martes, 15 de diciembre de 2009

Quien no llora...

Antes lo digo, antes pasa. Cuando la semana pasada escribí ese post quejándome de que no conseguía leer ninguna novela estimulante, no me podía imaginar que tan poco tiempo después estaría aquí hablando de ella.

Se trata de "El Nombre del Viento", del debutante Patrick Rothfuss, y ha sido un estupendo regalo de cumpleaños. El hecho de que me haya devorado sus setecientasypico páginas en cuatro días dice mucho del interés que es capaz de generar. Yo nunca había oído nada del tal Rothfuss, cosa lógica tratándose de una primera novela, y la verdad es que ahora tampoco es que sepa gran cosa de él; quizá en los próximos días me dedique a investigar un poco. Pero es un tipo hábil, y me interesará ver por dónde va tirando. Pero hablemos un poco del libro....

El Nombre del Viento es una novela de fantasía. La verdad es que no se despega mucho del género y mantiene convencionalismos muy clásicos. Pese a tratarse de un autor americano, la ambientación tiene una especie de "sabor europeo" que me recuerda mucho a Sapkowski. Quizá en eso tenga que ver también la traducción, que me parece muy buena al estar salpicada de giros muy de aquí. Me llamó la atención particularmente una parte en la que aparece un personaje que habla en una especie de castellano antiguo que quedó muy lograda. Todo esto hace que la narración fluya de una manera creíble, sin nada chirriando. De ahí mi referencia a Sapkowski, aunque el parecido más evidente que se me ocurre con otro autor es con Ursula K Leguin y su serie de Terramar, que comparte con el Nombre del Viento multitud de similitudes argumentales. Sin embargo, diría que Rothfuss tiene un estilo mucho más elaborado a la hora de narrar, una combinación de lírica y cuento tradicional que deja muy buen sabor de boca. La estructura tiene unos planteamientos clásicos modernizados muy interesantes, si es que esta frase tiene algún sentido. Toda la historia es un flashback del protagonista contando sus memorias en primera persona a un historiador, y sin embargo el planteamiento básico es de narrador omnisciente en tercera persona. El relato del protagonista no empieza hasta bien avanzado el libro, una vez presentados los personajes principales, y cuando éste se interrumpe por cualquier causa, el punto de vista salta a la tercera persona. Estos cambios de perspectiva, las entradas y salidas al flashback, están muy bien enlazados. Además, en no pocas ocasiones nos encontramos con historias dentro de historias, cuando el protagonista nos cuenta cómo una vez se encontró a un tipo que le contó tal o cual relato. Sin llegar a la elegancia suprema de Auster en este ámbito, Rothfuss hace un trabajo de encaje muy apreciable, dirigiendo todas las historias y subhistorias con habilidad y buen hacer. Realmente creo que tenemos aquí a un buen escritor al que habrá que seguir.

Sin embargo, el libro no está exento de defectos.  Supongo que muchos son atribuibles al propio género, pero no por ello resultan menos irritantes. Y es que no comprendo esa absurda fijación de los autores de fantasía en tener que hacer las puñeteras trilogías y series y la madre que los parió. Me da la sensación de que si mañana alguien se las ingenia para escribir la Mejor Obra de Fantasía de Todos los Tiempos, aquella que hará olvidar para siempre el nombre de Tolkien, el editor le dirá al tipo "esto es una mierda! conviértelo en trilogía, alárgalo otras 2000 páginas y hablamos". Estoy hasta los huevos de las series. Vale, si la cosa acaba bien yo no tendré nada que decir, incluso me gustará más en conjunto porque, sin duda, tiene más mérito. Pero eso por desgracia no suele ocurrir, y yo no soy nada optimista con esta en concreto. Hacia el último cuarto, El Nombre del Viento pierde por completo el ritmo. Las cosas ocurren cada vez más a trompicones hasta que finalmente llegamos a un "continuará" muy decepcionante. Y esto es porque te paras a pensar y te das cuenta de que todas esas historias interesantes que te han contado por el camino son sólo eso: cuentos. Todo el libro (aunque muy bueno como entretenimiento) no es más que una sencilla presentación de un personaje, que además resulta ser un cliché de los de siempre (en el que encajaría perfectamente, por ejemplo, el Gavilán de Terramar; me parece que sólo habría que cambiarle el color del pelo). Esperad y veréis cómo el tipo este al final resulta ser El Elegido, o la reencarnación de un dios o algo así. El argumento no es que no sea original (que no lo es ni por asomo), es que ni siquiera existe. Si dejamos aparte los flashbacks que nos hablan del pasado lejano del protagonista, del principio de su historia, de agua pasada en definitiva, resulta que en toda la novela no pasa nada. Nada. Se termina, y uno piensa "quién me ha robado el resto del libro?"

Pese a todo, es una lectura estupenda. Lo es, por un lado, a pesar de ser fantasía, por todas las características que hacen de lastre; por otro, precisamente porque es fantasía, ya que no es habitual encontrar en el género algo más que una mediocridad para niños tontos. He disfrutado mucho leyendo el Nombre del Viento, y desde luego leeré la segunda parte, esperando que el autor me haga comerme las palabras y me demuestre que toda esta enorme introducción realmente merece la pena y nos lleva a algún sitio digno de ver. Todavía la está escribiendo, asi que habrá que tener paciencia. Hasta entonces, os recomiendo que la probéis, y que me contéis qué os parece.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Y ahora, qué?

A punto está de terminar el año, y la lista de candidatos a Lo Mejor de 2009 no es la más nutrida de la historia. Es algo triste, la verdad. Es verdad que en estos últimos dos años no leo tanto como antes, lo cual me molesta profundamente cada vez que pienso en ello. Pero en ese tiempo hay muchas otras cosas que tampoco hago tanto como antes. Escribir cosas aquí es un ejemplo evidente. Y es que esto de tener que trabajar quita mucho tiempo para todo. La vida debería ser otra cosa, pero vivimos en un mundo imperfecto.

