martes, 15 de diciembre de 2009

Quien no llora...

Antes lo digo, antes pasa. Cuando la semana pasada escribí ese post quejándome de que no conseguía leer ninguna novela estimulante, no me podía imaginar que tan poco tiempo después estaría aquí hablando de ella.

Se trata de "El Nombre del Viento", del debutante Patrick Rothfuss, y ha sido un estupendo regalo de cumpleaños. El hecho de que me haya devorado sus setecientasypico páginas en cuatro días dice mucho del interés que es capaz de generar. Yo nunca había oído nada del tal Rothfuss, cosa lógica tratándose de una primera novela, y la verdad es que ahora tampoco es que sepa gran cosa de él; quizá en los próximos días me dedique a investigar un poco. Pero es un tipo hábil, y me interesará ver por dónde va tirando. Pero hablemos un poco del libro....

El Nombre del Viento es una novela de fantasía. La verdad es que no se despega mucho del género y mantiene convencionalismos muy clásicos. Pese a tratarse de un autor americano, la ambientación tiene una especie de "sabor europeo" que me recuerda mucho a Sapkowski. Quizá en eso tenga que ver también la traducción, que me parece muy buena al estar salpicada de giros muy de aquí. Me llamó la atención particularmente una parte en la que aparece un personaje que habla en una especie de castellano antiguo que quedó muy lograda. Todo esto hace que la narración fluya de una manera creíble, sin nada chirriando. De ahí mi referencia a Sapkowski, aunque el parecido más evidente que se me ocurre con otro autor es con Ursula K Leguin y su serie de Terramar, que comparte con el Nombre del Viento multitud de similitudes argumentales. Sin embargo, diría que Rothfuss tiene un estilo mucho más elaborado a la hora de narrar, una combinación de lírica y cuento tradicional que deja muy buen sabor de boca. La estructura tiene unos planteamientos clásicos modernizados muy interesantes, si es que esta frase tiene algún sentido. Toda la historia es un flashback del protagonista contando sus memorias en primera persona a un historiador, y sin embargo el planteamiento básico es de narrador omnisciente en tercera persona. El relato del protagonista no empieza hasta bien avanzado el libro, una vez presentados los personajes principales, y cuando éste se interrumpe por cualquier causa, el punto de vista salta a la tercera persona. Estos cambios de perspectiva, las entradas y salidas al flashback, están muy bien enlazados. Además, en no pocas ocasiones nos encontramos con historias dentro de historias, cuando el protagonista nos cuenta cómo una vez se encontró a un tipo que le contó tal o cual relato. Sin llegar a la elegancia suprema de Auster en este ámbito, Rothfuss hace un trabajo de encaje muy apreciable, dirigiendo todas las historias y subhistorias con habilidad y buen hacer. Realmente creo que tenemos aquí a un buen escritor al que habrá que seguir.

Sin embargo, el libro no está exento de defectos.  Supongo que muchos son atribuibles al propio género, pero no por ello resultan menos irritantes. Y es que no comprendo esa absurda fijación de los autores de fantasía en tener que hacer las puñeteras trilogías y series y la madre que los parió. Me da la sensación de que si mañana alguien se las ingenia para escribir la Mejor Obra de Fantasía de Todos los Tiempos, aquella que hará olvidar para siempre el nombre de Tolkien, el editor le dirá al tipo "esto es una mierda! conviértelo en trilogía, alárgalo otras 2000 páginas y hablamos". Estoy hasta los huevos de las series. Vale, si la cosa acaba bien yo no tendré nada que decir, incluso me gustará más en conjunto porque, sin duda, tiene más mérito. Pero eso por desgracia no suele ocurrir, y yo no soy nada optimista con esta en concreto. Hacia el último cuarto, El Nombre del Viento pierde por completo el ritmo. Las cosas ocurren cada vez más a trompicones hasta que finalmente llegamos a un "continuará" muy decepcionante. Y esto es porque te paras a pensar y te das cuenta de que todas esas historias interesantes que te han contado por el camino son sólo eso: cuentos. Todo el libro (aunque muy bueno como entretenimiento) no es más que una sencilla presentación de un personaje, que además resulta ser un cliché de los de siempre (en el que encajaría perfectamente, por ejemplo, el Gavilán de Terramar; me parece que sólo habría que cambiarle el color del pelo). Esperad y veréis cómo el tipo este al final resulta ser El Elegido, o la reencarnación de un dios o algo así. El argumento no es que no sea original (que no lo es ni por asomo), es que ni siquiera existe. Si dejamos aparte los flashbacks que nos hablan del pasado lejano del protagonista, del principio de su historia, de agua pasada en definitiva, resulta que en toda la novela no pasa nada. Nada. Se termina, y uno piensa "quién me ha robado el resto del libro?"

