahora veo desde una perspectiva diferente a la de la mayoría de las personas. Tiene que ver con los bancos. Todos sabemos que los bancos son unos ladrones, y los políticos unos mentirosos, y los diseñadores todos maricones. Los catalanes unos cutres, los madrileños unos chulos de mierda y los andaluces vagos odiosos (y hay quien jura que es todo cierto). Quién sabe. Pero últimamente, con toda esta complicada situación de la vivienda que se está dando en el país, hay muchas conversaciones y comentarios sobre el asunto de las hipotecas, a los que por una inevitable cuestión de deformación profesional me resulta imposible no prestar más atención que antes. Los bancos son unos ladrones, y el principal motivo de queja de la gente son las hipotecas, que le esclavizan a uno durante 25 o 30 (o más!) años obligándole a pagar religiosamente cada mes una cantidad nada despreciable. Y es que con los intereses, uno acaba devolviendo mucha más pasta, y en cuanto firmas la hipoteca te tienen por los huevos, es como si hubieras vendido tu alma y desde entonces tuvieras que arrastrarte antes ellos el resto de tu vida. Bueno, es una forma de verlo.

Pero claro, en esencia lo que ocurre es que tú quieres comprar un sitio para vivir, como hacen las personas buenas y responsables con todo su derecho, y te pueden pedir perfectamente un dineral absurdo a cambio de ello. Un dineral que tú no tienes, claro. Entonces acudes a un banco a que te lo preste, y antes de hacerlo, ellos, como es natural, se aseguran de que estés en condiciones de poder devolvérselo, a la larga. Realmente no se puede estar seguro de nada en un plazo de 30 años, pero en fin. El caso es que te prestan el dineral y tú se lo vas devolviendo poco a poco durante una enorme parte de tu vida. Este es, a grandes rasgos, el concepto de hipoteca, y así ha sido desde siempre. Pero ahora pensemos en el tema desde el punto de vista de la inmobiliaria que te vende el piso (o la casa, o lo que sea). Tú has construido una vivienda, que te ha costado un dineral (o en realidad no, porque a menudo las venden ANTES de construirlas y realizan los pagos de terrenos, etc con las viviendas que se construirán DESPUÉS, con lo que casi no gastan nada, pero supongamos que no es así), y pretendes venderla, como es lógico y normal, por un dineral mayor para sacar algún beneficio. Eso sí, tienes que fijar un precio que se ajuste a la demanda, de modo que no sea tan caro que nadie te lo compre ni tan barato que quedes como un pringao cuando se lo cuentes a tus amigos especuladores. Asi que pones de precio un dineral jugoso, y la gente te lo compra. Como no tienes problemas para vender, en el futuro vas subiendo un poco los precios porque ves que la gente sigue comprando. Y sigue habiendo más gente dispuesta a pagar, y sigues subiendo los precios, y cada mañana te entra la risa floja cuando piensas en la rentabilidad de tus negocios.

¿Qué ocurre realmente? Simplificando mucho las cosas, lo que ocurre es que cuando uno tiene que pagar un Dineral que no tiene, en el fondo no importa tanto pagar un Dineral+1, o un Dineral+2, o incluso un Dineral+5. La única diferencia es que en lugar de pagar una cuota durante 30 años, la pagarás durante 35. Entonces miras a tu alrededor, ves que a todo el mundo le está pasando lo mismo, te encojes de hombros y te dices “de perdidos al río”. Creo que es el mismo principio por el cual la gente no deja de fumar: nadie te dice “eso te matará mañana”, te dicen “eso te matará dentro de 20 años”.

Asi que pasan los días, ya te has instalado en tu nuevo hogar y ha pasado el tiempo suficiente como para que la ilusión y la alegría de vivir en tu propia casa se haya ido normalizando y al final ya no ves nada de extraordinario en ello. Y te encuentras con que aún tienes que pagar la hipoteca durante muuuuuchos años. Entonces, ¿qué haces? ¿Piensas en la puta inmobiliaria que te vendió un vulgar piso de 90 metros por setenta millones de pesetas, exigiéndote además parte del pago en dinero negro, por adelantado, a veces aún antes de que esté terminado de construir y tú no lo hayas visto siquiera, y a menudo cambiando las condiciones unilateralmente con cualquier excusa? ¿Te acuerdas de esos cabrones y de la madre que los parió? No. Piensas en todo el dinero que todavía tienes que pagar (aunque el término correcto sería “devolver”, porque no era tuyo) y dices “malditas hipotecas, los bancos son unos ladrones”.

jueves, 7 de septiembre de 2006

Gorge... Ouch!

Parece que ha cambiado el tiempo. Esta mañana el aire era brumoso rocío y no brillante luz; el barco parecía perdido en la nada durante el trayecto a través de la ría. Antes de las ocho todavía el sol yace en oriente y su mirada no ilumina las nuestras. La brisa trae frías caricias y ya no más cálidos besos. Pronto empezarán los árboles a desnudarse voluptuosos, alfombrando las calles con los restos crujientes de sus vestiduras. Se acerca el invierno.

Y el mejor aviso no es ningún cuervo blanco, ni tiene que ver con “poéticas” frases de vacío contenido: en algún lugar me pilló el frío y hoy tengo un dolor de garganta nada gracioso. Casi lo sería, si no fuera mío. Hace pocos días comentaba, no recuerdo con quién, que yo era relativamente resistente a esos pequeños contratiempos de salud tipo resfriado o gripe y que no temía por ello. La hipocondría no es, desde luego, uno de mis males. En ese mismo momento también añadí, curándome en salud, que era suficiente que dijera eso para que enseguida cayera enfermo por cualquier cosa. La gente rió, y también yo, que soy de un simpático y tengo un magnetismo tal que el destino quiso redondear mi gracia.

Bueno, pues así estamos. Espero que no sea nada, que se me pase en un par de días y que no me dé mucho la tabarra. Me fastidiaría perder el tiempo por estas degradantes cuestiones físicas. Uno, que valora al ser humano por su espiritualidad, su inteligencia, las virtudes de su mente, por los logros que a través de ellos alcanza, no puede más que sentirse irritado cuando nimiedades relativas a su naturaleza física, animal, entorpecen el camino de su voluntad. Y esto sirve tanto para las enfermedades como para todas esas necesidades y apetitos cotidianos que cada día nos vemos obligados a satisfacer.

lunes, 4 de septiembre de 2006

El infierno son los demás

A veces la gente hace cosas incomprensibles. Normalmente no se me da mal ponerme en el lugar de otros para entender los motivos de su conducta. Muchas veces me importa un comino, pero eso no significa que no lo haga y tome nota. Creo que ese es el motivo de que casi nunca me enfade con nadie o me sienta ofendido por algo. Suele haber explicaciones para todo.

Pero a veces te encuentras con cosas absurdas (o te las cuentan de primera mano, lo cual es casi lo mismo cuando tu fuente es fiable). Alguien que cuenta mentiras que no llevan a nadie a ningún sitio, o alguien que decide que una vez que se ha echado novio ya no quiere volver a ver a sus amigas de toda la vida. No tiene sentido, son actos en contra de la lógica y en contra del propio individuo que los comete. La chica que decía está cortando la relación con sus amigas sin ningún motivo en absoluto, y lo está haciendo consciente y premeditadamente, en una especie de suicidio social. No puedo imaginar ningún porqué que no incluya alguna forma de desequilibrio mental. Otro ejemplo, alguien que miente sobre algún tema. En general, las personas mienten o bien para ocultar algo que no desean que sea conocido (casi siempre por vergüenza) o para sacar provecho a costa de alguien (beneficiándose activamente o simplemente evitando ser descubierto en un acto innoble, como por ejemplo, curiosamente, mentir). Mentir en un tema que no implica ni beneficio ni riesgo para uno no es ya una cuestión de infamia moral, sino de llana tontería. Cuando además la mentira se da en una situación en la que es fácil que se descubra, la tontería es tal que uno se plantea si no será cosa de una compulsión insana. Y es que una persona que miente, por definición, no es digna de confianza. He observado que contar “pequeñas mentiras” parece socialmente aceptado; me parece una práctica aborrecible.

A veces, la gente hace cosas que no tienen ningún sentido para mí. Quizá no lo tienen en absoluto. Quizá se han vuelto locos y nadie se ha dado cuenta. Porque mientras uno pague sus facturas, compre muchas cosas, y no acuchille niños ni guarde sus cadáveres en el sótano (o que nadie se haya dado cuenta de que sí), uno seguirá siendo muy normal, muy educado, no hacía ruido ni nada y era muy amable cuando me lo encontraba en la escalera.

miércoles, 30 de agosto de 2006

El Mapa no es el Territorio


El lenguaje es magia. Hace poco he tenido una agradable conversación con Roberto y Taboada sobre psicolingüística y otros temas esotéricos. El hecho de que existan culturas que hayan desarrollado un idioma sobre bases no aristotélicas es una idea fascinante en la que no se me había ocurrido pensar. Se trata, supongo, de lenguas más exactas, menos ambiguas, más perfectas, si se me permite la expresión. Solo que esa perfección última tiene que ser inalcanzable, a menos que nos concienciemos para dedicar varios minutos a cada frase, y por ahí sí que ya no pasa nadie. Que le den a la perfección (y yo el primero). Después de todo, esta ambigua imperfección tiene algo de encantador, y no me gustaría renunciar a ella.

Pero me estoy desviando. El lenguaje es magia, decía. Es curioso, pero en esencia es así. Uno tiene la idea del mago en su torre estudiando gruesos volúmenes de arcano poder, o quizá escudriñando en su bola de cristal, y desde luego pronunciando palabras mágicas que hacen que ocurran cosas… bueno… mágicas. Es decir, pronuncias las palabras del conjuro y algo ocurre. Es tan terriblemente parecido. Las palabras, mágicas o no, son símbolos que representan algo (una cosa, una idea, un concepto, lo que sea), y están hasta tal punto ancladas en nosotros que a veces uno casi confunde la palabra con lo que ésta designa. Ahora mismo, podéis ver la palabra “SILLA”, los símbolos que la forman, e inmediatamente vuestro cerebro invoca el concepto mismo de ese objeto que utilizamos para sentarnos, es más, pronunciáis la palabra en vuestra mente, incluso en silencio (aunque de hecho no es necesario). Y eso tan solo con pasar los ojos sobre unos símbolos que, en sí mismos, no deberían significar nada… pero ya ni siquiera tenemos que leer, basta con ver una palabra y el cerebro visualiza automáticamente aquello que simboliza, todos los posibles significados. Si eso no es magia, entonces nada lo es.