Sin embargo, el que haya pocos candidatos no implica que haya leído poco. En realidad, creo que en este 2009 he leído más que en 2008 y 2007, incluso bastante más. Cosa de la que me alegro mucho, porque el pasatiempo de leer es algo que tiene mucho de hábito, y como todos los hábitos y costumbres, se pierde si no se ejercita. Y perderlo sería terrible: me resulta muy difícil explicar hasta qué punto una buena lectura me provoca placer. Como pasa con tantas otras cosas, los que puedan entenderlo no necesitan de explicación; los demás no podrán entenderlo con ninguna. Pasa como con el amor, que se explica a sí mismo o no se explica dependiendo de si lo has sentido alguna vez o no. Amo leer, para mí es un placer supremo.

Lo que no quita que también sea muy quisquilloso con lo que leo. Sí, este año he leído bastante (quiero decir, en relación a 2007-08) pero sin embargo, no me he encontrado con muchos libros que me hayan producido un gran entusiasmo. Ni siquiera un entusiasmo moderado. Ha habido algunos que me han entretenido, otros que me han gustado, otros que me han decepcionado; hubo muchos de los cuales pensé en hablar aquí (y no lo hice y fueron olvidados), pero hubo muy pocos que realmente me pusieran los pelos de punta o me provocaran ese cosquilleo en el estómago.

Lo curioso es que algunos ni siquiera son libros, o no lo son estrictamente. En la lista de aquí a la derecha no aparece ninguna novela. Tenemos una de las maravillosas entregas de relatos cortos de Philip K Dick, de quien no hace falta decir nada a estas alturas, y tenemos “artículos sueltos” y un par de libros de viaje de Enric González, de quien por fuerza me habéis tenido que oír hablar si habéis tenido alguna conversación conmigo en los últimos 6 meses. Enric ganó el año pasado, con toda justicia, y desde entonces he tenido un vago interés en leer más cosas suyas. Debido a la temática de Historias del Calcio lo asociaba con el fútbol, pero un buen día descubrí que en la web de El País uno puede leer prácticamente todo lo que ha publicado este hombre allí, y que el fútbol es sólo uno de los muchos temas que toca. Un link imprescindible. De ahí era inevitable dar el paso a sus libros de viajes.

Pero, ¿Qué fue de la ficción? ¿Dónde están las novelas? Creo que no he leído una gran novela desde hace más de un año, como mínimo, y lo echo de menos. Hasta ahora pude ir matando el gusanillo tirando de todas mis demás aficiones y, sobre todo, del artículo diario de Enric, que era (casi siempre) pura ambrosía. Pero resulta que ahora el tipo se nos va de corresponsal a Jerusalén y se nos han acabado los artículos. Y digo yo, ¿qué vamos a hacer ahora? ¿Qué razones me quedan para volver a leer un periódico? Me recuperaré, sí, pero lo echaré de menos tanto como una buena novela de vez en cuando.

martes, 29 de septiembre de 2009

Política

Uno sabe que se está haciendo viejo cuando empiezan a interesarle cosas absurdas como la política. Toda mi vida pensé que podría escapar de lacras de este tipo. "Son otros los que pierden el tiempo con esas cosas", pensaba yo. Ah, qué vueltas da la vida.

Siempre me pareció (y en el fondo me lo parece aún) que la política no es diferente del fútbol sin goles: uno elige su bando y lo defiende hasta el final, pase lo que pase, llueva o truene, se juegue bien o no, y discute animadamente de ello en tertulias de café vacías sin ver nunca ninguna consecuencia llamativa. Un 0-0 eterno, inmutable.

Como nunca me interesó, tampoco me preocupé nunca de ir a votar. Recuerdo claramente la primera vez que voté; fue en aquella ocasión justo después del 11-M. Como veis, había logrado estar varios años sin acercarme a una urna, aun teniendo el derecho legal (y no falta quien asegura que la obligación cívica) de hacerlo. En aquella ocasión fue un voto de hastío provocado por una suma de cuestiones variadas, de las cuales la mayor fue el tema Prestige. Ya había decidido el voto mucho antes del 11-M; aún así para algún miembro del partido derrotado debo de estar en el saco de los que apoyan el terrorismo por dejarme influenciar por los atentados.

Una vez hecho esto y cumplida la misión, volví a despreocuparme. No sentía especial afecto por el partido que voté, si hubiera podido hubiera hecho un voto negativo al partido que no quería votar. Siempre digo que la abstención se reduciría drásticamente si uno pudiera votar negativo. Es mucho más fácil estar seguro de lo que no se quiere que de lo que se quiere. E igualmente legítimo. Si las urnas dictaminan la voluntad del pueblo, no veo por qué han de dejar fuera la mía. Pero jamás veremos esto, claro, porque perjudica a los grandes partidos.

Pero últimamente no es raro que me asalten ideas relacionadas con el tema de la política. Hay muchos motivos. El más importante, por supuesto, es que me estoy haciendo viejo. Pero también me fascina que haya tanta gente que se toma en serio lo de votar, y que de alguna manera hace un tiempo que leo cosas relacionadas con política e incluso (quién lo hubiera dicho) la prensa. Hoy estuve leyendo la columna de ayer de Enric González (ésta) y mi mente derivó de la aparente modorra social que denuncia a las posibles alternativas a tomar.

Y me encontré con que no se me ocurría ninguna. ¿Qué puede uno decir? El Gobierno es desastroso. ¿Qué hace? ¿Qué piensa? Parece que nadie lo tiene muy claro. Sus propuestas más notorias desde hace algún tiempo (culminadas con el tema de la subida de impuestos) parecen aberrantes. Muchos de los problemas serios que arrastrábamos siguen sin solución, dos legislaturas después. Se vuelve uno hacia la oposición, y ¿qué ve? Un gallinero de farsantes iracundos, devotos de las cultura del pelotazo, creyentes en la filosofía del acoso y derribo y con la repitición incesante como máximo recurso retórico. ¿Qué puede uno hacer para mostrar la repulsión que siente? ¿De qué manera se ha de manifestar la tensión de la que habla González en su artículo? No creo que sea un ánimo a coger los cuchillos, por tentador que parezca.

