jueves, 23 de diciembre de 2010
La Victoria del Waznei
jueves, 23 de septiembre de 2010
Sociedad: Progreso y Resistencia
Los avances sociales no se dan sin un largo y duro proceso de lucha contra la resistencia natural del medio, que actúa como un freno ante la reforma. Yo siempre había asumido que el mundo, en general, va evolucionando de una manera más o menos positiva y que se puede decir que estamos mejor ahora que en cualquier siglo pasado. Hay quien puede argumentar que este progreso es desigual y hay partes del mundo en que no es ni mucho menos así. Pero no es de eso de lo que quiero hablar ahora.
Ahora ya no estoy tan convencido de esa visión tan optimista, o al menos no en el corto/medio plazo, entendiendo como tal un par de generaciones. O sea, que probablemente las cosas vayan a mejor a la larga, pero eso no significa que no puedan empeorar en períodos cortos (para la humanidad) que son suficientemente largos como para que en realidad no notemos la diferencia (un siglo o diez mil años, desde mi perspectiva egoísta de mortal, me da un poco lo mismo). Aunque en realidad, tampoco quería hablar de esto ahora.
Quería hablar de la inercia del inmovilismo, de esa resistencia que hace de filtro necesario pero que en última instancia perpetúa los problemas sociales al impedir los cambios. El afán de mantener el status quo, que es algo familiar, conocido, tranquilo y cómodo.... aunque plagado de aberraciones e injusticias. Parece un hecho que la gente tiende al inmovilismo, y sólo se dan reacciones contrarias (a menudo violentas) cuando la presión del descontento alcanza límites extremos. Siempre había asociado este conservadurismo con la edad; supongo que a medida que uno se hace mayor arriesga menos y prefiere que las cosas sigan en su sitio. No sé hasta qué punto el paulatino envejecimiento de la población nos está volviendo más y más conservadores como sociedad. Aunque todavía me considero joven y sé que tengo una mente abierta y una actitud positiva ante el cambio, me alarma comprobar cómo tanta gente de un perfil similar al mío en cuanto edad, nivel cultural, posición social, etc, son de hecho muy reacios a aceptar ideas nuevas. Yo solía pensar "cuando se mueran todos esos viejos, los cambios llegarán por sí solos", pero me doy cuenta de que estaba equivocado, de que la gente se acomoda como puede en lo que hay y se niega a considerar siquiera la posibilidad de adoptar costumbres ajenas a las que conoce.
Tampoco tengo ninguna fórmula para solucionar los problemas del mundo (la mayoría de los cuales por cierto son estructurales; habría que borrarlo todo y volver a empezar) pero sí que tengo unas cuantas "pequeñas ideas" que creo que nos harían vivir en un lugar mejor y más feliz (más que este, al menos) y cuando las comento medio en broma como "las primeras cosas que haría si fuera el rey del mundo" la reacción suele ser siempre decir que no tienen sentido, que son una locura, que nadie querría eso. Es la resistencia al cambio, la tiranía del inmovilismo la que habla, no ya por boca de tipos maduros y apoltronados, sino por la de personas (relativamente) jóvenes que deberían ser dueñas del futuro y son, en cambio, esclavos del presente. La tragedia no es que se reaccione así ante mis ideas "imposibles, radicales y alocadas" (van entre comillas porque no lo son, esperad y ved dentro de unos cuantos siglos!), la tragedia es que se reaccionará así ante cualquier idea que no sea la misma mentira de siempre, familiar, cómoda, conocida, fácil de creer y, según parece, fácil de perdonar.
domingo, 8 de agosto de 2010
Un Principio
- Está hecho – dijo – por fin lo he logrado.
Así fue como ocurrió. Así fue el principio de todo. Era una noche de tormenta en otoño de 1883, y Samuel Beckett irrumpió en mi casa para informarme de que había vencido a la Muerte.
lunes, 8 de febrero de 2010
Tras el Incierto Horizonte
Tras el Incierto Horizonte es la continuación de Pórtico, una novela también merecedora de cualquier premio y que inauguró lo que se conoce como "La Saga de los Heechee". Aunque hace mucho tiempo que leí Pórtico, nunca tuve muchas referencias de la saga como tal, asi que supuse que se trataba de un nuevo "caso Dune". La verdad es que siendo conocida, Pórtico tampoco es que tuviera una fama exuberante, y Pohl, por mucho Gran Maestro que sea, tampoco es el autor de c-f más citado del mundo. Aparte de Pórtico, yo tan sólo le conocía Los Mercaderes del Espacio, que escribió en colaboración con otro tipo (cosa que siempre me sonó rara, no entiendo cómo pueden colaborar los escritores, no lo veo) y que, aunque tiene un título infame, es francamente interesante y divertida. Además tengo otro libro suyo en casa (Las Estrellas son de Fuego, me parece que se llama; como vemos, el señor Pohl no desperdicia su talento en los títulos) que nunca me había llamado mucho la atención. Creo que hasta empecé a leerlo alguna vez, quizá con algo de desgana. Prometo reintentarlo. [CORRECCIÓN: Mala pasada de la memoria: el libro al que me refiero es de Poul Anderson, retiro lo dicho]
Pero bueno, no quería hablar de esto, ni de los Mercaderes del Espacio, ni de Pórtico. Baste decir que recomiendo estos dos libros (en especial el segundo, de una originalidad y frescura poco habituales) y que, basándome en ellos y en Tras el Incierto Horizonte (que por motivos de comodidad pasaré a llamar TIH) tengo que reconocer que el señor Pohl se merece su título de Gran Maestro: todo lo suyo que he leído es excelente.
Es difícil hablar de TIH sin hablar de Pórtico. Inevitablemente son muy diferentes, desde la misma estructura. La narración es más secuencial al dejar de ser el centro de la historia un flashback, y el universo ya no necesita presentación al haberse establecido sus peculiaridades en la primera novela. El cambio principal está en la perspectiva, ya que usa el punto de vista múltiple para aprovechar a varios personajes, aunque profundiza en ellos menos que en Pórtico. Cosa normal, por otro lado, al haber más personajes relevantes y dejar de trascurrir la historia en el diván de un psiquiatra. Aunque en cierto sentido se trata de una novela más simple que la inaugural, en muchos aspectos creo que mantiene el nivel. Probablemente lo más importante es que el enorme poder seductor de Pórtico, basado principalmente en el enigma que representan los Heechees, continúa intacto a pesar de que se revelan muchos misterios. Yo hubiera pensado que esto le hubiera restado encanto, que nos encontraríamos ante soluciones vulgares que no podrían sostener el peso de la expectativa, pero por una vez mis prejuicios me fallaron. El encanto Heechee sigue intacto, a pesar de que al final del libro sabemos mucho más de ellos y sus motivaciones. De hecho, mi interés se ha acrecentado mucho gracias a ese giro final que lo pone todo patas arriba: mis prejuicios podrían decirme que es una huida hacia adelante a lo Lost, pero ahora mismo no me siento con derecho a dudar del Maestro Pohl. Buscaré activamente el volumen 3, ahora necesito leerlo.
