lunes, 27 de marzo de 2006

El blús del autobús


La vida cotidiana está llena de pequeños detalles. Hoy estuvimos un poco liados en el trabajo, por lo que tardamos un poco más de lo normal en salir de la oficina. Como consecuencia, pillé el bus un poco más tarde. Lo justo como pa pillar la hora punta de salida de las oficinas (sí, normalmente suelo salir antes, una suerte lo de los horarios flexibles), con lo que el autobús iba bastante llenito. No demasiado, ojo, no es como los días de verano de 35º en la línea que va a la playa, ni como en los viejos tiempos del Cuvi cuando sólo había un bus cada hora para varios miles de alumnos. Digamos que iba razonablemente lleno. Pues bien, resulta que me ha venido a la cabeza una de esas imágenes absurdas de la infancia. A Martin Tupper, el de Sigue Soñando (no sé si alguien se acordará de esa serie que emitían en C+) le pasaba con cosas que había visto en la tele de pequeño; a mí me pasa con tebeos de Mortadelo que leía de pequeño. La viñeta en cuestión era la del típico tranvía que va abarrotado, del que sale un pie por la ventana y tal. Todo el mundo se iba quejando, y un viajero anónimo decía “la gorda que pague doble!” en referencia a Ofelia, si no recuerdo mal. En su momento me hizo mucha gracia, y no pude evitar sonreír al recordarlo cuando, al subir al autobús hoy, ví que había una gorda ocupando todo el pasillo del bus, actuando de tapón humano. Hablo en serio, ocupaba de asiento a asiento todo el espacio existente para pasar. Uno podía ver sitio algo más al fondo, incluso algún que otro asiento libre que (no se por qué) nadie se decidía a ocupar, pero era imposible pasar a través de la gorda. Ibáñez tenía algo de razón, no sería descabellado hacer pagar un recargo a las personas con cierto sobrepeso. Como la señora estaba de pie en el primer tercio del bus, la gente que iba subiendo de las paradas siguientes se iba amontonando más y más al principio del mismo. Desde la perspectiva que me confiere mi elevada estatura, iba observando cómo la gente empezaba a tener problemas sólo para subirse, mientras en la cola el ambiente era cada vez más distendido, y la señora no parecía tener intención de moverse. Aunque tampoco podría, porque ocupando ella misma todo el espacio, en cuanto se encontraba con alguien no podía avanzar. Era inevitable que, antes o después, alguno de los taponados tuviera que bajarse, y yo me preguntaba cómo sería la cosa.

El momento fatídico llegó por fin, se trataba de una señora mayor, la típica vieja. Por fortuna esta vieja era delgada y nervuda, porque si por casualidad se tratara de otra gorda yo no sé lo que hubiera pasado… sería un duelo de titanes digno de presenciarse. Lo que ocurrió fue que la vieja se lanzó con ahínco en pos de la liberación, y cuando llegó junto a la gorda intentó colarse entre ella y uno de los asientos, empujando con energías. La vieja empezó a penetrar entre los pliegues de grasa de la gorda, y hubo un breve instante en el que desapareció por completo. Al momento siguiente salió despedida hacia fuera por el otro lado, impulsada por su propia inercia y el empujón extra del cuerpo de la gorda. Espeluznante. Tampoco pudo ser nada agradable para la gorda, que sin duda notó miradas reprobatorias sobre ella.

Con todo, el microcosmos de los autobuses puede suministrar un buen número de anécdotas curiosas y observaciones triviales. Aunque en este caso se trataba de una señora de anormal circunferencia corporal, no es nada infrecuente ver que, efectivamente, la gente tiende a quedarse en la parte delantera del autobús, de modo que se forman embotellamientos que resultan particularmente irritantes cuando uno ve que hay sitio al fondo. El problema es que uno coge su sitio, se agarra a la barra, y hala, que se busquen la vida los demás. Ya se puede estar muriendo alguien delante, que nadie piensa retroceder ni un paso hasta que sea hora de apearse. Y lo que jamás podré entender es por qué hay tanta gente que decide no ocupar los asientos que van quedando libres. Debe de ser una especie de orgullo de la constancia, un “estoy de pie y de pie seguiré”. Quizá se identifican tanto con la incomodidad de los que van de pie que se sentirían culpables si se sientan. Ignorando, según parece, que todos les agradecerían que se quitaran del medio sentándose en el puto asiento.