¿Está en el voto la respuesta? Debería, sin duda. El problema es que, a la hora de la verdad, sólo hay dos opciones. Y si hay que elegir entre comer mierda o que te den por el culo, las personas razonables y prácticas se quedan en casa, buscan el lado divertido de toda esta pantomima grotesca y se preocupan de cosas realmente importantes como seguir viviendo como cada uno pueda. Por eso no ves tensión, Enric. Porque sabemos que la solución está en los cuchillos, y eso plantea problemas morales aún más inquietantes.

¿Hasta cuándo tendrá que seguir siendo esto así?

viernes, 18 de septiembre de 2009

Hablando de Shadow Complex....

... una cosa curiosa es que dio origen a una novela. Normalmente estas cosas suelen ser al revés; un tipo escribe un libro de éxito y alguien se anima a hacer un videojuego con él. Con las películas también pasaba lo mismo, aunque desde hace unos años venimos viendo la tendencia contraria. Ahora por fin también ocurre con los libros. Ya sé que tampoco es nada nuevo, que algún pobre desafortunado habrá tenido que resignarse a escribir todas esas novelas de Starcraft, pero (creo que) con Shadow Complex es la primera vez que lo hace un autor reputado. Los productores del juego se pusieron en contacto con Orson Scott Card pa que les echara una mano con el marco argumental del juego y se ve que le cogió el gustillo y acabó escribiendo Imperio, novela publicada un par de años antes que el juego. Aficionado como es a las sagas interminables, el bueno de Orson ya ha anunciado una continuación, Imperio Oculto. Yo tenía noticia de todo esto mientras jugaba y el otro día, que me dio por pasar por la Casa del Libro, me encontré la novela en un estante y me la compré.

Yo siempre he considerado a Card como un gran escritor, un narrador brillante, adictivo, sobrecogedor. Imposible hacerlo de otra manera cuando lo conoces con Maestro Cantor, El Juego de Ender y (mi favorita) La Voz de los Muertos. Añádele además que es el tipo que escribió los diálogos de la lucha con espadas del Monkey Island y acabarás convencido de que cualquier conversación que tengan sus personajes será un deleite exquisito. Y lo que es más: tendrás razón.

Lo que ocurre es que el tipo no mantuvo el nivel. Yo soy comprensivo con esas cosas, no se le puede pedir a nadie que esté todo el tiempo al máximo. La saga de Ender baja mucho en El Genocida y luego se mantiene más o menos hasta el remate; para mí está bien, no desmerece. No le pasa lo que a Dune, para entendernos. Sin embargo, con el transcurso de los años he probado a leer más cosas de Card (algunas de las cuales fueron reseñadas aquí en la noche de los tiempos) y lo que transmite es una sensación de dejadez y decadencia asombrosas. Me parece increíble cómo este tío se ha enfangado en los mismos temas, en la misma manera rancia de hacer las cosas, de plantear la narración, en la sobrecarga de moralina y beatitud, en el "ambiente de pedofilia" que siempre parece infectar en mayor o menor medida a sus historias (el protagonista de Imperio no es un niño, gracias a Dios). Nunca antes (me refiero a sus buenas novelas) se le había notado lo militante de sus convicciones religiosas radicales, nunca parecía estar predicando desde las páginas, nunca pareció un homófobo o un facha. Desde hace ya algún tiempo, en cambio, sus ideas ensucian excesivamente sus obras, que además han perdido en frescura, interés y ambición.

"Imperio" es una novela muy entretenida que da buenos ratos de lectura, no se puede negar que Card aún guarda algo de lo que tuvo. Pero también es en cierto modo vulgar, muy superficial y perfectamente olvidable. La historia, que nos habla de un enrevasado complot para colocar en la Casa Blanca a un dictador tras una nueva guerra civil en los USA, sólo es interesante en la medida en que esperas una explicación de lo que se ve venir desde los primeros capítulos, pero esa explicación se queda en los pases de manos de un mago de feria (Card probablemente nos la ponga de cebo para la segunda parte). Los personajes, que siempre fueron un punto fuerte del autor, no están casi trabajados (sólo aparentan estarlo) y antes parecen marionetas que personas. Según veo por ahí, la novela está teniendo más repercusión por lo que plantea su argumento (una conspiración izquierdista para dar un golpe de estado del que tendremos que ser salvados por la buena y vieja derecha) que por lo que es literariamente. A mí no me ha parecido tan radical en ese sentido, pero siempre hay gente susceptible a la que le gusta montar pollos por estas cosas. Leyendo El Juego de Ender o La Voz de los Muertos yo hubiera dicho que el autor era de izquierdas, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, parece ser que hizo campaña por el candidato republicano en las últimas elecciones, y es bien conocida su firme oposición a los matrimonios gays. Parece ser que Card piensa que ser homosexual es pecado y que los homosexuales no pueden ser considerados miembros dignos de la sociedad.

La gran broma viene cuando uno se entera de que hubo un intento de boicot a Shadow Complex por el mero hecho de que Card estaba implicado tangencialmente en el proyecto. Me pregunto si también habrán planteado un boicot comercial a la ciudad de Greensboro, que es donde vive el tipo. Me pregunto cuántos de esos defensores de la moralidad hablarán del Monkey Island como un juegazo o se habrán comprado el reciente remake. Me pregunto si el mundo no se habrá vuelto loco y si realmente no necesitaremos un emperador dictatorial que imponga la cordura por la fuerza. Me presentaría voluntario, pero en días como hoy me temo que acabaría por exterminar a la mayor parte de la raza humana.

martes, 15 de septiembre de 2009

Juegos Históricos (del futuro): Shadow Complex


Muchos cuestionarán lo adecuado de considerar histórico a un juego publicado hace cosa de un mes, y que además no presenta ningún elemento novedoso respecto a juegos de la década pasada. Yo mismo estuve dudándolo hasta el último momento. Y es que es verdad: uno casi puede decir "yo a esto ya he jugado".

Shadow Complex viene a ser lo que en la frontera de los 80-90s se dio en llamar "videoaventura", un género que mezclaba arcade, plataformas y puzzles que tuvo representantes de cierto éxito (y cuyos nombres no consigo recordar, sé que había una versión de Batman y yo he jugado a alguna más pero los títulos se me han borrado de la cabeza). Tradicionalmente eran en 2d, pero eso era por las limitaciones del momento, como es lógico. Por ejemplo, yo considero que los primeros Tomb Raider son videoaventuras de toda la vida: hay malos a los que disparar, complejos sistemas de plataformas por los que trepar y saltar, y puzzles que resolver de diversas maneras para abrir caminos... y está todo ahí mezclado. Según esta definición podríamos considerar Half-Life como una videoaventura, pero no quiero desviarme tanto del tema asi que vamos a centrarnos.

