lunes, 4 de septiembre de 2006

El infierno son los demás

A veces la gente hace cosas incomprensibles. Normalmente no se me da mal ponerme en el lugar de otros para entender los motivos de su conducta. Muchas veces me importa un comino, pero eso no significa que no lo haga y tome nota. Creo que ese es el motivo de que casi nunca me enfade con nadie o me sienta ofendido por algo. Suele haber explicaciones para todo.

Pero a veces te encuentras con cosas absurdas (o te las cuentan de primera mano, lo cual es casi lo mismo cuando tu fuente es fiable). Alguien que cuenta mentiras que no llevan a nadie a ningún sitio, o alguien que decide que una vez que se ha echado novio ya no quiere volver a ver a sus amigas de toda la vida. No tiene sentido, son actos en contra de la lógica y en contra del propio individuo que los comete. La chica que decía está cortando la relación con sus amigas sin ningún motivo en absoluto, y lo está haciendo consciente y premeditadamente, en una especie de suicidio social. No puedo imaginar ningún porqué que no incluya alguna forma de desequilibrio mental. Otro ejemplo, alguien que miente sobre algún tema. En general, las personas mienten o bien para ocultar algo que no desean que sea conocido (casi siempre por vergüenza) o para sacar provecho a costa de alguien (beneficiándose activamente o simplemente evitando ser descubierto en un acto innoble, como por ejemplo, curiosamente, mentir). Mentir en un tema que no implica ni beneficio ni riesgo para uno no es ya una cuestión de infamia moral, sino de llana tontería. Cuando además la mentira se da en una situación en la que es fácil que se descubra, la tontería es tal que uno se plantea si no será cosa de una compulsión insana. Y es que una persona que miente, por definición, no es digna de confianza. He observado que contar “pequeñas mentiras” parece socialmente aceptado; me parece una práctica aborrecible.

A veces, la gente hace cosas que no tienen ningún sentido para mí. Quizá no lo tienen en absoluto. Quizá se han vuelto locos y nadie se ha dado cuenta. Porque mientras uno pague sus facturas, compre muchas cosas, y no acuchille niños ni guarde sus cadáveres en el sótano (o que nadie se haya dado cuenta de que sí), uno seguirá siendo muy normal, muy educado, no hacía ruido ni nada y era muy amable cuando me lo encontraba en la escalera.

5 comentarios:

becusa dijo...

Jo...
anda q no he perdido tiempo divagando sobre la mentira (infructuosamente, d ahí el anterior adjetivo "perdido").

Personalmente, hace algún tiempo q dejé d plantearme x q la gente hace lo q hace, y dice lo q dice, no siendo q sean d mi círculo más próximo, y todo ello porque estaba empezando a desconfiar del ser humano (¿será malo x naturaleza?), y a una se la quitaban las ganas d salir a la calle, d seguir viendo la vida nocturna-pafetera como ciencia ficción, d hablar d amor con tu mejor amigo, y d to.

Un asco, vaya

ANIMéMONOS!


(vamos , digo yo...)

El Gran Chimp dijo...

La mentira que no aporta beneficio o no es útil para tapar una vergüenza se realiza porque nos da sensación de poder, de superioridad.
Digo yo, eh!

El Gran Chimp dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Waznei dijo...

Ésa es una idea interesante, señor Chimp, pero no me convence del todo. Mentir para obtener una sensación de superioridad es un contrasentido. Si tienes que mentir para sentirte bien es que eres un miserable: a mayor mentira, más falsa es la sensación que obtienes. Uno mismo debe comprender eso mientras lo hace, por lo que debe de ser frustrante antes que satisfactorio.

Ahora bien, uno puede mentir para provocar en otros admiración o respeto por un deseo de impresionar, eso es cierto. Creo que es señal de la existencia de un fuerte complejo de inferioridad: alguien admirable no necesita hacer nada para ser admirado, desde luego no necesita mentir. Es un círculo vicioso. Mentir para aparentar ser lo que no se es nos aleja aún más de eso que pretendemos ser. La mentira nunca es el camino; de hecho, nos lleva en la dirección contraria.

Creo que mis razonamientos son válidos en general, y si la gente sigue mintiendo supongo que será por una cuestión de ignorancia (en el caso de aquellos que no se detienen a reflexionar en nada) o mezquindad (para aquellos a los que no les interesa la verdad, tan sólo la apariencia).

Anónimo dijo...

Me confieso autor de pequeñas mentirijilas, o a veces de grandes mentiras, y reconozco que son debidas a algunos pequeños defectos de caracter.

Oh, well, al menos soy sincero cuando confieso que soy un poco mentiroso.

Att.

Hamlet, Príncipe de Dinamarca