Por supuesto, no faltan tipos que a lo largo de la historia han intentado sacar provecho de las imperfecciones del lenguaje y de su naturaleza “mágica”. Cada vez que le dices algo a alguien, estás lanzando un hechizo. Lo que dices no es sólo lo que el otro interpreta en base al contexto y la situación: las palabras ejercen su influjo en el subconsciente. Parece una chorrada, pero lo cierto es que los nombres tienen poder, y cualquiera que se dedique al naming puede asegurarlo. Daño colateral, impuesto de sucesión, reestructuración del personal, orientación a objetivos. Sabemos lo que hay realmente detrás de cada una de esas expresiones, digamos que son conjuros fáciles. Pero, teóricamente, alguien capaz de manejar el lenguaje lo suficientemente bien podría casi controlar los pensamientos de otras personas. Inquietante. Mágico.

martes, 29 de agosto de 2006

I'm Back

Trabajar cuando casi todo el mundo está de vacaciones te da una perspectiva interesante de las cosas. Supongo que a cualquiera le pasa antes o después, pero a mí me llama la atención porque es la primera vez en mi vida que me toca trabajar en verano. La última vez que tuve vacaciones fue en diciembre, dos semanitas navideñas en las que no hice nada de particular. Típico de la navidad, con tanta tradición y tanta reunión familiar y tanto lo mismo de siempre. Asi que van ya ocho meses de curre continuado (once si no contamos esas dos semanas de diciembre), y cualquiera diría que me vendrían bien unas vacaciones… pues no sé. En lo que va de año he cambiado de empresa tres veces, asi que no me ha dado tiempo a estar harto de nada, cada poco hay novedades y la mente se renueva con los cambios. Tengo un horario que cualquiera consideraría lujoso (que dure, que dure) y debo de pertenecer a ese escaso grupo de gente que se considera satisfecha con su salario (de momento, al menos). Mis compañeros de trabajo son gente estupenda y de la que se puede aprender, la oficina no está (muy) lejos de casa y no tengo que hacer grandes sacrificios personales ni dejar de hacer mi vida social normal. Esta “vida social normal”, aunque a veces es excesivamente normal para mi gusto, está salpicada de momentos mágicos e irrepetibles de diversión, y mis amigos son, en su mayoría, gente extraordinaria en muchos aspectos. ¿Qué más se puede desear?

Pues así a bote pronto, se me ocurre una cosita: leer más cosas buenas. Tengo la sensación de que mi lista de candidatos para el premio de 2006 tiene un nivel bastante bajo en general. A principios de año es más fácil entrar en las nominaciones, y de haberlos leído ahora quizá los libros de Vlad Taltos no se clasificarían… o quizá sí. Pero la cuestión es que después de este descanso bloguero, vuelvo por aquí, releo la lista, y me parece que casi ninguno de esos libros ha dejado huella realmente. Y eso que es lo mejor, porque evidentemente en lo que va de 2006 he leído un montón de cosas que no me parecieron dignas de nominar. Voy a comentar un par de ellas.

Recientemente me han prestado la etapa Morrison de Doom Patrol, que tiene fama de ser la leche y tal. Grant Morrison es un autor que me gusta mucho, sus Invisibles merecen la pena (aunque en algún momento se hace demasiado cargante y confuso), y su trabajo en Animal Man fue terriblemente impactante. Bueno, pues Doom Patrol es una gran decepción. Una serie absurda, tonta, donde nada tiene sentido… y se supone que eso es una de sus virtudes. Los personajes son directamente ridículos, aunque no creo que Morrison tenga la culpa de esto (¿un tipo llamado Robot-Man? venga ya). La historia del cuadro que se come París se salva un poco de la quema, pero en general es bastante aburrido y cargante con sus páginas llenas de sinsentidos que amenazan la existencia del universo (sí, en casi cada número hay una amenaza cósmica que al final se resuelve de cualquier manera) y acontecimientos extraños que no tienen más explicación que su propia existencia. Vale, se trata de unos tíos que investigan cosas raras, pero sería de agradecer un poco de coherencia, esfuerzo y honestidad en los argumentos. En general, la tónica es la siguiente:

1- Pasan cosas extrañas
2- La Doom Patrol va a investigar
3- Se descubre (de repente, sin investigación ni leches, simplemente va alguien y lo exclama) que esas cosas extrañas están a punto de destruir la existencia misma
4- Como son cosas realmente muy extrañas, pues la solución es hacer otras cosas muy extrañas, que no tienen ninguna relación entre sí, y asunto resuelto.

Asi que al final el único valor de la serie es ser una especie de museo de idas de olla, sin más (y no digo que algunas no sean interesantes). Personalmente, tengo la sensación de que Morrison ha utilizado su etapa en la DP para practicar algunos recursos que posteriormente utilizaría con mucho más acierto en los Invisibles. En definitiva, ha sido decepcionante, viniendo de Morrison. Se ve que no se puede ser excelente todo el tiempo.

La otra cosa que quería comentar sería también una decepción de no ser porque desde el primer momento estuve convencido de que sería una mediocridad intrascendente. A veces me leo libros chorras, que cualquier tribunal condenaría al olvido o a la hoguera. Es como quien va al cine a ver una peli que sabe seguro que es mala, pero va de todos modos. Casi nunca lo hago con las películas, pero lo hago de vez en cuando con los libros. En esta ocasión se trataba de Vampiros, de John Steakley. Es el libro en el que Carpenter se basó para realizar la película del mismo nombre (y que no he visto, por cierto). Me esperaba algo facilón y cinematográfico, que es como se suelen plantear las novelas hoy en día, pero no estaba preparado para la tremenda bazofia que resultó ser este Vampiros. Es un libro tan jodidamente malo que resulta fascinante. Prácticamente es un cero en cualquier baremo imaginable, y está repletito de estupendos ejemplos de lo que debe evitar un escritor. Me lo leí hasta el final por puro morbo, lidiando con una incómoda y genuina sensación de vergüenza ajena (en mi defensa he de decir que es bastante corto). No entiendo cómo alguien ha podido dar el visto bueno a su publicación. Pero se publicó, y luego llegó un tipo e hizo una peli. Se suele decir que el libro siempre es mejor que la película, pero en este caso estoy dispuesto a creerme lo contrario. Casi os pediría que lo leyerais para poder contrastar opiniones, pero mi sentido de la moralidad me impide recomendar lectura tal.

Y ya está bien por hoy, no os vayáis a atragantar después de la escasez de las últimas semanas.

domingo, 6 de agosto de 2006

Apocalipsis


Llueve ceniza. El cielo está cubierto por una gran nube de humo que convierte la luz en algo ominoso y macabro. El sol sangra calor y el aire quema. Intentas respirar y el humo invade tus pulmones. El ambiente es pesado y sucio, el humo lo cubre todo. Así debe de ser el infierno, al menos en su versión más clásica. Pero por desgracia no se trata de ninguna ficción, de ninguna imagen oscura para asustar a los niños: está ocurriendo. El fuego se inició el viernes y desde entonces no ha parado de llover ceniza. No estamos tan cerca, pero los efectos se están notando terriblemente aquí. Es muy desagradable. Creo que han cortado la autopista. Ya han muerto dos personas. El incendio lleva tres días devorándolo todo, y por supuesto todos sabemos que ha sido provocado. Mañana, cuando vaya al trabajo, pasaré por allí cerca. Probablemente pueda ver por mí mismo alguna superficie negra y gris que haya sido arrasada, quizá incluso pueda ver algún pequeño foco todavía activo. Los que lo provocaron quizá estarán cerca, fingiendo indignación. Lo más seguro es que nunca pueda probarse nada.

Esto ocurre todos los años. La única diferencia, para mí, es que esta vez me ha tocado más cerca.

miércoles, 26 de julio de 2006

Los miércoles al sol

Estoy cansado. Trabajar más de lo que duermes no es una buena idea. El verano, los días largos y las fiestas invitan a acostarse tarde, pero nada cambia el hecho de que empiezo a currar a las ocho en una oficina a 25 kilómetros de casa. Y sin vacaciones a la vista. Con todo, estoy muy contento.

Además, no todo el mundo puede decir que coge un barco para ir a trabajar. Es un trayecto muy bonito, a través de la ría. Sobre todo ahora, que los días son luminosos y la brisa te acaricia y el mar está en calma. Me resulta rarísimo, pero trato de hacer memoria y no recuerdo haberme subido a un barco nunca antes. Me parece imposible, pero creo que es así. La inestabilidad del barco no me resultó en absoluto molesta, antes al contrario: en algún momento pillamos una buena ola de costado que hizo que el navío se pegara un buen meneo, e incluso llegué a desear que hubiera más. No fue así, no me explico muy bien por qué. Quizá esas olas eran el residuo del paso de un buque mayor, no sé. El caso es que si efectivamente era la primera vez que me subía a un barco, imagino que sería normal sentir una cierta incomodidad. Me pasó con el avión, que encontré mareante y desagradable incluso en un trayecto muy corto. Sin embargo, ningún problema sobre el mar. Me pregunto si será un rasgo atávico, si de alguna manera la aptitud de viajar por mar puede transmitirse genéticamente, si queda grabada en nuestra sangre. Hasta donde yo sé, mis ascendientes residen en Galicia desde hace infinitas generaciones, y aquí siempre se tuvo una estrecha relación con el mar. No sería raro, entonces, que fuera algo como un rasgo racial. Aunque sea poco científico, es una idea interesante que tiene implicaciones igualmente interesantes… pero las dejaremos para otra ocasión.

Aunque ciertamente no estoy de vacaciones, tengo la fortuna de disfrutar de tardes libres. Al menos este mes, y hasta que no encuentre algún sitio donde vivir cerca de la oficina. La verdad es que me apetece más pasar esas tardes libres haciendo cualquier cosa que no sea estar delante del ordenador, asi que me voy a tomar unas pequeñas vacaciones blogueras, si entendéis lo que quiero decir. En cierto modo ya he empezado a hacerlo. En las próximas semanas actualizaré con (mucha) menor frecuencia, eso es todo. Os recomiendo a todos que hagáis lo mismo y tratéis de disfrutar del verano.

jueves, 13 de julio de 2006

40º (por lo menos)

Ya estamos oficialmente en la semana del calor infernal. Ayer fue duro, pero lo de hoy sólo puede calificarse como de tortura obscena. Vale, vale, los que están en Madrid lo estarán pasando peor. Pues qué queréis que os diga, chavales. Allí al menos no tendréis esta humedad pegajosa cual esponja de aire asfixiante. Claro que tampoco tendréis chiringuito al lado de la playa… Sí, quizá en Madrid estén peor…

El calor horrible marcó todo este día, fue lo peor de todo. En la oficina tenemos aire acondicionado, y os aseguro que por la tarde en más de un momento he deseado estar allí, aunque fuera trabajando. Igual es que como soy el nuevo no estoy nada quemado todavía. La cosa va bien, aprendiendo cosillas y tal. La verdad es que mientras estás dentro estás de lujo, pero cuando tuvimos que salir por la amenaza de bomba el aire nos cayó encima con todo su peso de miles de grados.

Un momento! ¿Amenaza de bomba?, os estaréis preguntando. Pues sí. Algún simpático avisó a la guardia civil de que habían puesto una bomba en la sucursal, hablando en nombre de nosequé grupo de liberación. Un simpático, porque en realidad no había nada de nada, claro. Eso sí, se montó una gorda, desalojando todo, se llenó aquello de policías y cortaron el tráfico y acordonaron la calle. Una hora estuvimos esperando a que los especialistas hicieran su trabajo. Un refresco, confirmar que todo estaba en orden, y de vuelta padentro… con gran alivio, claro (bendito aire acondicionado!). Yo casi no me llegué a enterar del tema y me lo tomé de puta madre, me sorprendió un poco lo poco que me importaba. Sólo me fastidió que esto fuera cerca de la hora de cerrar, y claro, luego tuvimos que dejar el trabajo hecho y echamos allí una hora más de lo que deberíamos.