La referencia directa y declarada de Shadow Complex es Metroid, un juego ya bastante añejo. Yo por desgracia no conozco gran cosa de la saga Metroid, pero sí conozco en detalle los Metroidvania (o Castletroid?) inaugurados con Symphony Of The Night, que como nos indica su denominación oficiosa beben de la misma fuente. Y puedo decir que el desarrollo del juego es idéntico. Todos los convencionalismos están ahí. Si obviamos el punto de vista estrictamente técnico, este juego podría haberse hecho exactamente igual en 1990.



¿Por qué entonces es histórico? Pues precisamente por eso. Desde Castlevania: Symphony Of The Night en 1997 (sino no recuerdo mal), que salió en Playstation 1, no hemos vuelto a ver el género tocando las consolas de sobremesa. Las excelentes y muy exitosas continuaciones de Castlevania se quedaron marginadas en DS, para regocijo de los que somos poseedores de la portátil de Nintendo. Ni hablar de los PCs, por supuesto. La saga Metroid se pasó a un enfoque FPS (tengo entendido que con éxito) y la franquicia de Castlevania se autoflageló con aberrantes intentos de pasarse al 3d e incursiones de dudoso gusto en géneros como la lucha 1vs1. Los desarrolladores de la nueva entrega de Castlevania han reconocido que se están inspirando en Gears of War (sic) para darle un nuevo enfoque, y todo un género de culto estaba completamente desaparecido del primer plano de la actualidad videojueguil hasta que la gente de Chair se soltó este órdago llamado Shadow Complex. El director, Donald Mustard, lo deja claro en varias entrevistas (de las cuales recomiendo ésta): estaba harto de que nadie hiciera juegos de los que a él le gustan, asi que se marcó un homenaje a su juego favorito (Super Metroid), a ver si alguien se cae de la burra y hace otro para que él pueda disfrutarlo como jugador.

Shadow Complex es un juego de 2009, es un juego en 2 dimensiones, es un juego visualmente precioso y es un juego de éxito (tiene el récord de ventas en XboxLive con 200.000 copias la primera semana). Si esto no sirve para establecer, de una vez por todas y para siempre, que se pueden hacer grandes juegos que funcionen a nivel artístico y comercial utilizando 2d y conceptos de diseño clásicos, entonces nada servirá. Espero que la industria entienda el mensaje que está transmitiendo todo esto y Konami haga por fin un Castlevania como Dios manda.



¿El juego...? Poco más se puede decir de él. Es digno heredero de SOTN, que ya es decir mucho. Es divertido y me lo pasé de maravilla jugando. Las pegas son que no es muy largo y que es relativamente fácil. Yo jugué en dificultad Normal y no fue una buena idea, ya que no hay prácticamente reto. Recomiendo empezar en difícil, y si lo rejuego para encontrar todos los secretitos lo haré así. Pese a todo, es probable que sea el mejor juego del año.

domingo, 19 de julio de 2009

Juegos Históricos (o no tanto)



Hace unos meses me quejaba aquí de cómo la industria del videojuego vive de espaladas al pasado, renegando de su patrimonio cultural. Es algo así como si al cabo de tres o cuatro años los libros publicados se desintegraran o las películas no se pudieran volver a ver. Impide al medio alcanzar una madurez plena al privarlo de la herencia de las grandes obras que se han hecho, y que las nuevas generaciones no podrán probar.


Sin embargo, de vez en cuando aparece un destello de esperanza para los que esperamos que algún día esta situación cambie. Hace pocos días hemos visto uno de los más brillantes en mucho tiempo, ya que Lucasarts, la en otro tiempo gran desarrolladora de videojuegos, ha decidido publicar un remake de una de las obras más importantes de la historia: The Secret Of Monkey Island. Para alguien como yo, que en su día no tuvo la oportunidad de jugarla (en 1990 tenía un Commodore 64 y las grandes obras del momento estaban fuera de mi alcance), se trata de un acontecimiento especialmente emocionante.


Han hecho algo muy simple: tomaron el brillante juego original y lo “redibujaron” casi píxel a píxel para darle una calidad HD acorde a lo que esperamos hoy en día. Rehicieron la banda sonora con una orquestación completa conservando las melodías originales, y reclutaron a un excelente elenco de actores para hacer el doblaje. El resultado, también muy simple: el absoluto placer de poder disfrutar del Monkey Island como si fuera un juego totalmente nuevo (cosa que para mí prácticamente es).


Aplaudo por completo la iniciativa y sólo me queda esperar que sea un éxito para que se animen a continuar con otros títulos maravillosos que no pude jugar en su momento. Empezando por el Monkey 2, sin olvidarnos de Loom (que siempre ejerció una fascinación extraña sobre mí) y siguiendo por los Indys y por supuesto las obras geniales de Sierra. A mí me vendría de maravilla, ya también a una legión de jugadores que, por su edad, probablemente no hayan ni oído hablar de ellas. En mi opinión, la aventura gráfica es un género que no caduca, y estoy convencido de que la gente hoy puede sentirse igual de fascinada con estos juegos que hace 20 años cuando aparecieron. Por desgracia, lo que sí caduca es el soporte en que se juegan, y hasta yo tengo que reconocer que ponerme a jugar a un juego de hace 20 años con los medios de entonces no me parece una idea en absoluto atractiva. Por eso creo que estos remakes deberían ser un pilar fundamental de servicios de descarga como el de Xbox Live, pero debidamente actualizados y no como una simple reventa del original (como por desgracia vemos demasiado).