Y podríamos seguir así hasta el infinito: conversaciones ajenas, accidentes, intentos de ligue, tíos raros, conductores cachondos… en un autobús puede pasar cualquier cosa. Cualquier cosa.

10 comentarios:

Stereotopffer dijo...

Claro, claro, en los autobuses que paguen el doble los gordos y en los cines que paguen el doble los altos... no te jode.

Sobre la gente que se queda delante habiendo sitio detrás te doy toda la razón... sobre los que no se sientan... bueno a lo mejor vienen de estar sentados y es lo último que les apetece hacer, no?

Alberto Iglesias Lorenzo dijo...

A mi una vez en un autobús a pontevedra un llonqui me explicó porqué son malas las drogas.

Darthseid dijo...

Sigue Soñando era una serie maravillosa... me parece que no la están reponiendo por ningún lado, una lástima.

El problema de la gente que se queda de pie, es que se quedan de pie delante de un asiento vacío, bloqueando el acceso y obligándote a preguntarle si se va a sentar, si se lo está pensando, o si solo lo hace por joder...

El Gran Chimp dijo...

Mis experiencias autobuseras más extremas tuvieron lugar durante el tiempo que estuve viviendo en Liverpool. Joder, la cantidad de borrachos (incluído el conductor) que se subían a los buses convertían cada trayecto (que por cierto eran muy largos) en una auténtica AVENTURA digna del Doctor Quatermain... recuerdo una vez que, volviendo de fiesta un sábado, una tipa borracha se quedó dormida mientras se la mamaba a su novio borracho (verídico).

Stereotopffer dijo...

El problema no es entonces que estén de pie, pues estorbarían lo mismo o más si se sentasen en el pasillo justo al lado de un asiento vacío.

El problema es que se ponen delante de un asiento vacío pues.

Anónimo dijo...

suputamadrejuaaaaaaaaaaajajajajajajajaajajajajaja

oye berni, el párrafo ese de la vieja "en pos de su liberación" es prosa expresionista pura y dura!! hostias pero qué ascazo!!

A mí me joden las conversaciones ajenas que más de una vez me han entrado ganas de imponer silencio a guantazos. Lo de los buses en Inglaterra es demencial, en Londres aquello era una galería de personajes a cuál más chungo que para qué...

Mítico 11 Cabral-San Miguel, el bus de los yonkos y las senhoronas que van al mercado! Aí si que hai mistura cultural, rediola!

Rober

Anónimo dijo...

Berni, nunca te tocó bajar del Cuvi en el 8 con Paco al timón? Uno viejo viejo, pelo blanco, delgado y enjuto... carallo, por Beade y Valadares aquello era una montanha rusa chacho, la cola de los orugas rockeaba iba haciendo slalom. Lástima que lo jubilaran, ese tipo era un crack!

Padawent dijo...

La parte en la que describes la desesperada lucha de la viejecita por salir me ha recordado la escena de la película "Akira" en que Tetsuo se convierte en esa aberración lechuguil llevándose por delante a la pobre niña. Y hace que me pregunte ¿cuanta gente tuvo que bajar antes de que lo hiciese la señora? ¿te pasaste tu parada por no enfrentarte a ese infierno? ¿alguien probó a pedirle amablemente que se moviese ligeramente (vale, igual no es la palabra mas oportuna) hacia un lado para poder salir?

Creo que comparto mas las opiniones de tu blog leyéndolas a altas horas de la madrugada y ya rallada por el curro.

Kashew dijo...

Stereotopffer dijo...
Claro, claro, en los autobuses que paguen el doble los gordos y en los cines que paguen el doble los altos... no te jode.

Amén.

Floripondio dijo...

Sí recuerdas mal. La gorda no era Ofelia. Todos eran anónimos y decían así:

CONDUCTOR - ¡Pasen, pasen, que hay muchos asíentos libres!
VIAJERO - ¡Será en el congreso!
OTRO VIAJERO - ¡La gorda que pague doble!
SEÑORA - ¡Grosero!