Luego nos fuimos a comer, porque era la despedida de una compañera de trabajo y nos reunimos unos cuantos. El restaurante estaba en el sitio más escondido de la zona, en un pueblucho cuyo nombre no puedo recordar, cerca del puente de Rande. El local se llamaba O Cume da Aguia, o algo así. Imposible no pensar en Canción de Hielo y Fuego al enterarme. Efectivamente, hay que subir lo suyo para llegar hasta allí, y la vista de la ría y de Vigo es la leche. Tanto, que Vigo casi parece una ciudad hermosa. Eso sí, allí hacía un calor de mil demonios. Las gotas de sudor resbalaban por mi cara y la ropa se me pegaba al cuerpo. Asqueroso. La comida era buena.

Lo pasamos mal hacia el final de la comida, y decidimos ir a tomar algo a algún sitio más fresco. Alguien propuso el mirador del Castro, y allí nos fuimos. Error. Allí hacía incluso más calor todavía. El trayecto en coche fue como ir en una sauna móvil, y en el sitio al que fuimos no había aire acondicionado, malditos sean. Hubo momento en que lo pasé fatal. Llegamos a cambiarnos de sitio sólo del puto calor, pero el siguiente al que fuimos no era menos caluroso. Es algo de lo que no puedes escapar, es como la muerte. Todo indica que estaremos así un par de días más y luego las cosas volverán a la normalidad. A mí no me pillan en otra, mañana me voy a la playa.

Saludos a los residentes en Madrid!

jueves, 6 de julio de 2006

Adelante

No esperaba estar escribiendo esto ahora, pero he aquí que mi hermanito me ha prestado un portátil y me estoy aprovechando del wifi gratuito del hotel para rematar esta hora muerta antes de la cena. Como muchos sabréis, esta semana estoy en Coruña, en el curso de formación para mi nuevo trabajo. Está siendo prometedor.

Hay un montón de cosas que me están llamando la atención de todo esto, tantas que creo que me voy a liar si intento contarlas, asi que de momento lo dejaré. En resumen, diré que duermo poco y paso la mayor parte del tiempo en el curso. Dimos unas vueltas por Coruña y tomamos algo, pero no nos corremos grandes juergas porque al día siguiente hay que madrugar. Hoy fue particularmente fastidioso porque me tocó reconocimiento médico y hubo que madrugar más todavía. Sé que es normal, pero no me habían hecho ninguno antes en ningún trabajo. Un detalle más en el que notas que se trata de una empresa grande. Eso no significa que sean mejores que nadie (no en principio), pero es innegable que tienen medios... y no les duele usarlos. Como la semana de hotel pagada, por ejemplo. Con pensión completa y transporte incluídos. El hotel no está nada mal, en primera línea de playa en una zona que me han descrito (acertadamente, diría yo) como la Baiona coruñesa (Santa Cristina, por si os sirve de algo). Teniendo en cuenta que ni siquiera he firmado el contrato todavía, no está mal del todo.

Otro detalle curioso es lo machacón de las consignas, que muchos dirían que forman parte de una maniobra de lavado de cerebro. En realidad lo llaman cultura corporativa, que no es más que un nombre más bonito para lo mismo. No me parece mal, y rechazo cualquier consideración negativa sobre este tema. Miguel dirá que es porque el lavado ha funcionado. ¿Qué más da? Es un pequeño precio.

La otra cosa que me choca son los compañeros del curso. Son gente normal y simpática, pero eso no es lo que me choca, claro. Parte del primer día lo dedicamos a las presentaciones, aunque casi todos nos conocíamos ya del hotel de vernos el día anterior. Después de presentarnos, el... mm.. llamémosle profesor, señaló lo mucho que se parecían nuestras respuestas a su batería de preguntas. Lo atribuyó a la excelencia del sistema de selección, puesto que todos presentábamos un cierto perfil y teníamos además estupendas capacidades y talentos. A partir de aquí se dejó caer por un breve instante en un discurso autosatisfactorio sobre cómo había que ser la hostia puta para superar las pruebas de selección, que aseguraban que sólo los elegidos para la gloria pudieran sobrevivir a todos los filtros. O como diría el señor Lobo, empezamos a chuparnos las pollas mutuamente.

Y digo que me choca porque tengo la sensación de tener muy pocas cosas en común con cualquiera de las otras 10 personas seleccionadas. Todos ellos me recuerdan a alguien, son algo así como arquetipos de personas, y no coinciden conmigo en apenas nada. Casi es como si los conociera de su encarnación anterior. Y casi no me parezco a ninguno. Sospecho que lo similar de nuestras respuestas se debe a que muchos simplemente dijeron lo que pensaban que el banco quería oír, y no a que los psicólogos que se encargaron de la selección tuvieran un conocimiento secreto para discernir quién era adecuado y quién no. Sin embargo, allí estábamos nosotros once. Y si cada uno de ellos responde a un arquetipo hasta el punto de que se podrían diseñar clases de personaje diferentes basándose en cada uno de ellos, entonces me encuentro con una pregunta la mar de curiosa: ¿A qué arquetipo pertenezco yo?

domingo, 2 de julio de 2006

Pauliño Auster

Acabo de terminar Brooklyn Follies, el segundo libro de Auster que leo en pocas semanas. Realmente me gusta Paul Auster, es un tipo sobrio pero ameno, que propone situaciones con interesantes ideas de fondo. Tiene clase escribiendo y siempre me hace pasar buenos ratos. Me gusta la manera en que es capaz de hilvanar historias dentro de la propia historia, y me interesan esas ideas que a menudo obsesionan a sus personajes, particularmente el papel del azar en la vida de las personas. Sin embargo, he de decir que Brooklyn Follies es la obra menos convincente de las que he leído de este autor (que tampoco fueron tantas, por otro lado, sólo tres). Creo que esta vez le ha faltado elegancia a la hora de resolver el final, y se le ve un poco el plumero al dar soluciones un pelín forzadas a determinadas incógnitas que no desvelaré aquí. En el Debe de Auster, podría anotar, siendo un poco malo, la excesiva homogeneidad de su obra. Cierto que sólo he leído tres de sus libros, pero sus personajes se parecen mucho entre ellos, actúan de manera parecida, se les presentan situaciones parecidas, y en general acaban de manera parecida. Quizá estoy siendo demasiado simplista, pero los tres libros en cuestión (El Palacio de la Luna, La Noche del Oráculo y Brooklyn Follies) tienen un aire muy similar, al que contribuye el hecho de que todos estén situados en el mismo marco, la ciudad de Nueva York. Parece que Auster es de esos tipos que convierte un lugar en uno de sus personajes, y se apoya en él y le encanta volver a él. No me parece mal, y el interés de su obra no está en la ciudad en la que vivan los personajes, por supuesto… pero es un poco cansino. Y se ve que es una constante, porque ha escrito algo que se describe como “la trilogía de Nueva York”, que yo no he leído pero me imagino muy bien de qué va. En fin, menos mal que me gusta.

Algo que me chocaba mucho en las primeras páginas de Brooklyn Follies es que estaba en gallego. No suelo leer muchos libros en gallego. Podría explicar muchos motivos, pero el más importante, creo yo, es puramente práctico: sencillamente, no se editan muchos libros en gallego. O más bien, muchos libros interesantes. Deberían traducirse muchos más, y de otros géneros. Que yo sepa nadie publica c-f en gallego, por decir un género que me interesa especialmente. Si se dedicaran a publicar clásicos, por aquello de no arriesgar, probablemente no les saldría bien, porque si ya tengo un libro en castellano no me lo voy a volver a comprar, por muy amante que sea de mi otra lengua materna. Así que tendrían que arriesgar un poco, y claro, ahí es donde llegan los problemas. Aunque también es verdad que la c-f como producto no debe de dar grandes beneficios ni siquiera en castellano. Pensándolo bien, dada la afición a la lectura del español medio, es sorprendente que el mercado editorial vaya saliendo adelante. Por desgracia, lo hace a costa de modas pasajeras como Códigos DaVincis y Sombras de Vientos. Así estamos.

Pero me voy por las ramas. Decía que me chocaba porque es el primer libro que leo en gallego desde los famosos cambios gramaticales de hace un par de años. Desde mi ignorancia en cuestiones de lingüística, tengo la sensación de que la mayoría de esos cambios son arbitrarios y sólo obedecen a las ansias onanísticas de los responsables. Aparte de esos irritantes “grazas” y demás, tengo que decir que ha sido una lectura muy agradable. Una gran labor de traducción, creo yo: todo nos remite a Galicia, con un sabor auténtico y genuino. Si no te recordaran todo el puto rato que están en Nueva York, podrías pensar que los personajes son de Carballiño. Me resulta curioso pensar que esto puede ser difícil de entender para esa mayoría de españoles que sólo hablan un idioma (bueno, españoles o lo que sean, claro). Sea como sea, creo que es muy cierto eso de que la lengua ejerce una influencia particular sobre la manera de pensar y de ser de las personas. Una lengua vertebra la cultura de un pueblo mucho más profundamente de lo que pueda parecer. Literalmente, cambia a las personas. Tras decir esto, resulta doblemente irónico que yo mismo no practique el gallego en el día a día.

Y en realidad quería hablar de un par de temas más, pero me he liado un poco y mejor lo voy a dejar para otro día. No sé cómo andaré de tiempo esta semana para actualizar, con todo este tema del curso de formación. Quizá tarde un pelín en volver, pero seguro que cuando vuelva tendré cosas que contar. Hasta entonces, disfruten de las vacaciones, los que las tengan, y del verano, todos en general. Hala, hala.

domingo, 25 de junio de 2006

Esa especie de morboso atractivo

Desde que empecé a escribir esto, hace ya más de un año, he tenido siempre más o menos claro quiénes serían mis lectores. No me he equivocado, o al menos, no en un gran porcentaje. Desde el principio asumí que seríais casi todos conocidos míos. Siempre ha sido una sorpresa extraña (y agradable!) que alguien a quien no conozco en persona venga, lea, deje comentarios e incluso vuelva otro día. Si puedo explicarme su conducta es sólo porque yo mismo leo y comento blogs de personas igualmente desconocidas. Y me llaman mucho la atención las pequeñas diferencias, como le pasaba a Vincent Vega con Europa.

Una de estas diferencias estriba en la concepción básica de cada mensaje. Yo tengo claro quién es mi público, y aunque a menudo haga cosas sabiendo perfectamente que a ninguno de ellos (vosotros) le van a interesar un pijo, eso es algo que me condiciona mucho. Porque, acogiéndome a mi naturaleza reservada, me guardo de decir muchas cosas que no me apetece compartir así por las buenas. Y también porque no creo que fuera buena idea comentar, especular, analizar o juzgar las acciones y actitudes de algunas personas que conozco, ya que quizá no se lo tomarían bien. Aunque no me parece que sea molesto, la verdad es que ejerzo una constante autocensura sobre lo que escribo aquí.