Aún así, y aunque mi valoración del Monkey Island sólo puede ser positiva, no quiero dejar de mencionar unos pequeños defectos mejorables, empezando por la animación. Y es que aunque el aspecto visual de todo el juego es excelente, las animaciones no son mucho mejores de lo que eran en 1990 y muchos movimientos se hacen bruscos y poco naturales. Nuestro personaje se mueve por la pantalla como un pegote superpuesto en el escenario, sin ninguna sensación de pertenecer a él. Esto también pasaba en la versión original, pero entonces no se notaba tanto. De todas maneras hay que reconocer que uno se acostumbra y al cabo de un rato no chirría en exceso. En cambio, lo que sí se va haciendo farragoso en todo momento es el manejo, que no está todo lo modernizado que podría. Se limitaron a quitar el inventario y el menú de verbos de la pantalla haciendo que aparezcan al pulsar un botón, cosa que me parece muy bien, pero en esencia sigue siendo igual, cuando todos sabemos que quedó superado hace muchos años. Hubieran podido rescatar el sistema del Monkey3, por ejemplo, que era mucho más práctico y fluido. Por mencionar uno. Pero claro, seguro que entonces habría muchos puretas imbéciles rasgándose las vestiduras y gritando “anatema, anatema!”. Aunque por lo que leo en los comentarios de Aventuraycia lo están haciendo de todos modos. Por último, y aunque esto ya no tiene nada que ver con el remake sino con el juego original en sí, tengo que decir que se nota que es un juego viejillo, básicamente en la poca variedad de comentarios y elementos observables del juego. Quiero decir, que por ejemplo la frase “No le veo nada de particular” cuando examinamos algo la acabamos oyendo millones de veces, cuando en otros juegos más modernos el guión es mucho más extenso y rico en detalles. Por supuesto nadie le puede quitar al juego el mérito incomparable de haber sido de los primeros en reinar sobre el género, y aún mantiene frescos el ingenio y la brillantez de sus puzzles (algunos son realmente geniales, una verdadera demostración de cómo se tienen que hacer las cosas sin caer en soluciones absurdas, insípidas, o basadas en la mera combinatoria, las grandes lacras de la aventura moderna). Pero aún así, y hasta donde he podido ver (todavía no lo he terminado, acabo de llegar a Monkey Island), en contra de la opinión de muchos nostálgicos creo que ya puede haber sido superado… y es que no creo que consiga desbancar a Gabriel Knight 3 como mi aventura gráfica favorita de todos los tiempos.

martes, 30 de junio de 2009

Juegos Históricos: World Cup Italia 90

¿Qué es lo que hace que un juego sea divertido? Esta pregunta, que debe de rondar por la cabeza de muchos desarrolladores de videojuegos, no siempre tiene una respuesta fácil. Definir por qué un juego nos gusta a veces se convierte en un misterio incluso para nosotros mismos. Es lo que a mí me pasa con este Italia 90, juego de megadrive que podemos llamar mítico y del que, la verdad, es sorprendentemente fácil encontrar información en internet.

Me acordé hoy del I90 porque de repente y sin previo aviso, la musiquilla empezó a resonarme en la cabeza. Alguien que haya jugado me comprenderá perfectamente. La musiquilla caribeña que salía de vez en cuando en los partidos se ha quedado grabada para siempre en mi mente y jamás la podré olvidar, así viva 100 años. Era repetitiva y machacona, como todas las del juego, y supongo que también irritante y enloquecedora en cierto modo. Recuerdo estar tararéandola como un mantra mientras aporreba los botones. Aporreamiento que, unido a lo afilado de los bordes de la cruceta del pad original de megadrive, han conseguido dejarme una cicatriz perpetua en mi pulgar izquierdo (no es broma, la puedo enseñar). Puedo decir, por tanto, que este juego me ha marcado por dentro y por fuera.

Tras decir esto, cualquiera podría pensar que estamos ante un videojuego importante, un precursor de los gigantes PES y FIFA de hoy en día. Nada más lejos de la realidad. Si alguien me pregunta, honestamente tendría que responder que es un juego malo, remarcablemente malo. Malo hasta niveles absurdos, ridículos, es tan malo que jugar casi se podría considerar una estupidez.

Por géneros, I90 es indudablemente un arcade. Imposible que sea otra cosa. Todo lo que no sea patear el balón carece de sentido en el juego. Para empezar, no se puede elegir ninguna táctica o formación en el campo; todos los equipos del mundo juegan igual. Igual de mal, cabría señalar, pues la disposición sobre el césped es bastante extraña y sólo se parece remotamente a una táctica real, aunque se supone que es un 4-4-2. Lo digo porque el juego nos permite elegir a los componentes de las líneas antes del partido. Aunque tienen unas puntuaciones, nunca me he fijado mucho en ellas, y sospecho que el juego tampoco. Ni falta que hace, porque luego en el campo no hay manera de distinguirlos y además se mueven aleatoriamente por la pantalla sin seguir aparentemente ningún patrón fijo. Tampoco era posible hacer cambios; para qué, si los jugadores no se cansan ni se lesionan ni puedes meter a otro delantero. Acción total sin cortes. De alguna manera esto captura la esencia frenética del fútbol, del fútbol de patio de colegio por lo menos. Por defecto los jugadores corren como locos hacia el balón, hasta que el jugador los controla o desaparecen de la pantalla.

El control es uno de los aspectos más fascinantes del juego. Usa los 3 botones del pad de megadrive, aunque sería lo mismo si usara sólo dos, ya que el botón de pase corto es manifiestamente inútil y al cabo de varios intentos (y yo hice muchos, creedme) aprendías que era sinónimo de perder el balón. Asi que solamente quedaban el tiro y el pase largo. Esto nos da una idea muy clara del tipo de fútbol que el juego fomentaba. Esa idea queda reforzada por el hecho de que sin el balón, la única acción posible es una entrada bestial con los tacos por delante a ras de suelo. Y por si tenemos alguna duda todavía, la inexistencia de las faltas termina de aclararlo todo. Sí amigos, en este juego el árbitro se limita a pitar las fueras: no existen las faltas ni los penaltis, a menos que el partido acabe en empate. Sumadle a todo eso el control manual del portero y el hecho de que el jugador a manejar lo elige la máquina aleatoriamente por proximidad al balón sin posibilidad de cambiarlo (la única manera es sacarlo de la pantalla para que nos asigne a otro) y os haréis una idea del frenesí caótico que era este juego constantemente. Y pese a todo, o quizá precisamente por eso, Italia 90 es un juego extrañamente divertido, sobre todo en 1vs1, ya que la máquina no tiene nivel para plantear un reto interesante una vez asumidos los mecanismos básicos.