Pese a todo, es una lectura estupenda. Lo es, por un lado, a pesar de ser fantasía, por todas las características que hacen de lastre; por otro, precisamente porque es fantasía, ya que no es habitual encontrar en el género algo más que una mediocridad para niños tontos. He disfrutado mucho leyendo el Nombre del Viento, y desde luego leeré la segunda parte, esperando que el autor me haga comerme las palabras y me demuestre que toda esta enorme introducción realmente merece la pena y nos lleva a algún sitio digno de ver. Todavía la está escribiendo, asi que habrá que tener paciencia. Hasta entonces, os recomiendo que la probéis, y que me contéis qué os parece.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Y ahora, qué?

A punto está de terminar el año, y la lista de candidatos a Lo Mejor de 2009 no es la más nutrida de la historia. Es algo triste, la verdad. Es verdad que en estos últimos dos años no leo tanto como antes, lo cual me molesta profundamente cada vez que pienso en ello. Pero en ese tiempo hay muchas otras cosas que tampoco hago tanto como antes. Escribir cosas aquí es un ejemplo evidente. Y es que esto de tener que trabajar quita mucho tiempo para todo. La vida debería ser otra cosa, pero vivimos en un mundo imperfecto.

Sin embargo, el que haya pocos candidatos no implica que haya leído poco. En realidad, creo que en este 2009 he leído más que en 2008 y 2007, incluso bastante más. Cosa de la que me alegro mucho, porque el pasatiempo de leer es algo que tiene mucho de hábito, y como todos los hábitos y costumbres, se pierde si no se ejercita. Y perderlo sería terrible: me resulta muy difícil explicar hasta qué punto una buena lectura me provoca placer. Como pasa con tantas otras cosas, los que puedan entenderlo no necesitan de explicación; los demás no podrán entenderlo con ninguna. Pasa como con el amor, que se explica a sí mismo o no se explica dependiendo de si lo has sentido alguna vez o no. Amo leer, para mí es un placer supremo.

Lo que no quita que también sea muy quisquilloso con lo que leo. Sí, este año he leído bastante (quiero decir, en relación a 2007-08) pero sin embargo, no me he encontrado con muchos libros que me hayan producido un gran entusiasmo. Ni siquiera un entusiasmo moderado. Ha habido algunos que me han entretenido, otros que me han gustado, otros que me han decepcionado; hubo muchos de los cuales pensé en hablar aquí (y no lo hice y fueron olvidados), pero hubo muy pocos que realmente me pusieran los pelos de punta o me provocaran ese cosquilleo en el estómago.

Lo curioso es que algunos ni siquiera son libros, o no lo son estrictamente. En la lista de aquí a la derecha no aparece ninguna novela. Tenemos una de las maravillosas entregas de relatos cortos de Philip K Dick, de quien no hace falta decir nada a estas alturas, y tenemos “artículos sueltos” y un par de libros de viaje de Enric González, de quien por fuerza me habéis tenido que oír hablar si habéis tenido alguna conversación conmigo en los últimos 6 meses. Enric ganó el año pasado, con toda justicia, y desde entonces he tenido un vago interés en leer más cosas suyas. Debido a la temática de Historias del Calcio lo asociaba con el fútbol, pero un buen día descubrí que en la web de El País uno puede leer prácticamente todo lo que ha publicado este hombre allí, y que el fútbol es sólo uno de los muchos temas que toca. Un link imprescindible. De ahí era inevitable dar el paso a sus libros de viajes.

Pero, ¿Qué fue de la ficción? ¿Dónde están las novelas? Creo que no he leído una gran novela desde hace más de un año, como mínimo, y lo echo de menos. Hasta ahora pude ir matando el gusanillo tirando de todas mis demás aficiones y, sobre todo, del artículo diario de Enric, que era (casi siempre) pura ambrosía. Pero resulta que ahora el tipo se nos va de corresponsal a Jerusalén y se nos han acabado los artículos. Y digo yo, ¿qué vamos a hacer ahora? ¿Qué razones me quedan para volver a leer un periódico? Me recuperaré, sí, pero lo echaré de menos tanto como una buena novela de vez en cuando.