Y resulta que hay blogs en los que eso no ocurre. Hay quien se lanza a contar su vida y a rajar a gusto, amparados por el anonimato. Me parece la mar de interesante. Incluso he oído casos de gente que, teniendo un blog, abre otro “secreto” en el que nadie sepa quién es. El hecho es que en un momento dado uno puede escribir cualquier cosa en la intimidad de su casa, pero muchos se lo piensan dos veces antes de dejar que lo sepa el vecino. Yo todavía no he llegado al punto de hacer eso, porque no siento ninguna necesidad interior de contar todas esas cosas que es mejor que no cuente. Pero la idea tiene una especie de morboso atractivo. No solo por la sensación de evasión que debe producir dejar de ser uno mismo y poder decir cualquier cosa sabiendo que alguien va a escuchar (de alguna manera siempre llega alguien), sino también (y más que ninguna otra cosa, en mi caso) por el detalle de que todas esas historias que uno decide callarse serían terriblemente interesantes de leer. Porque si algo es secreto es porque tiene importancia para alguien, y si la tiene es porque ese algo es de alguna manera especial, revelador o llamativo. A todos nos gusta conocer secretos, y llegado el caso, revelarlos. Tiene esa especie de morboso atractivo. Secreto, prohibido. Delicioso.

domingo, 18 de junio de 2006

Geralt de Rivia


Tenemos nuevo candidato. Aunque hace pocos meses ni lo había oído nombrar, el tal Sapkowski hace bien las cosas. Estrictamente, se trata de dos novelas (El Último Deseo y La Espada del Destino), pero aquí han optado por publicarlas en un único volumen bajo el epígrafe de “La Saga de Geralt de Rivia”. O así es en la edición que a mí me ha llegado. No me parece una mala solución, por más que el tema de las sagas se haga un poco cansino. La estructura de ambas novelas es bastante “modular”, se trata casi siempre de cuentos cortos independientes entre los cuales el único nexo de unión son los propios protagonistas. Aunque cada obra cierra el paréntesis de todos los cuentos precedentes en el capítulo final, definitivamente no se puede decir que sean historias intrincadas; se podrían leer en un orden aleatorio con sólo un par de excepciones. En parte por esto, no creo que tenga mucho sentido esbozar el argumento, y la verdad no sé muy bien cómo resumirlo fielmente en una sola frase. Para muchos, eso significa que la historia no es buena. No sé quién les habrá contado esa milonga.

Lo que más me llama la atención es el tono “europeo” que tiene el libro todo el tiempo. Lo cierto es que no hay mucha fantasía europea (o yo no la conozco), pero realmente este Geralt de Rivia tiene un sabor diferente, pese a que se basa en los mismos tópicos e ideas preconcebidas. Sin duda una lectura de primer orden para cualquier amante de la fantasía, y un estupendo pasatiempo para cualquier lector ocasional. Claro que esto es sólo mi opinión. Habrá quien crea que es pretencioso, que su mal velada crítica a la voracidad del desarrollo humano a costa del equilibrio natural es trasnochada, facilona y pueril, que se trata de personajes arquetípicos sin trasfondo (o peor, con falso trasfondo), que carece de elegancia y los personajes sueltan tacos todo el tiempo en un intento barato de ganarse al público, que las historias son simplonas y que todo el rollo chungótico del protagonista torturado que es la hostia en verso y en el fondo un pedazo de pan está pasado de moda. Pues qué queréis que os diga. Hay gente para todo.

jueves, 15 de junio de 2006

Con nocturnidad y alevosía

Si no hubiera noches, habría que inventarlas. De la manera que fuera. Con el método del señor Burns, por ejemplo. Pero la forma da igual. El caso es que a veces viene bien la oscuridad de fuera, aunque solo sea para que no se note la oscuridad de dentro. Creo que los chinos relacionarían esto con alguna filosofía de esas que tienen por allí, el ying y el yang, los opuestos, lo que sea. Los chinos siempre tienen filosofías raras. Claro que, ¿qué se puede esperar de una cultura que nunca logró descubrir el sofá? Tanto misterio oriental, tanto papel, tanta pólvora, tantas hostias, y al final ni un sofá, ni un triste colchón. ¿Qué clase de gente puede vivir así? Se les agotó la cabeza pariendo el idioma ese raro que tienen. Ese que se escribe con dibujitos. Claro, así quién va a pensar. A ninguno se le ocurrió tampoco inventar un tenedor. Comían con palos. Hay que ser un poco gañán. Los antropólogos vendrán a darnos alguna explicación ridícula deducida de unas vasijas rotas que encontraron en un hoyo, que vete tú a saber si no sería un cagadero en lugar de un comedor. Y es que la incompetencia está en todas partes, no es toda de los periodistas. También los historiadores se montan pajas mentales que luego nos cuelan como teorías. Ya decía Gabi que en la carrera les enseñan a hacerlo, me lo creo a pies juntillas. La realidad es que una sociedad que te obliga a dormir en una puta esterilla o a desarrollar la habilidad de manejar palillos al comer está abocada al fracaso, a la decadencia. Los tiempos cambian y ahora tratan de hacerlo pasar por algo tradicional, modernillo, guay. Y la peña se lo cree. Yo probé esa mierda de los palillos hasta que se me dio suficientemente bien como para comer tranquilo, y entonces la voz de la razón me dijo “ya has hecho la coña, ¿por qué sigues con esa gilipollez?”. Y nunca dormiría en una esterilla por mi propia voluntad. Lo he hecho alguna vez por necesidad y es un maldito infierno. ¿Quién en su sano juicio no trataría de imaginar algo más cómodo? Miren los árabes, qué listos eran los cabroncetes. Cojines. Astronomía. Matemáticas. Aún usamos su sistema de numeración. Pero sobre todo, cojines. Cojines por todas partes. Esos tíos sabían mucho de la vida. Me pregunto qué les habrá pasado. Ahí tienes las pirámides. Vaya un curro hacerlas, y no sólo de los pobres esclavos que habrán estado puteados con el asunto. A nivel logístico y arquitectónico todo eso es la pera. Y ahora, ¿qué hacen los egipcios? ¿Dónde han estado los últimos 5000 años? Decadencia. Igualito que los griegos: todos esos filósofos, esos pensadores de la hostia, esa sociedad tan avanzada para su época. Ahora son unos tíos feos que pastorean cabras. Sí, todas las griegas que he visto eran repelentes. Igual tuve mala suerte, pero es lo que hay. Quizá en tiempos hasta estaban buenas. Si el pensamiento decae, ¿por qué no va a decaer el físico también? Sí amigos, la decadencia alcanza a todo y a todos. A los americanos también les va a tocar. Qué leches, ya les está tocando. ¿Quiénes serán los próximos amos del mundo?

Suave dulce fresco

Empieza despacio, subiendo poco a poco por tu pierna dormida, una canción triste de humedad y olvido. Reptando sibilante, saborea el aire a tu alrededor y huele la textura de tus sueños. Suave dulce fresco como las noches en verano, como la lluvia en un día cálido, como tu sangre en sus labios. Suave dulce fresco el roce de las escamas, la caricia de la muerte buscando el último estertor. Olvida tus sueños, despierta a las pesadillas, paladea el momento y afronta, si puedes, la mirada hipnótica de la que aprende el diablo. Sólo un instante, sólo un mordisco, sólo una vida.

martes, 13 de junio de 2006

Más vale agua fresca que pis caliente

Cuando la gente se me queja del calor, suelo responder que ahorren saliva, porque aún no hemos llegado a lo peor del verano. Otra respuesta recurrente es "podría ser peor: podría llover". Qué razón tengo siempre. Hoy el Martes 13 se empeñó en hacer honor a su fama, regalándonos un día lluvioso y caluroso al mismo tiempo. El cielo tiene ese gris desmoralizador propio de las tardes de invierno, que sin duda indujo al suicidio a más de uno a lo largo de la historia. El aire es pesado y tibio como corresponde a estos días de tormenta veraniega. Y mientras, esta lluvia perezosa, de gotas gordas y pegajosas, mezclándose con el sudor de la calle como pis caliente en el caldo. Y si te abrigas es peor, porque acabas por sudar más y la sensación de asquerosidad se acentúa. Si optas por la manga corta, te mojas como un gilipollas en esa agüilla sucia como de desagüe. Martes 13. A veces los augurios se cumplen, a veces la superstición se vuelve sabiduría.

viernes, 9 de junio de 2006

El capitán salió a comer...

Tantas cosas que se pueden decir y todas tan aburridas. Sin fuego, sin riesgo, plano. Tenía razón Bukowski. Vengo de añadir a la lista de candidatos “El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco”, una especie de diario de su último año de vida. En realidad casi es un blog impreso. Se trata de entradas cortas, de apenas seis o siete páginas la más larga, con la fecha y hora en el encabezamiento, en las que Bukowski cuenta cosas. Sin pretensiones, sin artificios. Cuenta movidas que le pasan y que se le ocurren. Tal cual un blog. Si hubiera nacido ahora, probablemente tendría uno.

Hace tiempo que pasó de moda esto de los blogs. Sin embargo, todavía estamos aquí un buen puñado de nosotros. Parece que todo el mundo tiene algo que decir, alguna indiscutible verdad que proclamar al mundo. El caso es que es divertido. Y lo más sorprendente de todo: es divertido leerlos. No hablo ya por mí, Dios me libre (aunque las 900 visitas del mes pasado sugieren que también; si es que no estaban buscando todos algún dato sobre buenas penetraciones), sino que es algo que puedo extrapolar a partir de que a mí mismo me divierte mucho leer blogs ajenos. Mi favorito desde hace tiempo es Pyjamarama! , toda una delicia del humor. La red irmandinha de blogs es un lugar estupendo en el que perder el tiempo, aunque muchos no actualizan a menudo (mamones!). Y buceando entre las referencias de las referencias, acaban por encontrarse cosas de lo más interesante… ejemplos tenéis ahí a la derecha.

Internet nos ha descubierto que hay por ahí un montón de gente capaz de ponerse a teclear y hacerlo lo suficientemente bien como para que volvamos regularmente a ver qué nos siguen contando. Me parece estupendo. Sólo me pregunto una cosa. ¿Qué pasa con los periodistas? Ya sabéis, esos tipos que reciben un salario a cambio de narrar acontecimientos en los periódicos, o sencillamente hacer una columna de opinión (que viene a ser exactamente igual que un blog, pero con menos espacio). Aparte de lo tendenciosos, desinformados y poco fiables que son, ¿os habéis parado alguna vez a leer algún artículo? ¿Me lo parece a mí o casi todo lo que se puede leer es mierda? Y no me refiero solamente a las faltas de ortografía e incorrecciones gramaticales (que también las hay, y cuántas), sino al tono general de las cosas. Es farragoso, incómodo, poco natural. Sin fuego, sin riesgo, como dice Bukowski. Si hay tanta gente capaz de hacerlo mejor, ¿por qué tenemos que conformarnos con esos gilipollas? Casi todos los periodistas son escoria, es difícil encontrar uno decente. Claro que esto debe de pasar en casi todas las profesiones. Bukowski vuelve a tener razón.

“Toda esa gente. ¿Qué hace? ¿Qué piensa? Todos vamos a morir, todos nosotros, ¡menudo circo! Debería bastar con eso para que nos amáramos unos a otros, pero no es así. Nos aterrorizan y aplastan las trivialidades, nos devora la nada.”

lunes, 5 de junio de 2006

En Vivo

Ha vuelto el calor, maldito sea. Claro que me quejo de vicio, siempre prefiero un poco más de calor que un poco más de frío. Es asqueroso, es asfixiante, estoy sudando todo el día y al final tengo la ropa pegada al cuerpo, pero qué cojones. Tener frío es peor. Y las chicas lucen muy bien. Siempre es un pequeño extra.