Yo tuve la fortuna de tener a mi primo en casa para poder estrujar el juego al máximo en duelos increíbles. Seguimos jugando muchos años después de que se hubiera convertido en reliquia (hablo quizá de 1995 o 1996, cuando el FIFA empezaba a reinar en las consolas). Hemos jugado tanto y llegamos a perfeccionar nuestra técnica hasta tal punto que estoy convencido de ser el mejor jugador del mundo (o al menos lo era en aquel entonces). Más que nada porque no creo que hubiera muchos jugando, pero aún así. Mi primo podría ser el segundo mejor perfectamente. Le hemos sacado bugs y hemos desarrollado técnicas y contratécnicas. Recuerdo con especial cariño mi Tiro Matutano, un intento de crear la vaselina perfecta para marcar siempre usando el botón de pase largo, aunque era difícil de ejecutar en las circunstancias adecuadas y un portero atento podía detenerlo sin mucho problema, por lo que acabé desechándolo. Y sin lugar a dudas, el Regate Fantasmal, un movimiento electrizante que conseguía incluso regatear la cámara, dejando la pantalla atrás de modo que uno continuaba con la posesión del balón fuera de la pantalla y podía avanzar sin miedo al rival. A ciegas, sí, pero sin miedo. El problema es que el árbitro tampoco te veía, por lo que no valía con meterse dentro de la portería o chutar a bocajarro, porque pitaba saque de puerta aunque el balón traspasara la línea de gol. Alguna vez la pantalla me sorprendió con el balón dentro y el árbitro anuló la jugada pitando fuera, asi que había que conseguir volver hacia atrás a tiempo sin que te quitaran el balón para poder marcar. Daba para mucho.

Globalmente, y usando cualquier argumento racional imaginable, el juego era pura porquería. Y sin embargo se trataba de una experiencia jugable muy divertida y equilibrada. Que me maten si puedo decir por qué, pero así era.

viernes, 26 de junio de 2009

El Código Millenium

En su momento ya evité mancillar mis ojos con el invento de Dan Brown. Jamás me produjo curiosidad, sino más bien una sana rechifla. Cuando los vendemotos concentraron todas sus fuerzas en la película, la imagen de Tom Hanks corriendo como si fuera a perder el bus me transmitió tal sensación de aburrimiento que me sorprendí de que trataran de hacer pasar por trepidante algo tan chorras. Cuando una peli ya parece tan mala en el trailer es que la cosa es para tener cuidado. Supongo que alguien podría criticarme por tachar de basura un libro que no he leído y una peli que no he visto. Gilipolleces: Estoy actuando como un crítico profesional.

Tiempo después, volvemos a tener entre nosotros una reencarnación (sería más adecuado decir reencuadernación?) del mismo caso, esta vez directamente en forma de trilogía. Millenium parece seguir el mismo camino que la Movida DaVinci. Un buen día jamás has oído hablar de Stieg Larsson, y al día siguiente pareces tonto por estar perdiéndote las obras literarias más importantes en lo que va de siglo. No lo digo yo, lo dicen "los franceses". Al menos eso es lo que pone la solapa del primer volumen.

Aunque debo reconocer que en mi caso no es totalmente cierto. Hace tiempo que he oído hablar de Stieg Larsson por recomendación de mi hermano. No sé exactamente cuando fue, creo que en algún momento del año pasado. Todavía no se había desencadenado La Locura y a mí no me sonaba de nada, aunque él hablaba como si fuera un tío ultrafamoso (cosa que probablemente era, dicho sea de paso). Pero el caso es que me lo recomendó antes de que mis prejuicios me pusieran en contra, en un contexto en el que hablábamos de libros que nos gustaban, así que me dejó una sensación positiva. Yo quiero mucho a mi hermano y confío en su criterio, aunque sé que tiene unas tragaderas literarias mucho más anchas que las mías, pues es capaz de disfrutar de cosas que yo sólo puedo aborrecer. Pero todo juntado con los títulos extravagantes y la historia truculenta de la muerte del autor me animaron a hacerme con el primer tomo: Los Hombres que No Amaban a las Mujeres.

Hoy lo he terminado. Es una novela entretenida. Por momentos divierte. Por momentos, suscita curiosidad en la trama. En resumen, es algo apropiado para leer cuando vas a cagar. Si uno no es de los que leen en el baño, es una mera distracción. Eso no es malo en sí mismo, tampoco lo digo como algo negativo. Pero proclamar que es "una obra maestra, la novela de la década" o que es "una obra literara mayor, en la que se confunden todos los géneros y que (...) permanecerá grabada en nuestra memoria" o incluso que "genera una extraordinaria adicción" es una estupidez propia de un imbécil sin criterio. Ni la trama es original ni el planteamiento novedoso ni el estilo deja de ser en ningún momento algo más que mediocre. Ni siquiera se despega del nivel medio de su género. Millenium 1 no es mejor que Sol Naciente de Michael Crichton o cualquier novela del palo. Al contrario de lo afirmado por las consignas publicitarias, es perfectamente olvidable y en Larsson no se puede apreciar ninguna señal de novelista brillante. El estilo es vulgar, los personajes clichés, el ritmo no está del todo bien llevado (hacia el final hay momentos anticlimáticos), el desarrollo argumental es muy discutible y forzado (y con un sonrojante deus ex machina) y por si fuera poco, sobran páginas. Francamente me asombra el éxito demoledor de esta novela que no aporta nada nuevo, y solo puedo buscar la explicación en el morbo generado por la temprana muerte del autor (por cierto, curioso que haya murto sin ver publicado el primer volumen... escribe muy rápido o alguien se lo pensó dos veces antes de publicar aquello?).

Bueno, a eso o a los poderes irresistibles de la publicidad.

viernes, 10 de abril de 2009

Aquí Mismo

Que el dinero no da la felicidad lo hemos oído decir ya un par de veces. Siempre pensé que es cierto, aunque definitivamente tampoco me parece un obstáculo. Eso de la felicidad es una movida diferente para cada uno, asi que imagino que sí puede haber alguien por ahí para el que la felicidad sea tener mucho dinero. Puede ser, ¿no? Hay mucha gente en el mundo.


