lunes, 29 de octubre de 2007

Como en un Puzzle Maldito

Normalmente, cuando escribo algo aquí, primero hago el texto. Lo que sea, lo que toque. Luego le pongo un título adecuado. A veces el título surge a medias, lo pongo, y luego, quizá, acabo hablando de otra cosa. Otras veces, muy pocas, las menos, una frase o un nombre o cualquier cosa aparece y sé que es un título, un faro que me guía hacia lo que quiero. La mayoría de estas pocas veces ese algo acaba convirtiéndose en otra cosa y entonces el título cambia. Los títulos suelen ser lo último, y a menudo enlazan con algo que menciono en ese último párrafo: digamos que me los encuentro. Voy escribiendo y entonces aparece algún final lapidario o una sentencia “finalesca”, y entonces pongo punto final y refuerzo la idea con el título. Si uno asume que empiezo escribiendo el título, como los niños americanos escriben las redacciones del colegio, de esa manera tan extraña y antinatural que siempre me chocó (“Mis vacaciones de verano”, por Bobby Smith); entonces uno puede pensar que voy dirigiendo astutamente el discurso hacia ese punto que me interesa desde el principio. No es así, pero qué importa. A veces lo encuentras y a veces te busca.

Y otras veces, otras muchas veces, muy frecuentes últimamente, ahora que no hay tiempo ni ganas, el título aparece, brillante como mil soles cegadores quemando almas, y entonces sé lo que son y lo que significan, sé cómo contar la historia y conseguir ese cosquilleo extraño, esa cosa ajena. E incluso llego a escribir algún párrafo, antes de abandonar, de hacer alguna otra cosa importante, como jugar al ordenador, leer o echarme una siesta, si es de esos momentos aislados en los que estoy en casa y no me voy a ir enseguida. Para cuando uno vuelve, ya no hay ningún brillo, la llama se ha apagado, si es que alguna vez ha dejado de ser algo más que unos rescoldos esquivos de una mala idea, y deja tras de sí el cadáver descompuesto de unas frases deslavazadas que apenas defienden su dignidad como un viejo noble empobrecido que se aferra a su título. Porque, aunque muertos, saben que su título les sobrevivirá.

Como pequeño homenaje, he aquí los títulos de algunos posts que pudieran haber sido, pero no fueron. Tras cada uno de ellos, había algo interesante. Incluso tras este.

  • Las cosas que me hacen llorar
  • Admírame, quiéreme!
  • Sé que estás ahí
  • Fuera de mí
  • Por encima del Bien y del Mal
  • 2x1
  • En diferido
  • El valor de las sonrisas
  • Como en un puzzle maldito
  • Críptica
  • Violencia doméstica y otras patochadas
  • Yo soy cola, tú pegamento

4 comentarios:

Alberto Iglesias Lorenzo dijo...

Deberías dejar el banco e irte a isla martinica o algo así. Déjate barba y empieza a follar con tios rudos.

Zabu dijo...

En un comentario en el blog de Alberto te definiste (de una forma retorcidamente lastimera) como materialista que había pactado el disfrutar los esfuerzos de otros en vez de sufrir los propios.

Pues bien, cualquiera que haya jugado tus partidas o leído tus escritos se da cuenta de que quizá haya sido un éxito de tu fuerza de voluntad, pero desde luego no habrá sido un designio de tu naturaleza.

Y al post me remito.

Waznei dijo...

No sé de dónde sacas eso de disfrutar de los esfuerzos de otros. Suena bastante mal. Aunque pensándolo bien, ojalá pudiera hacerlo.

"retorcidamente lastimero"... tiene cojones

Zabu dijo...

Con "disfrutar de los esfuerzos de otros" me refiero a los esfuerzos por expresarse artísticamente.

Releyendo el post de Alberto creo que se entiende mejor lo que quería decir.

Tienes razón, fuera de contexto suena realmente mal.

Sobre "retorcidamente lastimero"... supongo que el retorcido soy yo así que no hagas demasiado caso.