Es junio, y es la primera vez en mi vida que junio no significa descanso o vacaciones a la vista. Creo que se me hará extraño, pero la verdad es que tampoco me apetece mucho irme de vacaciones. No hay nada que quiera hacer que no pueda hacer de todos modos, y si hubiera alguna cosa tampoco podría hacerla en vacaciones. Así que qué más da.

Sé que tengo pendientes un par de historias sobre mi reciente estancia en Madrid, pero cada día que pasa me parecen menos interesantes. Una de las cosas con las que me quedo es el concierto al que nos llevó Rebeca. Era algo de jazz. Yo no pensaba ir en un principio, pero fue avanzando el día y de todos modos era temprano así que no tenía nada mejor que hacer. Podría haber llamado a alguien para quedar y cenar por ahí, y de hecho casi me sentí culpable porque luego me llamaron para hacer eso exactamente y tuve que declinar la invitación. Porque en un momento tonto, impulsivo, me dio por ir. Rebeca me decía (exagerando, supongo) que el tipo era el mejor pianista de jazz del mundo. “Bueno, comprobémoslo”, me dije yo, y acabé de convencerme. La verdad es que no recuerdo cómo se llamaban los tíos, era algo así como Fulanito y Los Menganos, pero no sé exactamente. Recuerdo que al pianista en cuestión lo llamaban Melón, porque uno no puede evitar recordar los nombres ridículos. Tengo una foto del concierto en el móvil; estaría bien colgarla pero no tengo manera de pasarla del teléfono al ordenador. Algún día a algún listo se le ocurrirá incluir un USB de serie en los móviles y entonces se forrará vendiéndolos. Y de paso les pondrá un disco duro de 40 GB y una salida de auriculares, y acabará para siempre con el i-pod.

Pero estaba hablando del concierto. Creo que la palabra que mejor lo define es ACOJONANTE. Yo creía que no me gustaba la música en directo, pero se ve que estaba equivocado. Lo que no me gustan son los gilipollas que van a los conciertos. En este caso hubo suerte, se trataba de una sala pequeña donde la gente estaba sentada en silencio escuchando tocar a aquellos tipos. Así sí se disfruta. Había oído hablar de esa especie de conexión que se consigue en vivo, y la había catalogado para mí mismo como la típica chorrada de pajilleros. Las actuaciones de gente en vivo nunca me parecieron nada especial, aunque quizá es que nunca había visto a verdaderos artistas, ya sea en teatro o música. Y por supuesto, el típico concierto con cientos de personas agolpándose y gritando me parece bastante repulsivo. No me atrae nada ese rollo. En su día incluso pasé de ir a uno de Smashing Pumpkins, ¿os lo podéis creer? Hasta me sorprende a mí... Hostia, acabo de recordar que no fui a aquel concierto de los pumpkins porque ese día me apetecía más jugar Quest For Food. No creo que se pueda decir nada mejor de una campaña.

Y allí estaba yo, en aquel taburete en la barra del Café Central, con los camareros pasando por delante continuamente. Cosas de llegar tarde. De todos modos se veía bien. El caso es que empezaron a tocar, y al principio era como “bueno, a ver qué es esto”. Luego siguieron tocando y fue como “acojonante!”. Todos hacían su movida en plan de la hostia, pero me impresionaron sobre todo el pianista y el fulano de las congas (gracias Samuel). El tío este daba unas hostias que ni E. Honda cuando acribillabas el botón de puño; le soltaba una pana a los cacharros que echaban humo, y realmente sonaba de puta madre. Lo del piano era pa echarle de comer aparte. Me encanta el sonido del piano, con lo que el tal Melón tenía todas las papeletas para dejarme contento, pero lo que ví me dejó atontado. Ese tío hacía magia. Movía las manos y no veías más que borrones, no podías seguir los movimientos que hacía, pero dibujaban una estela de música que te dejaba sin aliento. Era casi como ver una peli en la que el sonido va un par de segundos más tarde. Hay algo que no funciona, pero va cobrando sentido cuando la música da significado a la imagen. Acojonante, en serio. Un momento que valió la pena. Ahora creo que Rebeca no exageraba cuando decía que era el mejor del mundo. No mucho, al menos. Y lo llaman Melón. Tócate los cojones.

martes, 30 de mayo de 2006

Adore


He ido a Madrid y he vuelto, aunque con más problemas de los esperados. La vida del bloguero es en tramos cortos, y más vale escribir algo antes de que los recuerdos caduquen. Contaré cosas del viaje, como lo estupendo que fue volver a ver a gente que hace tanto no veía, y desde luego alguna crítica furiosa al puto overbooking que me complicó la vuelta.

Pero ya llegaremos a eso, que ahora el cuerpo me pide algo distinto. Una de las cosas que hice en Madrid fue continuar con mi política de adquisición de música original que realmente merezca su precio. Así que me compré por fin Adore, el quinto disco oficial de los Smashing Pumpkins, aunque hace ocho años que tengo una copia perfecta. Que no digan que no apoyo a los artistas.

Supongo que a estas alturas todos sabéis que soy un fan acérrimo e irrecuperable de ese grupo. Creo que no soy una persona que caiga fácilmente en los típicos comportamientos compulsivos propios de un fan. Aunque es verdad que me gusta ser contundente en mis declaraciones, y no pocas veces exagero las cosas para darles más sonoridad, de verdad que no lo hago hablando de Smashing Pumpkins. Realmente estoy enganchado, y yo mismo no me explico muy bien por qué.

Creo que Adore tiene gran parte de la culpa de esto, y lo curioso es que no es por lo que es, sino por lo que no es. “Siamese Dream” (1993) y “Mellon Collie and the Infinite Sadness” (1995) me entusiasmaron, como deberían entusiasmarle a cualquier amante del buen rock (o rock alternativo o indy rock o como quiera que se le llame ahora a esa mierda; he llegado a ver que lo llamaban heavy metal; quién sabe ya qué es cada cosa). Cuando se publicó Adore en 1998 yo ya estaba bien atento y me esperaba algo bueno, aunque aún no era el fanático perdido de ahora. Conseguí una copia del cd, y me lo puse. Y… bueno. Había un par de canciones que me gustaban, Once Upon a Time y Blank Page, pero en general me pareció un disco bastante extraño, plano, el tipo de música que no te das cuenta que está sonando si prestas atención a otra cosa. Muy largo, nada cañero, sin guitarras rockeras, sin poderosos redobles de batería, sin melodías tarareables, jodidamente distinto, en definitiva, de todo lo que me gustaba.

Con este panorama, lo escuché unas cuantas veces y lo dejé un poco de lado. Luego me enteraría de que estaba siendo bastante vapuleado por la crítica musical (que todos sabemos que es una mierda, en cualquier caso), que al parecer entendía que el disco no era más que una muestra de grandilocuencia vacía y pretenciosa. Lo cual no deja de parecerme curioso porque poco después a Radiohead empezaron comerles la polla tras hacer Kid A, un disco que hacía reales todas los supuestos defectos de Adore, y muy inferior desde cualquier punto de vista, pero eso ya es otro tema.

Lo que ocurrió fue que al verano siguiente me ví atrapado durante un mes en unas de esas vacaciones forzadas e ineludibles, con tan solo un par de libros, un discman viejo y unos pocos cds que el aparato pudiera reproducir, entre los que se contaba, cosas del destino, el dichoso Adore. En menos de una semana terminé los libros que tenía (ni recuerdo cuáles), y empecé a descubrir maneras nuevas de perder el tiempo. En esa época tan larga y tan corta a la vez, acabé por definir buena parte de lo que serían mis gustos de cabecera en los años siguientes (en uno de esos momentos leí por primera vez Ubik, y también descubrí a Dumas). Y llegó un momento en que me puse a escuchar música sin hacer nada, pues nada había que hacer, tan sólo escucharla en silencio.

Y empecé a oír cosas que no había oído antes.

(POST-NOTA: a partir de aquí empiezo a comentar el disco. A los que no os interese, podéis dejar de leer sin miedo. Resulta que me sale demasiado largo asi que ya hablaré del resto en otro momento)

Es difícil de explicar, todos esos matices, las pequeñas notas imperceptibles, la atmósfera, esos ritmos irregulares. Adore es un disco nocturno y triste, nostálgico a veces, siempre evocador, inspirado, brillante en su oscuridad, con muchas capas que analizar y muchos significados que percibir. Apreciarlo exige atención, pero paga con creces; es melancólico, pero transmite paz. Uno puede disfrutarlo a muchos niveles, y yo mismo lo estoy redescubriendo ahora, leyendo las letras, excelentes, mientras suena el cd.

Arranca con To Sheila, una de mis canciones favoritas de todos los tiempos, en lo que puede ser uno de los mejores inicios de disco jamás realizados. To Sheila marca por completo la pauta de lo que serán los 70 minutos siguientes, y debió de ser una gran sorpresa encontrar delicados susurros para los que esperaban escuchar gritos de rabia. Me parece increíble que no me haya fijado en este tema las primeras veces que escuché el disco; luego me enamoré de él y nunca volvió a decepcionarme.

Después viene el single, Ava Adore, que acaba por ser (extrañamente) la canción con más caña de todo el LP. Es agresiva y tiene clase, pero al mismo tiempo está cargada de poesía. Lo cierto es que el lirismo de las letras mantiene un gran nivel en todo el álbum. Versos como “lovely girl you're the beauty in my world / without you there aren't reasons left to find”, en la propia Ava Adore, se entremezclan con la música en una marea de contrastes donde la belleza se convierte en muerte (“lovely girl you're the murder in my world / dressing coffins for the souls I've left to die”, más adelante) y la persona tan amada (“in you I count stars / in you I feel so pretty / in you I taste god […] we must never be apart”) se presenta desde el principio como una prostituta (“you will always be my whore”).

Tras Perfect, el otro single del disco (que no llegó siquiera a sonar en España), una canción romántica de lo-que-pudo-ser-y-no-fue, llega el único punto flojo en mi opinión, Daphne Descends. Nunca me gustó mucho, es un poco corte de rollo. Pero remonta inmediatamente con Once Upon a Time, la primera canción que me atrajo en la primera escucha. Viendo la letra, es inevitable preguntarse en qué medida la muerte reciente de la madre de Billy Corgan influyó en el sonido del disco, lleno de mística, nostalgia y tristeza. Sin duda es un dato importante para entender el contexto, y en OUaT se revela muy claramente ("mother I hope you know / that I miss you so / time has ravaged on my soul / to wipe a mother's tears grown cold"). También podemos ver algo de esto en Tear, un tema de corte más bien experimental que suena de lujo en directo, con ese crescendus interruptus que podéis disfrutar en el link del apartado musical (“and for the first time heaven seemed insane / cause heaven is to blame / for taking you away”). Tengo que decir, eso sí, que el disco es totalmente distinto en directo. Con Tear está muy hermanada la siguiente canción, Crestfallen, o al menos así me lo ha parecido siempre, debido a su esqueleto de piano. En esta ocasión el dolor del amor perdido es más romántico que filial, y mucho más amargo y desmoralizador (“who am I to need you now / to ask you why, to tell you no / to deserve your love and sympathy / you were never meant to belong to me”).