Lo cierto es que en mi trabajo he llegado a conocer a gente que tiene mucho dinero. Y es verdad que no parecen más felices que cualquiera. De verdad que tener 1.000€ o 100.000€ en la cuenta no supone, en principio, mucha diferencia. Claro que “mucho” es algo relativo, quizá es que tienes que tener uno o varios millones para que te cambie la cara. Supongo que lo descubriré con el tiempo; esos tipos hablan directamente con mi jefe por ahora. Aunque por lo que he visto de ellos, tampoco parecen en paz con el universo ni nada por el estilo.


Miro a mi alrededor y creo que hay una sensación generalizada de que la cosa tiene truco. Desde siempre existe esa creencia extraña que nos viene de no sé dónde (quizá de las pelis, o de los cuentos infantiles, o de las ilusiones, o qué sé yo) de que si juegas bien tus cartas o das el pelotazo o tienes los amigos adecuados, puedes cambiarlo todo. Es lo que en las pelis americanas llaman “lograrlo”. Llegar a la cima, ser un triunfador, toda esa historia. Hay mil películas que hablan de ello. Te lo pintan como un mundo fuera del mundo en el que viven los elegidos para la gloria y que, si consigues entrar en él, entonces “lo has logrado” y todo va a ser felicidad y maravillas para siempre. En las películas el tipo suele ser alguien sin medios que consigue labrarse una posición con la única ayuda de su ingenio o su habilidad y llega a lo más alto desde la nada. A los americanos les gusta esa historia, no paran de contarla, me pregunto si se la creen.


Es mentira, claro. Al menos en espíritu. Yo creo que la gente es siempre igual en lo esencial, es como es. En el fondo dudo mucho que importe a dónde has llegado si no puedes estar contento sin hacer nada un día cualquiera. Todo eso de ir escalando, esa carrera contra todos, ese deseo por lograr objetivos (siempre cuantificables en dinero o estatus), esa obsesión por “conseguirlo” y llegar a la cima, es una persecución vacía de significado. Porque una vez que lo haces, sigues siendo tú, haciendo lo que sea que hagas, necesitando lo que sea que necesites, algo nuevo cada vez. Y sospecho que un día echarás la vista atrás y descubrirás que durante todo ese tiempo no había nada, que nunca ha habido nada.


Por eso soy tan feliz ahora, aquí mismo. Porque escucho una buena canción y veo los árboles mecerse por el viento en la ventana, y las olas romper allá lejos, en la costa del morrazo, y me siento genial sin tener que esperar a conseguir nada mañana.


Hala, ahí queda eso.

sábado, 4 de abril de 2009

Bersión Original

Desde siempre he sido un defensor del doblaje. Toda la vida viendo cine y series dobladas tiene que contribuir a esto, pero siempre he pensado que un doblaje bien hecho permite disfrutar más de lo que sea que estés viendo. Y siempre he pensado que en España, y especialmente en Galicia, tenemos una estupenda industria del doblaje, si es que se la puede llamar así. Un buen doblaje puede incluso mejorar al original. Me viene a la mente, por ejemplo, cualquier peli de Bruce Willis, que mola mucho más en castellano que en inglés. Supongo que se debe a que Ramón Langa es mejor actor que Bruce Willis, así de sencillo. Y ver Dragon Ball en gallego era como un millón de veces más divertido que verlo en castellano. Mejores actores, mejor entonación, mejor selección de las voces. Muchos dirán que es el efecto nostalgia, pero me parece evidente que no es así. En Shin Chan, por ejemplo, se nota esa diferencia una vez más y ahí no puede haber asomo de nostalgia por parte de nadie. Yo he visto a una cuadrilla de viejos en una taberna descojonándose con Shin Chan, porque la adaptación al gallego es muy auténtica y es fácil conectar con las payasadas que hace, porque aunque no tengan puta gracia la manera de hacerlas es divertida. En castellano no tienen puta gracia, y punto. Pasa lo mismo con la Nanny, y con la mayor parte de las cosas que he podido ver en ambas lenguas. Habrá excepciones, claro, pero serán eso.


De un tiempo a esta parte, sin embargo, me he visto obligado a cambiar de opinión. No sé si es porque la calidad del doblaje ha descendido o es que uno ha aprendido a vivir con los subtítulos, pero es realmente desagradable escuchar lo que hacen con películas y, sobre todo, series, que se estrenan últimamente. La idea de escribir este post la tenía desde hace tiempo, como mínimo desde que escuché la voz tan homosexual con la que se ha quedado en España el pobre Dexter, pero el detonante definitivo ha sido The Wire.


Cualquiera que haya hablado conmigo en las últimas semanas ha tenido que oírme proclamar que The Wire es la mejor serie de televisión que he visto jamás, y que estoy convencido de que es la mejor que se ha hecho nunca. No voy a hablar ahora de las infinitas virtudes de The Wire, sino que la voy a usar de ejemplo para señalar las razones por las que el doblaje es hoy, en general, muy malo. En The Wire se dan de lleno, y en todo lo que se dobla, también se dan en mayor o menor medida. Y en esencia, son solamente dos, aunque a veces se apoyan entre sí:


  1. Mala elección de las voces. Hay un terrible vicio de caer en clichés y lugares comunes con las voces. Casi todas las voces que se oyen son el mismo tipo de voz; tienen lo que los músicos llaman “el mismo color”. Al protagonista le ponen una voz de chico bueno, una voz limpia y modulada, nunca demasiado grave. Las voces graves suelen reservarlas para los malos. Normalmente se escapa de las voces llamativas y de los timbres extraños. Y sobre todo, se evitan los acentos. Todo lo que se oye en castellano es perfectamente neutro y limpio, la voz no te dice nada del personaje. Para mí esto resta mucha humanidad a la interpretación, y en una serie como The Wire es realmente mutilar parte de la diversión. Porque hay personajes a los que no les pega una voz así. Claro, se puede decir que depende de a lo que te acostumbres, pero los tonos definen a un personaje tanto como su apariencia visual, y la verdad es que no te causa la misma impresión ver a un tipo que tiene voz de decorador gai que a uno que tiene voz de alcohólico cabrón. Parece el mismo tipo, y dice las mismas cosas, pero no es la misma persona, no del todo. Hay tonos que se pueden perdonar, pero un personaje como Omar (ejemplo fácil) debería sonar de otra manera.


