sábado, 2 de julio de 2005

Pensamientos dickianos (1)

Esta mañana he estado releyendo "L'oeil de la Sybille", un libro de cuentos de Philip K. Dick que me compré cuando vivía en Francia. El libro se abre con dos extraños relatos, que no son verdaderos relatos sino pensamientos sueltos de Dick sobre ciertos temas (literatura y ciencia-ficción, básicamente) que el tipo tuvo la desfachatez de publicar. Me hacen gracia asi que voy a poner aquí algunos fragmentos curiosos que me parecen interesantes o divertidos. La traducción del francés es mía (así me entreno un poco), y los títulos de los dos relatos son "¿Será perfeccionada la bomba atómica, y, si es que sí, qué pasará con Robert Heinlein?" y "Anotaciones de madrugada de un escritor de c-f cansado". Que yo sepa no fueron publicados en castellano, asi que posiblemente sea vuestra única oportunidad de leerlos. Quizá os da igual, pero a mí también me da igual lo que penséis, asi que estamos en paz. Sin más, os dejo con el señor Dick.
"Acabo de tomar una dosis de LSD-25, y el resultado es que ciertas ideas aburridas pero insistentes han venido a instalarse en mi cabeza. Voy a exponer algunas aquí, caóticamente. Si os parecen todas falsas, mejor para vosotros. Si os parecen todas ciertas, pues también. [...]
Nadie gana realmente dinero con la buena (repito, la buena) c-f. Lo que indica, probablemente, que tiene valor artístico. Si Lorenzo de Médicis estuviera vivo, seguramente invertiría en A.E. van Vogt, no en John Updike.
La mejor novela de c-f que le leído es "Le pianiste déchaîné" [a saber si tiene título en castellano] de Kurt Vonnegut. Porque trata las verdaderas relaciones hombre-mujer (Paul Proteus y la zorra de su mujer). En ese sentido, la novela es única en el género. "Un mundo feliz" sólo da la sensación de hacerlo, "1984" es pésima en ese aspecto.
Si pudiera hacer desaparecer una novela de c-f, una que, más que ninguna otra, me haría abandonar la c-f para siempre, sería "Gulf" de Robert Heinlein. Es fascismo puro y simple, y lo que es peor, escrito de forma árida. Puaj. Heinlein ha hecho más daño a la c-f que cualquier otro escritor (salvo, quizá, George O. Smith). [...]
He empezado a leer c-f en 1941. Soy viejo.
Hay una forma exacta (y sólo una) de determinar cuándo uno se vuelve viejo. Es el momento en que las revistas de c-f que te has comprado nuevas en el kiosco en el momento de su aparición han empezado a volverse del mismo color amarillento que las que te has comprado como piezas de coleccionista en tiendas especializadas... es decir, ya antiguas. [...]
Durante quince años, todo el tiempo que llevo escribiendo c-f, jamás he visto a mi agente, y ni siquiera he hablado con él por teléfono. Me pregunto qué clase de persona es, si es que existe. Cuando llamo a su número, su secretaria me dice: "El señor Meredith no está en este momento. ¿Quiere hablar con el señor Rip Tieso?" o algún otro nombre igual de improbable. Asi que la vez siguiente ya no pregunto por el señor Meredith, sino por el señor Tieso. Entonces, la secretaria dice: "Mr. Tieso ha salido, señor, ¿quiere que le pase a Mr. Muerto?". Y así todo el tiempo.
Si supiera lo que es una alucinación, sabría lo que es la realidad. He estudiado minuciosamente el tema, y afirmo que es imposible tener una alucinación; es algo de sentido común. Los que dicen que las tuvieron probablemente mienten (yo mismo he tenido algunas).
De vez en cuando, algún vecino lo suficientemente rico como para tener un seto y que está todo el tiempo podándolo, me pregunta por qué escribo c-f. Nunca tengo respuesta. Y hay otras muchas preguntas que me hacen para las que nunca tengo respuesta. Son:
1º- ¿De dónde saca los argumentos?
2º- ¿Mete usted a gente conocida en sus historias?
3º- ¿Por qué no publica en Playboy? Los demás lo hacen. He oído que pagan bien.
4º- ¿La c-f no es esencialmente para niños?
Dejadme que explique lo que quiero decir cuando digo que no tengo respuesta. Voy a poner aquí lo que suelo responder generalmente.
Respesta nº 1: Ah, ehm, los argumentos... bueno, se pueden encontrar en cualquier parte. Quiero decir, hay un montón. Hablar aquí con usted me da una idea para un argumento. A ver, está este mutante superior humanoide, o algo así, que está obligado a esconderse porque el hombre de la calle no comprende sus metas superiores, evolucionadas... etc.
Respuesta nº 2: No.
Respuesta nº 3: No sé. Supongo que soy un fracasado. ¿Qué otra razón podría haber? Y es una metedura de pata por su parte sacar el tema.
Respuesta nº 4: No, la c-f no es para chavales. O igual sí, no sé quién la lee. Hay unos 150000 lectores, no es gran cosa. E incluso si les gusta a los críos... ¿qué importa?
Podéis ver hasta qué punto estas respuestas son flojas. Y tuve 15 años para pensar otras mejores. Está claro que no las encontraré nunca. [...]
La soledad es la gran maldición que amenaza al escritor. Hace algún tiempo, escribí 12 novelas seguidas, además de 14 cuentos para revistas. Lo hice por soledad, para mí era una manera de comunicarme. Al final la soledad se volvió demasiado grande y dejé de escribir; dejé a mi mujer de entonces y a mis hijos de entonces para hacer un gran viaje. El gran viaje acabó en la región de la Bahía, y por un tiempo dejé de estar solo. Luego la soledad volvió, una noche, tarde. Ahora sé que no se irá nunca. Es mi paga por veintitrés novelas y cien cuentos. No es culpa de nadie. Es sólo que las cosas son así.

En 15 años como escritor profesional, no he mejorado ni una pizca. Mi primer cuento, “Roog”, es tan bueno (o mejor) que los cinco que hice el mes pasado. Me parece raro, porque en estos años he aprendido unas cuantas cosas sobre escribir… y desde luego mis reservas de sabiduría temporal se han acrecentado. Quizá es que sólo hay un cierto número de ideas originales en cada individuo; las explotas y luego se acabó. Como un viejo jugador de béisbol que ya no tiene nada que ofrecer. Al menos diré una cosa en favor de mi obra, que espero que sea cierta: soy original (salvo cuando copio mi propio trabajo anterior). No escribo “como Cyril Kornbluth” o “como A. E. van Vogt”. Claro que tampoco puedo culparles por mis propios fallos.

Un editor inglés me pidió que escribiera una introducción para una recopilación de cuentos mía. En este país es algún otro el que escribe esas cosas, generalmente alguien que no ha leído el libro. Me hubiera encantado empezarla con “Estos cuentos aburridos y sin interés…”, etc. Supongo que es mejor que no lo haya hecho.

Y así se desarrollan mis pensamientos.”

Y los míos también. Próximamente, más.

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