La octava pista, Appels+Oranjes, cambia por completo las reglas (desde su mismo título, como se puede ver), aunque se mantiene coherente. Es una canción que transmite un vibrante optimismo, todo un ¿y qué? a lo anterior. En sus múltiples preguntas no hay respuesta, pero se adivina la comprensión de una verdad más profunda, y es una verdad tranquilizadora (“what if what is isn't true? / what are you going to do? / what if what is isn't you? / does that mean you've got to lose?”). Como curiosidad, decir que esta canción es totalmente sintética, salvo la voz. Pug, la novena pista, es otro de mis momentos esperados, ya que aúna admirablemente rock y electrónica en un tema electrizante como un cable de alta tensión desbocado.

Continuará… o no

jueves, 18 de mayo de 2006

Sellos


Finalmente, el timo de la estampita ha quedado superado. Ahora está de moda el timo del sellito. Leo por ahí que entre Afinsa y el Fórum Filatélico suman una deuda de 3,500,000,000 eurillos. Cuánto cero, ¿eh? En realidad el tema no me interesa demasiado y sólo me he enterado de la movida de refilón. Pero en el fondo es que tiene gracia. Una gracia macabra y retorcida, pero no deja de tenerla. He visto en la tele y en los periódicos a gente hundida porque habían invertido ahí todos sus ahorros. Para cualquier persona con dos dedos de frente, invertir todo lo que tienes en una sola cosa es como jugar a ruleta rusa con el cargador lleno, pero no es a lo que me refiero. A mí nunca me hicieron gracia los tontos, y es que además hay tantos que cansan muy pronto.

No, vamos a ver, se trata de otra cosa, de algo más en el meollo de la cuestión. Y es que lo que a mí me fascina es que esa gente ha invertido EN SELLOS. Fijaos bien: en sellos. En esos cuadraditos que pones en los sobres al enviar la carta. No han invertido en bolsa, ni en bienes inmuebles, ni en valores de renta fija. Han invertido en sellos. ¡Sellos! Tratad de imaginarlo: viene un fulano y os dice, a grandes rasgos, que compréis sellos. Te dice: “Págueme usted x euros al mes durante 10 años, y le devolveré esa cantidad junto con un 6% de beneficio”. ¿Cómo es eso?, cabría preguntarse. “Muy fácil”, responde el tipo, que en mi imaginación lleva traje, gafas de sol y un corte de pelo impecable, “Comprando sellos. Los sellos se revalorizan con el tiempo. Al cabo de ese tiempo los vende y gana usted un 6%”. Y la gente va y se lo cree.

Debe de ser mucho más complicado, y le deben de dar muchas vueltas al asunto para que no parezca tan ridículo, pero en esencia se trata de eso. Yo, que también me dedico a vender cosas a la gente, no puedo dejar de apreciar la habilidad necesaria para lograrlo. Cada día me encuentro con un montón de cazurros desconfiados, y eso que mis productos son de fiar (y ya que estamos, si buscáis inversiones seguras con una razonable rentabilidad, llamadme cuando queráis). “Los sellos se revalorizan, es cosa segura”. Bueno, vale, pero ¿y si no es así? ¿Cómo garantiza usted mi inversión? Ignoro si alguien le ha preguntado eso al tipo del traje. Si lo hubieran hecho, probablemente la respuesta hubiera sido algo como “eeehmmm… bueno, naturalmente, los sellos son el soporte tangible de su inversión”. Los sellos. ¡Los sellos, chavales! Básicamente, te dicen que los sellos que les compres van a valer más dentro de un tiempo. Si resulta que no es así, te puedes quedar con ellos. Es divertidísimo.

Todo esto me recuerda un poco a la vez que escribí unas líneas aquí mismo sobre el valor de las cosas. ¿Qué tiene valor, y qué no? En general, en nuestra sociedad las cosas tienen el valor que uno está dispuesto a pagar por ellas, y punto. La gente se escandaliza de que un cubata te cueste 5€ en cualquier local del arenal, pero sigue pagándolos… ergo, los cubatas valen 5€. Ahí no hay vuelta de hoja. Los sellos se revalorizan con el tiempo, y así ha sido desde que existen los coleccionistas. Pero, ¿quién te garantiza que seguirá siendo así dentro de 30 años? ¿Qué pasa si de repente todo el mundo decide al mismo tiempo que no va a pagar más de 1€ por un cubata? Pues que el cubata pasará a valer 1€. ¿Y si tú habías comprado acciones de cubata a 2,5€ esperando doblar la inversión, qué pasa contigo? Pues pasa que te jodes. En la bolsa ocurre todos los días. Asi que, ¿a qué viene tanta queja?

Imaginaos lo siguiente. Viene a hablar contigo un friki con barba y camiseta de un grupo de metal y te dice que ha montado el Forum Magiquero. Te dice, “las cartas de Magic se revalorizan con el tiempo. Págame x euros durante 10 años y luego te devolveré esa cantidad más un 6%”. ¿Aceptarías? Pues con los sellos es lo mismo. Gilipollas.

domingo, 14 de mayo de 2006

Pequeñas cosas a la luz de la luna


La noche de ayer estuvo marcada por la luna llena. La luna llena tiene poderes increíbles. Debimos imaginar lo que pasaría cuando, acabando la tarde, nos fuimos a tomar unas cervezas al Lobishome. Era una señal. El sitio, por cierto, es estupendo. Yo escribiría el nombre sin h, pero de momento es el único “pero” que le puedo poner. La terracita en el jardín es cojonuda, y el local está en un sitio muy tranquilo en el que puedes escuchar el canto de los pajarillos, a pesar de estar a escasos minutos andando de la Plaza de España. Merece la pena volver, y me da que lo haremos.

Salimos de allí cuando el sol se escondía, y el influjo mágico de la luna empezaba a actuar sobre nosotros, aunque todavía no nos percatábamos. Pero estoy seguro de que hubo algo de sobrenatural. De otra manera, no se explica que espontáneamente nos fuéramos de cena una tropa como de 20 personas, cuando por lo general esta clase de evento no se logra sin una larga y compleja organización para conjugar fechas y horarios. Y a veces, ni con esas. Además, no sólo estábamos todos dispuestos a ir a cenar, sino que encontramos sitio suficiente en nuestra primera opción, el Casanova. Podría escribir un post hablando sólo de las maravillas del Casanova, pero no me voy a molestar. Digamos sencillamente que es otro sitio al que volveremos.

Salimos en plena noche, y el reinado indiscutible de la luna en el cielo se extendió también a la tierra. Y ocurrieron cosas. Hacía mucho tiempo que no me divertía tanto, ni durante tanto tiempo. En esto pensaba yo mientras volvía a casa, a eso de las ocho y media de la mañana, escuchando de nuevo el canto de los pájaros, que saludaban esta vez la llegada del sol y cerraban el círculo de un día memorable. Estaba cansado y tenía la voz ronca, pero daba igual: todavía la luna alumbraba mi pensamiento. La brisa era suave y el aire olía a verano. No se puede tener más. Miraba a lo lejos, y sentía el placer indescriptible de quien sencillamente puede ver las cosas. Puede parecer una tontería, sobre todo a quien ha podido ver toda la vida. Pero el distinguir las formas, las texturas, la intensidad del color… es algo increíble. Cuando uno es miope y usa gafas, ve mucho mejor, pero no ve de verdad. La visión periférica es menor, el mismo tamaño de las imágenes que ves se reduce. El cristal presenta reflejos, o se ensucia sutilmente; la montura pesa en la nariz. No te das cuenta en el momento, pero una vez te acostumbras a usar lentillas, lo notas. Con lentillas, el mundo es más grande, era lo que más me chocaba. La diferencia es enorme. Y sin embargo, tampoco es igual que ver de verdad. Quizá por no tener la corrección exacta, pero la nitidez no era absoluta, y a veces también se ensucian, llegan a ser incómodas en ambientes cargados… Ahora miro al mundo directamente con mis ojos, sin nada en medio, y la diferencia es aún más enorme, sobrecogedora. El solo hecho de mirar a lo lejos es un absoluto placer para mí desde hace un tiempo. Una cosa tan simple.

El secreto está en las pequeñas cosas, dicen. No seré yo el que lo niegue.

miércoles, 10 de mayo de 2006

El Fin del Mundo

Puedo empezar a hablar del buen tiempo, mencionar el fútbol, comentar algún anuncio de la tele o poneros al día de lo que estoy leyendo. También puedo seguir escribiendo sin centrarme en ningún tema, sólo por el placer de hilvanar las frases y poner una palabra detrás de otra. Puedo explicar cómo me va en el trabajo, o cómo va mejorando mi inglés. Podría decir a dónde he ido hoy, o con quién he estado. Podría retratar a una persona o a un momento, si quisiera… y si no supiera que acabaría siendo una mala idea. Puedo analizar las cosas que me han gustado últimamente, ya sea en cine, música o literatura. Puedo colgar fotos mías haciendo el tonto y hacer comentarios supuestamente graciosos sobre ellas. Puedo contar alguna anécdota divertida que me haya acontecido en algún día lejano (o próximo). También puedo elegir algún tema “de interés general” y hacer algún tipo de artículo humorístico, que va tocando. Debería poder inventarme una historia de la nada, porque recuerdo un tiempo en que lo hacía. Puedo hacer una digresión sobre lo que sea, tan solo con conocerlo mínimamente. En realidad puedo hacer cualquier cosa, y no sólo aquí escribiendo esto. Puedo hacerlo cada maldito día, cada vez que me levanto de la cama, en cada puto instante. Y es delicioso tener todas estas opciones y saber que puedo hacer cualquier cosa que me proponga. Es delicioso destruir el mundo y rehacerlo a mi imagen; lo he hecho ya unas cuantas veces. Hoy toca de nuevo.

Y esto es sólo la sombra de mi estado de ánimo.

lunes, 8 de mayo de 2006

Próximamente

Paremos el reloj un ratito. Ya decía Cortázar que los relojes pueden esclavizarnos si les dejamos, aunque me arriesgo a parecer un gafapasta citándolo. Próximamente está aquí y ha dejado, por tanto, de existir, paradojas de la vida. No por falsas menos ciertas, si me permiten decirlo, y es que no es esto un terreno firme al que podamos agarrarnos. Digamos que es un navío sin relojes que va naufragando en el tiempo, y me resignaré a ser un gafapasta por esta noche. No será entretenido para muchos, pero será entretenido para mí, y ya me preocuparé de ellos cuando llegue a la orilla.

En mis manos ha caído recientemente La Noche del Oráculo, de Auster, del que espero que pase a engrosar la lista de candidatos del año una vez termine la última página… aunque tan sólo he leído un libro suyo aparte de este que estoy empezando (El Palacio de la Luna, finalista en 2005) tengo bastante fe en Paul Auster. Bueno, también he leído una versión en cómic de La Ciudad de Cristal, que era estupenda, pero no sé si sería justo que la contara. En cualquier caso, pronto diré por aquí lo que me parece, porque cuando hay expectativas no se puede pasar desapercibido, para bien o para mal. Antes o después (imposible de precisar en esta chalupa atemporal), haré lo propio con La Espada del Destino, de Andrzej Sapkowski, cuyo nombre acaba de obligarme a levantarme a hacer una consulta. Es lo que parece, desde luego: fantasía. Después del gran éxito de la Canción de Hielo y Fuego estoy dispuesto a dar oportunidades a otras obras del género, como atestigua la candidatura de Steven Brust, por mucho que no figure en las quinielas como ganador. En estos últimos meses estoy leyendo más fantasy que en los últimos 10 años, aunque parece una exageración. Quizá lo sea, pero no lo creo… y no voy a entrar ahora en la cuestión de qué es fantasy y qué no. Aunque si alguien se atreve con una definición, bienvenido sea.