  1. Malos actores. De lo peor que le puede pasar a cualquier espectáculo es tener malos intérpretes. Esto no necesita de mucha explicación. Sospecho que en doblaje, el coste es una de las prioridades de las productoras, y se gastan menos dinero en producciones de las que esperan menos en términos de éxito comercial. Puesto que The Wire no es una serie comercial, le ha tocado sufrir esta lacra. Es especialmente doloroso cuando puedes comparar las dos versiones. Lo que en el original es una interpretación brillante (y me asombra el número de buenas interpretaciones que hay en la serie), en la versión doblada suena a falso, a leído, a increíble. Es la diferencia entre ver una escena de la vida de alguien y una actuación impostada. En The Wire esto pasa, sobre todo, con los actores secundarios, con esos tíos que no tienen muchas frases y para los que (sospecho) no merecía la pena contar con un actor decente. Lo cual es grave, porque, como se descubre con el tiempo, no se trata de una serie típica de protagonistas, secundarios y extras, sino que es una historia coral de vidas cruzadas en las que el papel de protagonista cambia totalmente de una temporada a otra y a veces incluso de un capítulo a otro.


Lo peor llega cuando los dos problemas se mezclan. Malos actores con voces que no pegan. En The Wire hay muchos (muchos) personajes, de muchas y diversas extracciones sociales y de diferente nivel de educación. En v.o. sólo con oírlos ya sabes (casi) qué tipo de persona son. Hablan diferente. Tienen acentos. Y no me refiero solamente al uso de jerga. En la misma primera escena de la serie, un policía blanco habla de un crimen con un negraco del guetto. Si cierras los ojos, en castellano no podrías decir cuál es cuál. Os aseguro que en el original queda claro. Además está el problema de la jerga. Sí, en castellano también usan jerga, pero con ese tono neutro y limpio todo el tiempo. Salvo el doblador de Bubbles, que intenta poner un tono de pasota colgao; no es que le quede bien, pero al menos lo intenta. Quizá el problema sea que los dobladores no están familiarizados con la manera de hablar de las comunidades marginales. Uno puede tener una dicción perfecta, puede ser incluso un buen actor que domine las inflexiones y matices de la voz, pero si tienes que interpretar a un drogadicto pobre, o a un negro de las barriadas analfabeto que no ha ido al colegio, entonces necesitas algo más que eso. Y no creo que haya manera de aprenderlo en ninguna escuela.


Mi opinión (y es La Verdad) es que viendo The Wire doblada al castellano uno se pierde por lo menos el 65% de la diversión. O más. Y esto pasa, en menor o menor medida, con todo lo que se dobla. Es una pena que la “edad de oro de las series” nos haya coincidido con la decadencia del doblaje.

jueves, 12 de marzo de 2009

Yo, Yo, y Sólo Yo

Había escrito un maravilloso post de análisis introspectivo sobre mi propia personalidad, pero acogiéndome a mi ya declarada (y por todos conocida) naturaleza reservada, voy a suprimirlo; con la seguridad de que a nadie le ha dado tiempo a leerlo. A mí ya me ha resultado muy útil y en el fondo, no creo que resultara interesante para nadie más.

No sé por qué la gente va al psicólogo, habiendo blogs.

Como compensación por este pequeño coñazo, intentaré que el próximo post sea divertido.

jueves, 1 de enero de 2009

Y el Ganador es... Enric González, por Historias del Calcio


Así es, amigos: a pesar de tratarse de un libro que no encaja en el perfil tradicional del ganador por tratarse de una recopilación de artículos periodísticos, lo cierto es que Enric es justo vencedor. No sólo por ser una muestra de que todavía se puede hacer buen periodismo, lo que ya de por sí sería bastante logro y más aún teniendo en cuenta que se trata de artículos deportivos (la prensa deportiva sólo es superada por la del corazón en el nivel de inmundicia que inunda sus páginas). Pero no, Historas del Calcio va más allá de ser una mera crónica o recopilación de anécdotas futbolísticas, sino que se parece más a una colección de relatos cortos, contados todos ellos con un estilo exquisito y consiguiendo reflejar el maravilloso potencial del fútbol como generador de historias. No quiero repetirme porque ya hablé de este libro en su momento, pero estoy contento de que haya sido el ganador y no dejo de recomendarlo, incluso a aquellos no directamente interesados en el deporte rey. Para muestra, incluyo en el apartado de links una página de un tipo que se ha dedicado a recopilar los artículos de Enric que forman la obra agraciada, así como algunos anteriores y posteriores. También hay artículos de otra gente, pero me temo que el nivel que exhiben es muy inferior en general. Con todo, mi más sincera enhorabuena Enric, espero que sigas así (y por lo que he visto, me alegra comprobar que lo estás haciendo).

No quisiera terminar sin hacer mención al buen nivel de los finalistas. Particularmente John Brunner, con su extraña y fresca Todos Sobre Zanzíbar, ya comentada aquí, y Charles Bukowski, que ha conseguido en raro mérito de colar un libro de poesía entre los finalistas. En general no puedo decir que sea un amante de la poesía (y menos aún traducida, no creo que la poesía pueda traducirse realmente bien), pero ese libro de título tan largo realmente tiene algunas piezas de las que te puedes encariñar fácilmente. Muchas son francamente muy divertidas, he llegado a reírme a carcajadas en alguna ocasión. Realmente el verso libre de Bukowski casi está rozando la narración en esta obra, sospecho que la métrica o el ritmo que pudiera haber se han perdido en la traducción.

Con todo, no ha sido un mal año de lecturas. Veremos lo que nos depara 2009. Por cierto, feliz año nuevo a todos. Yo tengo la sensación de que éste va a ser especialmente bueno, a ver si entre todos conseguimos que así sea.