Hoy mismo actualicé la sección de las cosas que vengo escuchando. Y como extra, incluyo muestras en forma de links a los vídeos de las actuaciones en cuestión. En primer lugar tenemos una acojonante versión de Tear que me obligó a buscar el concierto entero después de verla “casualmente” en el youtube. Lo logré fácilmente gracias a la estupenda comunidad española de fanáticos de los pumpkins, de la que me considero parte ( www.losdientesdeava.net/avalon ). Realmente creo que esta versión mejora incluso a la de Adore, y es un jodido directo a la jeta de esos que consideran un fracaso el disco, comprensible pero injustamente menospreciado por el gran público. Que le den al gran público. Ved el vídeo y tratad de decirme que eso no es rock del bueno (por cierto: atención al flipao del batería que sustituía a Jimmy en esa gira). La otra es una de esas canciones que aunque siempre te haya gustado, de repente viene y se te revela en todo su esplendor, como si la escucharas por primera vez. Glynis es una canción preciosa que últimamente no deja de resonar en mi cabeza, si es que “últimamente” tiene algún significado aquí. Además, mi inglés empieza a darme para comprender la letra, que es sencillamente la hostia. Como contextualización, decir que está dedicada a una amiga de Corgan, Glynis, que murió de sida. Un bellísimo homenaje.

La barca se hunde y el agua me llega a las rodillas, el tiempo exige lo suyo y no se puede luchar contra esta corriente. Nos veremos pronto en algún momento concreto, quizá con algo concreto que decir y suelo firme que pisar. Hasta entonces, ya sabéis. Y si no sabéis, recordad la canción:

“And you know you’re never sure
But you’re sure you could be right”

jueves, 4 de mayo de 2006

Últimamente


Han sido días intensos y gratos. Me lo he pasado muy bien de muchas maneras diversas. Destaca, por ejemplo, el picnic montunista del domingo, pero no quiero añadir nada a lo que ya se ha dicho por aquí e acolá, aparte de agradecer los esfuerzos logísticos de los responsables. Debe de costar juntar a veintitantas personas pa lo mismo, pero merece la pena. Y es que, como suele ocurrir, la compañía ha sido más importante que la actividad… que también molaba.

Tampoco puedo olvidar que ayer he ido por primera vez en mi vida a jugar a los bolos. Una vez más, es una de esas cosas que dependen mucho de la compañía que tengas. En gran parte por eso, yo me lo pasé de vicio. El juego en sí mismo no es que sea gran cosa, pero tiene como un gusanillo vicioso y te lo pasas bien. Además, resulta que se me ha dado mejor de lo que esperaba, y puedo contar por victorias todas las partidas que he jugado en mi vida. Pero el motivo por el que no puedo olvidarlo es otro: aunque suena ridículo, tengo unas agujetas terribles en mi pierna izquierda que me han tenido todo el día cojeando. Parece estúpido, pero al agacharme para soltar la bola cargaba todo mi peso sobre la pierna, y ahora me pasa factura. Probablemente no haya efectuado el mejor movimiento posible, debe de haber alguna manera de que no ocurra esto… a menos que los jugadores habituales hayan desarrollado un cuadriceps descomunal. No sé. Es verdad que la otra gente que jugaba conmigo no hacía mucho esto… quizá por eso perdieron tan fácilmente (jojojojojo).

También estuve retocando un poquito esto, añadiendo links y quitando otros. No he cambiado el apartado de lo que escucho estos días porque, la verdad, no estoy escuchando nada en especial. Me pongo Radio Waznei o alguna cosilla que tenga en el disco duro. En cuanto a la lista de candidatos a Lo Mejor de 2006, no estoy seguro de querer incluir ninguna de mis últimas lecturas. Más que nada, me estuve dedicando a Los 4 Fantásticos. Por un lado, la etapa de John Byrne, muy afamada, y que me está decepcionando un poco. No es que esté mal, pero es todo muy sencillo, muy sobrio. Creo que le falta fuerza, interés, argumentos más ricos. Se podría contar todo lo que pasa en un par de frases. Por otro lado, dando un salto de décadas, está la etapa de Waid, que me ha gustado mucho más. La historia “Impensable” es estupenda, sobre todo por ese prólogo magnífico con el Doctor Muerte buscando a su antiguo amor. Sin embargo, cae en errores lamentables, en recursos del más barato efectismo que empañan lo que podría haber sido una obra grande. La situación es interesante y atractiva, se complica cada vez más, pero no tiene una resolución a la altura. Deus ex machina del más rancio. Espero poder añadir algo de primer nivel muy pronto, porque de momento llevamos un tercio de año y la lista de candidatos está algo deslucida. Eso será, espero, Próximamente....

lunes, 24 de abril de 2006

Estadísticas

De vez en cuando le echo un ojo a la página de estadísticas del blog. Suele ser curioso. Aunque la mayor parte son datos aburridos y sin interés, de vez en cuando se encuentra uno con cosas espectaculares. El ritmo de visitas está aumentando sorprendentemente en 2006 y aún no acabo de entender por qué, pero oye, bienvenido sea. Si ir más lejos, el otro día se batió el record de visitas en un solo día (el 21 de mayo, 69 visitas), y para mí es un misterio, porque la media suele estar muy constante en treinta y algo. Y no hubo post ni nada. ¿Qué habrá pasado el 21 pa que haya entrado tanta gente? Alguna conjunción astral o algo. O tal vez fuisteis otra vez los mismos, poseídos por la fiebre de la polémica futbolera de esos días. Otro record, por cierto: 30 comentarios en un mensaje. Como ya me comentó alguien, se han visto los mismos típicos argumentos que todos hemos oído en una conversación sobre ese tema… lo cual respalda mi afirmación de que los antifútbol no razonan, de lo contrario hubieran llegado a las mismas conclusiones que yo/nosotros. Y que no se me ofenda nadie, que (como ya dije) no me refiero a la gente a la que no le gusta, sino a los que van de guays.

Pero lo que más me gusta de las estadísticas es, de largo, ver cómo llega la gente hasta aquí. En concreto, ver qué cosas han buscado en el google que les han hecho caer por estos lares. Aquí es cuando uno se sorprende, y se pregunta en qué mundo vivimos. Porque vale, en su mayoría son cosas normales y lógicas (y en su mayoría, estoy seguro, la gente cierra la página en cuanto se da cuanta de dónde está), pero a veces… bueno. Muchos han llegado buscando datos sobre el famoso anuncio de neutrex de la mujer del futuro. A mí me choca porque después de un montón de tiempo de su emisión, nunca oí a nadie comentarlo, y en alguna ocasión hasta me han mirado raro por decir cosas sobre ese anuncio en concreto… y después de escribir el comentario, me fueron llegando referencias que casi lo convierten en un icono subcultural. Gente haciendo tiras cómicas sobre él, alguna aparición estelar en El Jueves… en cierto modo es tranquilizador comprobar que ese anuncio nos ha marcado a muchos. Pero sólo en cierto modo. También hubo un tipo que llegó preguntando por el “eslogan de fossil”. Si hubiera visto el anuncio no le quedarían ganas de saber nada más de esa firma… en fin, allá cada uno con lo suyo. El “capítulo psicodélico de los simpson” es otro cebo que ha hecho caer a mucha gente en esta trampa vil… y no os imagináis la cantidad de gañanes que son capaces de escribir mal el apellido simpson.

Pero todo esto son menudencias, porque hay por ahí un degenerado lamentable que es la verdadera razón de que esté hablando de este tema tan chorras. Porque lo que ese tipo preguntó al google, amigos, es nada más y nada menos que “como penetrar bien a una gorda”. No me preguntéis por qué, pero mi comentario sobre los autobuses es la segunda página que aparece después de buscar eso. Ante esto, poco queda por ver. Lo concreto de la pregunta no deja de fascinarme, por cierto. Cualquiera sabe cómo penetrar a alguien, pero ese tío quiere saber cómo hacerlo “bien”. Y además, no a una persona cualquiera, sino a una gorda. ¿Qué cabeza puede preguntarse eso? ¿Acaso no posee capacidad para extrapolar? Supongo que el pobre tipo se habrá quedado muy decepcionado cuando entró aquí y vio que el tema no tenía nada que ver con lo que él buscaba. Para evitar esto en el futuro, responderé a la pregunta lo mejor que puedo: “¡con los ojos cerrados!”.

Si alguien quiere proponer otra manera, el botón de comentarios está pa eso.

miércoles, 19 de abril de 2006

Faith


Las cosas no tienen, en sí mismas, más importancia que la que uno quiere depositar en ellas. No os dejéis engañar en esto. La gente va por ahí diciendo “eso no es importante”, “esto sí”, o “eso es más importante que aquello”. Chorradas. Si relativizamos algo lo suficiente, veremos que en el fondo casi nada importa nada. A mí, por ejemplo, casi todo me da igual, porque doy importancia a pocas cosas. Después de pensar en ello, por diversos motivos que ahora no vienen al caso y no merece la pena comentar, he llegado a la conclusión de que lo único que me importa son un cierto número de personas a las que quiero. Ni siquiera es un número muy grande, sumando amigos y familiares. Luego hay cosas que me alegran un poco la vida, pero eso ya es otro tema.

Todo esto viene al caso porque desde ayer se están jugando las semifinales de la Champions League, la Copa de Europa de clubes, vaya, y las estoy siguiendo con gran interés. Yo no diría que me importan, de la misma manera que tampoco me importa una tarta de queso, por deliciosa que sea o por mucho que disfrute con ella. Pero a pesar de todo, me gusta el fútbol, y me interesa todo ese circo que se trae. Análogamente, hay gente a la que no le gusta, qué se le va a hacer. Pero luego hay otro tipo más de gente, casi todos snobs gilipollas, que se declaran militantes antifútbol. No pierden ocasión de menospreciar a los jugadores, a los dirigentes, a los aficionados, al deporte mismo. “Estoy harto de tanto fútbol”, dicen. Se indignan de que los jugadores cobren sueldos estratosféricos por darle patadas a un balón cuando hay gente que se muere de hambre en África, y te lo dicen tan tranquilos, al parecer sin darse cuenta de que quedan como demagogos descerebrados. Malditos imbéciles.

Ante estas opiniones, mis respuestas suelen estar en la línea de “jódete”, o “si no te gusta, vete a algún país comunista y deja de dar el coñazo”. Ya sé que no son muy agudas, pero de todos modos no se consigue nada razonando porque esa gente no razona. Más allá del hecho (evidente) de que los futbolistas ganan un sueldo perfectamente justo por el simple motivo de que hay alguien dispuesto a pagárselo (lo que es, no lo olvidemos, una de las bases de nuestra sociedad), yo afirmo que se lo merecen. Y aunque la situación para la humanidad no va a cambiar gran cosa gane quien gane el Mundial de Alemania de este verano, nadie puede decir que es un acontecimiento sin importancia (o, para ser más exactos, no tiene menos importancia que cualquier tema que se trate en el Congreso o lo que pueda decir cualquier diario sobre la burbuja inmobiliaria). Si nos despegamos de la subjetividad de considerar las cosas a las que damos importancia para pensar en aquellas a las que comúnmente se le da importancia, probablemente el Mundial sea lo más importante que ocurre cada cuatro años.

Pero no se trata sólo de eso. Estos resentidos envidiosos que son los militantes antifútbol (y que son el mismo tipo de persona que cualquier militante anti-algo, personas despreciables en su mayoría) prefieren quedarse en lo frívolo y superficial sin considerar cuestiones más profundas. Ya sabéis, toda esa mierda del deporte como método de superación personal, el honor, etc. Porque aunque lo forres de millones y lo llenes de hooligans borrachos, al fondo del vaso sigue estando la esencia del asunto. El hecho es que hay personas a las que verdaderamente les importa lo que pase con su equipo. Les importa igual que lo que le ocurra a su mejor amigo. Les importa más que lo que diga el presidente. Así de fácil. Han escogido algo distinto a lo que amar, más allá de las personas o la razón. Si esto es ridículo o motivo de burla, más vale que empecemos a suicidarnos todos en masa, porque un buen número de los mejores sentimientos de los que es capaz el ser humano se pueden encontrar, con algo de suerte, en un campo de fútbol.

Y no quiero acabar este alegato profutbolístico sin mencionar la final de la Champions de 2005, aquel increíble Liverpool-Milan. No voy a hablar del admirable ejercicio de voluntad que es remontar un 0-3 a un equipo muy superior cuando nadie da un duro por ti (jodidamente épico, por otro lado). No, quiero hablar de un tipo llamado Jamie Carragher, un defensa central del Liverpool. En la prórroga, empatando, después de haber hecho algo que estoy seguro que nadie creía que se podía hacer, le dio un tirón en una pierna. O se le subió un gemelo o algo así. Luego leí por ahí que el fulano tenía calambres, pero eso durante el partido yo no lo sabía. Lo que sí sabía es que el tío estaba sufriendo. Tenía una cara de dolor que sólo se puede lograr cuando estás bien jodido, roto de cansancio y bajo una presión brutal. Sudaba como un puto cerdo y uno podía ver que le dolía cada paso que daba. En la jugada siguiente, como un minuto después, un delantero del Milan se escapó de su par y se fue derecho a la portería. Pues bien, el tal Carragher se lanzó a por el balón como un salvaje a cortar su avance. Y lo hizo. Y juraría que lo he visto gritar mientras hacía la entrada con la misma pierna que tenía agarrotada un par de minutos antes. Y estoy seguro de que en ese momento no pensaba “qué bien vivo, con mi sueldo millonario y mi deportivo mientras tanta gente se mata a trabajar”. Supongo que debía ser algo como “Yo este balón lo saco por mis cojones, y si me muero, me muero sacándolo”. Y en ese instante, capullos antifútbol, Jamie Carragher se ganó, en mi opinión, cada mísera libra de su millonario sueldo. Porque para toda la gente a la que le importaba, la posibilidad de ver a su equipo ganar la Champions vale más que el dinero.

Y si no os gusta, largaos a algún país comunista y dejad de dar el coñazo.

viernes, 14 de abril de 2006

Reality


El otro día, estando en el 24 horas, me fijé en las bolsas de conguitos. Yo no lo sabía, pero ahora también hay conguitos de chocolate blanco. Estaban en el expositor, el uno junto al otro, en una hermosa estampa de hermandad. Colors. El blanco y el negro, muy juntitos. Pero me choca una cosa.

Los conguitos blancos siguen teniendo rasgos de negro (digamos que tienen un origen africano, para que no se nos ofendan los meapilas). En los conguitos normales, no hay ningún problema, siempre nos los vendieron como… bueno, como aborígenes del Congo o algo así. “Yo soy aquel negrito del África tropical”, decía el anuncio de otro producto muy conocido. Era un poco eso. De siempre, se relacionaba a los productos de chocolate y similares con negritos en África. Negritos, conguitos, viene a ser igual. Por cierto, también hay unas pastas llamadas negritos que están de vicio de ricas. Todo terriblemente condescendiente, en definitiva.

Lo coherente sería que los conguitos blancos tuvieran otro diseño. Que fueran blancos, rubios y de ojos azules. Como en el Congo no debe de haber mucha gente así, también habría que cambiarles el nombre. Yo propongo Rumanitos. Conguitos y Rumanitos. Mantiene ese espíritu despectivo con el que nos sentimos tan cómodos, es perfecto. Pero por lo que se ve, la coherencia no es una virtud bien vista en este mundo.

Es una pena que no tenga ningún colega negro para poder oír su punto de vista en estas cosas. Tengo mis propias opiniones, pero inevitablemente deben de estar sesgadas por mi cultura. No podemos escapar a nuestro tiempo, no del todo. En Francia sí que he conocido a varias personas de diversas razas y procedencias, y la mayoría eran muy majos, pero nunca tuvimos mucho contacto. C’est la vie.

Algo parecido pasa con los homosexuales. Fernando me ha asegurado una vez que tengo un colega homosexual, pero yo tengo ni idea de quién puede ser. Tampoco especulo, simplemente no pongo la mano en el fuego por nadie. Pero me gustaría saberlo porque a veces me pregunto qué pensaría alguien de tal o cual tema. Si supiera quién es, seguro que le preguntaría muchas cosas de vez en cuando. Salid del armario, hostia.

jueves, 6 de abril de 2006

A veces pasa

Supongo que a los que escribimos blogs nos pasa a menudo que, si dejamos pasar una ocasión, la perdemos para siempre. A veces piensas “estupendo tema para hacer un comentario”, pero si lo dejas pasar, luego ya no te sirve. A veces, ni siquiera te acuerdas de qué era lo que querías comentar. A mí me pasa todo el tiempo.

Muchas veces, llego aquí con una idea preconcebida y saco un comentario. Otras, empiezo a escribir de cualquier cosa y voy tirando por ahí. Esas son las peores, las menos interesantes. No es sólo porque no me pasan muchas cosas interesantes, sino porque además ejerzo una autocensura casi inconsciente sobre las cosas que estoy dispuesto a decir y las que no. Quizá vaya en contra del interés del texto, pero soy así de reservado, qué le vamos a hacer. El Poor Bastard de Joe Matt es una lectura estupenda, pero no es el rollo que a mí me va (y no lo digo sólo por el tema de las masturbaciones). Eso sí, me parece admirable, como admirables son también esos arranques de sinceridad de Alberto. Pero es difícil que yo haga algo así. Y si algún día parece que lo hago, no os fiéis: será ficticio.

Con todo, tampoco creo ser terriblemente reservado. Por eso me sorprendí mucho cuando, en medio de una conversación insustancial sobre no recuerdo qué, hice algún comentario sobre mi hermano, y Gabi, a quien conozco desde hace muuuchos años (mmm… ¿siete? ¿ocho?) se quedó a cuadros porque pensaba que yo era hijo único. Quiero pensar que es culpa suya, que está en la parra todo el tiempo. O en su coto de caza (guiño*, guiño*).

En este punto ya os habréis dado cuenta de que ésta es una de las otras veces. Durante esta semana pensé en varias cosas que sería divertido comentar aquí, pero como se me van de la cabeza o caducan antes de tiempo, me puse a ello estando completamente en blanco. Y así salen estos mensajes deslavazados, claro. ¿Que por qué hacerlos? Bueno, qué puede uno decir. Siempre es mejor que ver la tele. ¿O no?

sábado, 1 de abril de 2006

Radio Free Waznei

Cada poco aparece por Internet un juguete nuevo. La mayoría nos aburren pronto. En realidad, creo que todo nos aburre pronto, o al menos a mí me pasa. Da la sensación de que hoy en día las cosas no están hechas para durar; el entretenimiento tampoco. Todo debe cambiar, siempre hace falta algo nuevo. Y es así como las coñas telefónicas, los vídeos chorras y los mails (supuestamente) graciosos acaban hartándonos… o al menos, a los que tenemos buen gusto (este es el punto en que los listillos me preguntan qué es el “buen gusto”… deberíais saberlo ya, mamones: es el que se parece al mío).

Ahora pensaba escribir un pequeño comentario sobre lo rápido que se mueve nuestra sociedad hacia ninguna parte, pero he descubierto que no estoy demasiado inspirado para eso. Empecé este post con la idea de comentar mi nuevo juguete, antes de que me aburra y pierda el interés, como me ha pasado ya tantas veces. Asi que será mejor que me ciña al tema.

Es simple. Las circunstancias fueron propicias y me dio por probar una de esas páginas de radios personalizables que hay por la red (podéis considerar a este tío el culpable directo, así como de que esté escribiendo un blog, ya que lo comentamos). Tenéis el link del engendro al final de la barra lateral. La idea es que uno va poniendo los grupos o canciones que le gustan y el programa los va reproduciendo para tí según le parece… pero (y ahí está lo interesante), el caso es que el bicho “reconoce” tus gustos y te propone cosas que, para él, coinciden con ellos. No tienes un control directo sobre lo que escuchas, más allá de poder decir “esto me gusta” o “esto no me gusta”, con lo que se supone que el cacharro va afinando.

Hasta el momento no me han hecho escuchar nada que me hiciera lanzar cohetes, pero también es verdad que no he oído nada repugnante. La mayor parte es un poco anodino, salvo, naturalmente, las cosas que yo mismo he dicho que me gustaban. Pero aún así no acabo de dejarlo, porque siempre cabe la posibilidad de que la próxima me guste, ¿no? ¿Quién sabe? Y le das una y otra vez al botón de “siguiente”, hasta que un compungido mensajito te comenta que por motivos de licencias existe un límite al número de canciones que te puedes saltar en una hora. Nada te impide, sin embargo, escucharlas enteras o simplemente cerrar y abrir una ventana nueva para repetir todo el proceso, eso sí. Al final resulta que más tiempo del que te pasas escuchando cosas te lo pasas saltándotelas y esperando a ver qué es lo siguiente. Toda una metáfora de la vida. Corriendo deprisa hacia ninguna parte.

En fin, le daré una oportunidad a todo esto, porque parece que tiene un repertorio amplio tanto en variedad como en tiempo, y no parece que intente colarme nada con fines descaradamente publicitarios… y, para qué negarlo, me hace gracia la idea de que una máquina analice mis gustos e intente satisfacerlos. Ojalá las personas hicieran lo mismo.

Asi que ya sabéis, desde ahora tenéis en Radio Waznei una nueva forma de escuchar música. También podéis probar las otras que tenga por ahí (y es que el chisme recuerda las “emisoras” de otra gente que has probado), como es el caso, de momento, con la que se llama stereotopffer; pero para los que no conozcáis al responsable, os advierto que sólo encontraréis ruidos raros y cacofonías irritantes. Hala a mover el esqueleto.

PD
Juguemos a las adivinanzas! Hay una referencia a Philip Dick en este post. ¿Alguien sabe cuál es?